viernes, 7 de octubre de 2016

8142. ¡ABUR, ESTADO!

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡Abur, Estado!
Tía Cata (Catalina), a todo encontraba solución, aunque a veces escandalizaban sus decisiones, como cuando muy oronda dijo en una tertulia de sobremesa, que ya se habían acabado los problemas con Catita (su hija, Catalina), agraciada  jovencita de amplio criterio, nacida de faldas ligeras, con la que batalló mucho la tía, porque le llegaba a deshoras y a veces, la mañana del día siguiente. Ante tal noticia, se congratularon las otras señoras (los señores, guardaron silencio), y como alguna le preguntara qué hizo para que obedeciera, contestó tan fresca: -Le di permiso de llegar a la hora que quiera y ¡se acabaron los problemas! (¡toiiing!, onomatopeya del sonido que hacen las neuronas al brincar fuera del sitio que natura dispone). Esas no son soluciones.

Ayer el panista senador Jorge Luis Preciado (‘señor Preciado, señor Preciado’), presentó una iniciativa de reformas al artículo 10 constitucional y a la  Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, para que todo residente en el territorio nacional mayor de 18 años, pueda “tener armas en su trabajo, en los servicios de autotransportes, así como en sus traslados en automóvil” (excepto las reservadas para el uso exclusivo del Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Guardia Nacional; incluye tanques de guerra y cañones). Dijo don Preciado: “(…) cuando un asaltante, que a mano armada despoja a sus víctimas inermes en el Periférico, sepa que el automovilista podrá responder sus amenazas con otra arma que los coloque en igualdad de circunstancias, tendrá que pensar si lo hace (…)”; pues sí… la película se llamó: ‘Duelo en el Periférico’.

Don Preciado, afamado político colimense, clientazo del ‘youtube’, fallido aspirante a gobernar su estado, aclaró: “El país está inundado de armas y son los delincuentes los que tienen acceso a ellas, además de quien puede pagar seguridad privada tiene equipos de protección armados, y los ciudadanos en general no pueden poseer armas para su legítima defensa”. Pues no… la película se llamó: ‘Todos armados o todos rabones’.

¡Caramba, don Preciado!, eso le pasa por fiestero: la Ley como está, permite tener y portar armas y portar en este caso significa lo que significa: tener y llevar consigo o sobre sí. Cuando un tenochca simplex recibe su permiso de portación de armas, puede portarla en su coche, caminando por la banqueta, en la combi,  en el baño, en la oficina (como la Vitacilina). Portar es portar. Y lo que la Ley permite tener, en cuanto a calibres y características, créanos señor Preciado, alcanza muy bien para enfriar a un delincuente, agresor, perro rabioso o para bajarle la borrachera a un bravucón (aunque sea colimense).

Otra cosa será cuando sepamos si la iniciativa de don Preciado, dice que se aflojen los trámites para tener y portar armas, porque los requisitos para comprar una arma y tenerla en su casa son bastante sencillos de cumplir, pero para que le den permiso de ir al Oxxo con una calibre 38 al cinto, es otra cosa, no tan fácil de conseguir.

Un detalle más, apreciado señor: en todo el país hay solamente una única tienda legal donde puede uno ir a comprar rifle o pistola (y calibres de respetar… va usted a creer), una sola, administrada por la Dirección de Comercialización de Armas y Municiones de la Secretaría de la Defensa Nacional, dentro de una zona militar y con prohibición de anunciarse (ni letrero tiene).

Si la intención de su iniciativa es que el Senado modifique la Ley para que andemos como en el Viejo Oeste, habría que autorizar armerías (ya está oyendo el del teclado, el sonido de un Soriana: “pistola semiautomática calibre 38, tres mil pesos; escopetas, todo calibre, 6,500… clubes de cacería y tiro, oferta especial por Julio Regalado: nueve rifles de un calibre no mayor a .30 por 15 mil pesos a 24 meses sin intereses”).

Interesante es que siendo una sola tienda legal para todo el país (escondida), entre 2009 y 2014, vendió 52,147 armas, y 10,115 sólo en 2015 (según la agencia ‘Associated Press’).

El señor Preciado, al presentar su iniciativa de reformas a la Constitución y la Ley, dijo: “El derecho a poseer y portar armas tiene su antecedente en la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos de América, cuyo texto dispone que siendo necesaria una milicia bien ordenada, para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”.

¡Señor Preciado, señor Preciado!: la Constitución de acá es la de los Estados Unidos Mexicanos, no se nos ande confundiendo (sí estamos en América, no hay duda, pero ellos son ellos y nosotros, nosotros; allá es allá y acá es acá). Es un acto un poquitín impúdico, políticamente hablando, argumentar una reforma a nuestras leyes, citando la Constitución yanqui. ¡No friegue señor Preciado!

Don Preciado parece que tampoco se puso a pensar que con su idea, los delincuentes no van a tener ni que esconder sus armas, pues dirán que la traen para defenderse, aunque vayan a un asalto que tienen comprometido con un compadre que anda corto para terminar la quincena.

Lo lógico sería que estuvieran buscando la manera de impedir el contrabando de armas al país, y eliminar los sitios de venta ilegal, que todo el país sabe dónde están (en Tepito le rentan armas: va, asalta, mata o secuestra y la devuelve, para no perder el ‘importe’).

Este senador no es un pelagatos, es Presidente de la Comisión de Federalismo, Secretario de la Comisión de Marina, Integrante de la Comisión de Fomento Económico e Integrante de la Comisión de Relaciones Exteriores (Europa). Algo pasa en el PAN, no es sólo don Preciado, es también el Niño Anaya… ¿Qué sigue, candidato a qué lo van a hacer?

Es una obscenidad proponer que nos armemos y defendamos a tiros, cuando es la primera y principal obligación del gobierno darnos seguridad y protección. Si están en ese plan en el Senado, entonces hay que proponerles que dejemos de pagar impuestos, total, organizamos un fideicomiso y administramos nuestro dinero; nomás que entonces sí: ¡Abur, Estado!

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