miércoles, 12 de octubre de 2016

8153. CANDILES DE LA CALLE.

Por el Sr. López
Periodista critico.
Desde Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Candiles de la calle.
Tía Tita (Isabel) era alta, vigorosa, de gran desplazamiento, un cetáceo bípedo muy activo, de gran corazón, que dedicaba su vida a labores caritativas, entre las que su preferida era la casa-hogar ‘María Magdalena’, de unas monjitas que con poco éxito -debe decirse- procuraban regresar al buen camino a señoritas que desempeñaban sus oficios en el malo (la vía pública) y recurrían a esa santa casa no tanto por propósitos de enmienda sino por borracheras de pronóstico reservado, emergencias obstétricas o diferencias laborales resueltas a navajazos. Y ahí estaba tía Tita, tardes y noches enteras, cuidando compasivamente ovejas descarriadas, hasta que un día supo que por cortesía de Isabelita, su hija, iba a ser abuela sin haber tenido el gusto -nunca- de conocer al papá. Tía Victoria (la lengua más temida de la familia, según usted ya sabe), comentó: -Bueno, eso pasa en cualquier familia, ella que siga cuidando güilas que ni conoce, Dios se lo pagará –cruel comentario, pero… primero lo primero.

Haití es el país más pobre de América. El 70% de la población de Haití vive en miseria (pero de la que duele, con un ingreso de menos de un dólar al día; sobreviven consumiendo galletas hechas de lodo, manteca vegetal y sal; así de pobres).

Haití es explotado por menos del 1% de la población y 500 personas generan el 80% de todos los impuestos que recauda el gobierno. El escritor haitiano Lyonel Trouillot, los llama “la más repugnante élite”, siempre del lado de los dictadores, opuestos a que haya industria nacional, pues controlan las importaciones. Financian grupos paramilitares y acaparan la mayor parte de la ayuda internacional que llega a Haití, que jamás llega al pueblo. Hay por ahí un foto-reportaje de la revista ‘Foreign Policy’, en que lucen su riqueza y arde el píloro de rabia; según Transparencia Internacional, es uno de los países más corruptos del mundo (puesto 158 de 167 en el reporte de 2015).

Si se lee usted la historia de Haití, aunque sea la versión más ligera, le aseguro que se le arruga el alma: es una cadena de atrocidades.

Primero colonia española y desde 1697, francesa, su colonia más rica, con enormes plantaciones de caña de azúcar y café, trabajadas con mano de obra esclava importada de África; deforestaron al país, gracias a lo que hoy es básicamente, un erial con grave escases de agua potable.

Primer país de Hispanoamérica en independizarse en 1804, bajo el liderazgo de un esclavo negro, Jean-Jacques Dessalines, quien decidió al año siguiente invadir el lado oriental de la isla (la hoy República Dominicana), y ordenó la exterminación total de la población: cerca de 10 mil dominicanos fueron ejecutados por aplastamiento o desmembramiento de bestias de carga. No se quieren nada. En 1937, Rafael Leónidas Trujillo, dictador de República Dominicana, para controlar su frontera, mandó que fuera ejecutado todo el que no pudiera pronunciar bien la palabra ‘perejil’ (los haitianos hablan francés o algún tipo de criollo, mezcla de su lengua africana original y francés): asesinaron a 800 (la ‘Matanza de Perejil’).

Cuando Haití se independizó, Francia y los Estados Unidos bloquearon al país. En 1825, Francia les reconoció la independencia a cambio del pago de 150 millones de francos (poco más de un año del producto nacional de Haití). La santa Sede se tomó 60 años en reconocerlos y Venezuela otros seis.

Ya independientes empezaron las matanzas internas en Haití, por pleitos racistas entre negros y mulatos, entre negros y negros, y todos contra los blancos.

Al inicio del siglo XX, a Haití se le iba el 80% de su presupuesto nacional en pagar su deuda. En 1914, EUA invadió Haití por orden de su presidente, Woodrow Wilson (premio Nobel de la Paz 1919), quien mandó las reservas de oro haitianas a Nueva York (al Citibank, por si le suena, hoy el Citibanamex, en México). Los yanquis se quedaron 20 años, durante los que murieron 15 mil ó 30 mil haitianos opuestos a esa invasión (no llevaron la cuenta).

Se largaron los yanquis en 1934, después de organizar su economía de modo que el 40% del producto anual fluyera a sus bancos, pero siguieron controlando a Haití por medio de las dictaduras de los esperpénticos Duvalier (Papá Doc y Baby Doc, dueños del país de 1957 a 1986), que asesinaron a no se sabe si 30 mil ó 50 mil haitianos (es que contar no vale la pena).

Siguió el despelote hasta que en 1991 por primera vez, tuvieron un presidente electo, Jean-Bertrand Aristide un exsacerdote católico, quien asumió su mandato el 7 de febrero y el 30 de septiembre de ese 1991, fue depuesto por el golpe militar del general Cédras… financiado por los EUA. Se generalizó la violencia y Haití fue invadido por los Cascos Azules de la ONU (ejército de varios países a las órdenes del que manda: los EUA).

No se aquietaba el país; los EUA en 1994 regresaron a Aristide a su cargo, después que firmó el ‘Acuerdo de Governors Island’, aceptando el plan estadounidense para Haití, no perseguir legalmente a los golpistas del ejército ni meterse con la clase dominante.

En el 2006, René Préval fue electo presidente. Tocaban elecciones en 2010, pero el terremoto del 2 de enero de ese año lo impidió (220 mil muertos; 300 mil heridos, un millón sin casa; cifras escalofriantes en un país de menos de 11 millones de habitantes). Hicieron las elecciones en 2011, hubo muchas protestas por fraude electoral y ahorita están con un Presidente interino.

Ayer, la prensa informó que el presidente Peña Nieto enviará ayuda a Haití por los inmensos destrozos que causó el huracán Matthew hace unos días. Está bien, hay que apoyar, pero que quede claro: Francia y los EUA, básicamente son los países causantes de la situación de Haití, los responsables son ellos, su masivo saqueo y complicidad con la casta dominante de Haití, no los compensan con su apoyo a cuentagotas de los últimos años.

Insisto, está bien apoyar a Haití, pero sin olvidar que acá tenemos mucha gente a la que urge ese mismo apoyo… candiles de la calle. 

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