sábado, 15 de octubre de 2016

8166. EL LENGUAJE DEL AGUA.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

El lenguaje del agua.

El sabio no enseña con palabras, sino con actos.
Lao-tsé (570 a.C.- 490 a.C).
Filósofo chino.


Apenas se había metido el sol tras las montañas. El sonido del agua al deslizarse suavemente entre las rocas es como un murmullo que nos guía hacia un claro en el bosque. Una pequeña cascada nos recibió y la música del agua se hizo más transparente en nuestros oídos, en el atardecer el cuerpo del agua irradia un halo de energía que brilla en las penumbras. Es hermoso ver caer el agua. Durante algunos minutos el viejo y yo nos quedamos como embrujados por el poder del agua. Bebimos directamente del manantial, llenamos los guajes, nos bañamos y lavamos nuestras ropas.

Recogimos leña para la noche y preparamos una fogata rodeada de varias piedras. Tendimos nuestras cobijas y nos dispusimos a descansar pero antes lavamos nuestros cuerpos y ropas. El viejo me compartió media naranja. Sus ojos brillaban intensamente al reflejarse en ellos las llamas de la hoguera. El viejo estaba cansado, la batalla de ese día con las brujas lo había dejado exhausto, en cuanto puso la cabeza sobre su morral se quedó profundamente dormido.

Yo también me acosté. Completamente relajado, miraba las estrellas inmerso en un sentimiento oceánico de unidad, paz y amor. Cuando la fogata disminuyó su intensidad, la oscuridad se hizo casi total, en ese momento las estrellas se veían perfectamente, aún las más lejanas. Me sentía tan leve que no me percaté que volaba, suavemente, ¡viajaba por el espacio, sin más límite que mis deseos! La conexión con el Todo me llenó de regocijo, entendí que el amor es la esencia de las cosas, la energía que mantiene unido al universo.

Me sentía en plenitud, me sentía unido al universo. Perdí la noción del tiempo. Retorné a la Tierra como quien vuelve a su hogar, con un renovado sentimiento de amor que daba y recibía de todos los seres vivos, las plantas, el aire y en especial, el amor por el agua me invadió. Quise sentir el palpitar del corazón de la Tierra y al acostarme para mirar las estrellas desde esa posición sentí que la Madre Tierra me abrazaba con amor maternal.

Yo estaba embelesado con el sonido del agua, cuando me concentré lo suficiente entendí que el agua me hablaba, poco a poco el lenguaje del agua se hizo más claro: eran notas musicales que se integraban a la gran sinfonía cósmica. Los astros, al girar, emanaban suaves sonidos que se unían al concierto, movimiento, tiempo, luz y sonido eran parte de la danza universal. Es verdad que el agua es vida, es luz, pero también es música, es agua viva.

Perdí la noción del tiempo y el espacio y al poco rato me quedé profundamente dormido. La respiración de todo en el entorno se hizo pausada, lenta; la vibración de las montañas, los árboles, las plantas se hizo casi imperceptible. La luz de la luna llenó el claro en el bosque donde una fogata calentaba a dos aventureros. Sólo los ruidos de los animales nocturnos se escuchaban, hasta que todo quedó quieto, silencioso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: