miércoles, 12 de octubre de 2016

8152. HAITÍ, DEVASTACIÓN E INDIFERENCIA.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Haití, devastación e indiferencia.

 La mayoría de los hombres emplean la mitad de su vida en hacer miserable la otra.
Jean de la Bruyere.
(1645-1696) Escritor francés.

Un millón y medio de ahitianos requieren ayuda humanitaria, el huracán Matthew dejó más de mil muertos, 20 mil viviendas destruidas y más de 15 mil 600 damnificados, de acuerdo a la Organización de Naciones Unidas (ONU). Más de 300 escuelas resultaron fuertemente dañadas, las cosechas se perdieron y no hay comida ni agua potable. Haití es uno de los países más pobres del planeta y más golpeados por la naturaleza. La indiferencia internacional refleja los intereses de los magnates del planeta que concentran la mayor parte de la riqueza. El 1% de la población, los súper ricos, no reaccionan a los problemas del pueblo ahitiano que se encuentra una vez más en problemas. 

Dicen las notas de prensa que pueblos enteros quedaron reducidos a escombros, por si no fuera suficiente con la fuerza de la naturaleza, se atribuyen a la furia divina los males del pueblo de Haití a quienes se considera seguidores de prácticas de brujería. La realidad es que la ignorancia y la enajenación son los males que aquejan a los pueblos del planeta, y el pueblo de Haití tiene en esos males a sus principales enemigos.

La ONU llamó a los países del planeta a reunir 120 millones de dólares para ayudar al pueblo caribeño, es una suma insignificante para los súper ricos y para los países industrializados que ganan millones de dólares. Sólo Estados Unidos gastó en 2012  682,000 millones de dólares.

La diferencia entre las necesidades apremiantes de Haití y el gasto de los países industrializados en armamento refleja el egoísmo prevaleciente; la realidad nos muestra el verdadero papel de la ONU, incapaz de responder a las necesidades más urgentes de un pueblo en desgracia. Lo mismo que ocurre a nivel interno en la mayor parte de los países, la desigualdad creciente en la mayor parte de las sociedades, pasa a nivel global, el egoísmo a nivel global es parte del sistema neoliberal: no hay entre los países solidaridad, sólo intereses cada vez más egoístas.

El éxodo de ahitianos nos alcanzó porque en la frontera miles de personas que huyen de la miseria de ese país buscan llegar a Estados Unidos, el gobierno de México ha reaccionado lentamente para apoyar a los migrantes, a quienes se les trata como si fueran ladrones. Hasta un grupo xenófobo surgió, sólo falta que entre los mexicanos de piel morena haya ku kux klanes.

Pocos son los que, como el padre Solalinde, se entregan a ayudar a los migrantes, él y las mujeres que ayudan a los viajeros que arriesgan la vida en La Bestia, las Patronas, muestran más humanidad que los políticos y potentados del planeta, que están tramando el control total de la humanidad y la despoblación, así que poco les importa lo que pase en los países miserables que sufren la corrupción de sus gobiernos, la violencia que es fruto de una sociedad desigual y para colmo, la furia de la naturaleza.

Haití nos recuerda que vivimos en un mundo en donde la cooperación, la solidaridad, no existen, sólo importa el poder y el dinero.

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