martes, 18 de octubre de 2016

8170. LA PAREJA Y EL TEMOR A ESCUCHARSE.

LA ECONOMÍA Y USTED

Por: Eliseo Castillo A. 
Economista analítico.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

DESDE TUS AÑOS

Hace tiempo que se hace historia,
acaso porque así es la vida,
un día inventas el cumpleaños
trampa grotesca y sospechosa,
medición insinuosa, casi perversa,
tan sólo por saber cuánto te quiero.
Mujer de sol, sombra y nostalgia,
no es de amor que me alimentas,
no será de recuerdos que te viva;
en este tu cuerpo y desde tu orilla,
el mío se sonroja y se prodiga,
si en ti penetra o te contempla,
es motivo de amor y suave encanto,
cumpliendo años o aludiendo a un santo,
la vida que me das y doy, no cumple años.

eliseo.

Sistemáticamente que abordo este tema de la pareja, no faltan comentarios encontrados tiempo después; más de un lector se manifiesta argumentando que..., bueno..., eso ya se da por sabido; pero que lo que importa es que pongamos en práctica lo que regularmente propongo.

Por ejemplo, en el tema de la capacidad de escuchar a nuestra pareja antes de tomar decisiones duras, complicadas que de alguna manera nos incluye a los dos; regularmente no hemos formado un espacio emocional de confianza para que cada uno pueda manifestar sus deseos, emociones y esperanzas tanto individuales como de pareja.

Invariablemente todos tenemos un espacio individual que no deseamos ni queremos compartir con nadie; igual tenemos una capacidad de querer y deseo de ser queridos y comprendidos de tal manera que nuestra vida sea elevada a un nivel de plenitud, que, para bien o para mal, la vida en pareja no nos ofrece.

El problema es que el egoísmo nos gana fácilmente, y en lugar de escuchar los deseos de quien comparte su tiempo y emociones con nosotros, preferimos dar por entendido que con el sólo hecho de estar con nosotros ya ha logrado sus sueños, que su vida, a partir de ese momento, continua y termina con lo que nosotros representamos, que no hay nada mejor; mucho menos más recomendable que lo que puede obtener de nuestra presencia.

Es la gran mentira que hemos montado en derredor de nosotros para justificar la vida en pareja; no aceptamos que la otra persona pueda pensar y desear algo que no sea nosotros; nos negamos a escuchar que una mujer deseé a más de un hombre, y al revés, que él pueda fijarse en otra mujer con vehemencia; con ello negamos lo evidente y lo que le da sentido a la vida cotidiana. No hay forma de evitarlo, por eso hemos aplicado el castigo ante la  incapacidad para aceptar que él o ella, mientras está  con nosotros, piensa, desea a alguien más.

¡Pero cómo te atreves a pensar en alguien más..., si me tienes a mí...!
Argumento estúpidamente para ignorantes y enfermos de celos. 
¿De qué cree usted que se alimenta el mercado de la publicidad?
¿De qué vive la televisión y las revistas del corazón...?
¿Qué cree que mantiene con vida los bares y cantinas?

Es el deseo de lo que no se tiene lo que hace que el mercado de las esperanzas se mueva; por eso hay tanto éxito en las telenovelas..., en ellas se reflejan los sueños de millones de mujeres, que queriendo confesarlos, no tienen a una pareja para decirles, "que pueden seguir queriéndoles, pero también quieren y desean al tipo de la telenovela del momento". Por desgracia la mayoría de las mujeres saben que si se atreven a decir en voz alta lo que desean, su "macho" les da de bofetadas en el mejor de los casos. Tal es la penosa realidad donde se vive un simulacro de relaciones de parejas "bien avenidas", donde se vive un mundo de simulaciones; en que el señor llega mareado o a "medios chiles", pero no confiesa que se la pasó en el bar deseando y tratando de llevarse a la cama a alguien más, que evidentemente no es su pareja. Pero lo más penoso de esto es que regularmente, no logró su meta, sueño o deseo por algunas razones simples: falta de dinero suficiente, o haber sido rechazado. 

Pero a nuestra pareja solo le diremos que nos quedamos en el camino con algunos conocidos y nos tomamos una cerveza.

Hoy, querámoslo o no, hombres y mujeres, nos la pasamos engañándonos para negar lo evidente; invariablemente deseamos algo más que lo que tenemos en nuestra vida de pareja; no es cierto que después de mi no hay otro hombre o mujer capaz de despertar deseo, sueño o pasión por mi pareja... ¡mentira...!

Para mi es complicado aceptar que mi pareja piensa, desea y sueña con otro u otros hombres que ni se parecen ni son como yo...; mi machismo me evita la capacidad de asimilar la posibilidad, y ante mi incapacidad prefiero enfrentarla con violencia, acusándola de traidora...; después de todo así me enseñaron desde niño: el hombre manda, y la mujer obedece; y si ella desea a otra persona, tenemos la autoridad física, que no moral para castigarle. Para mi es más fácil lastimar a mi pareja que entenderla, escucharla, y aceptar que bajo ninguna circunstancia dejó de ser persona individual el día que negoció conmigo una relación de pareja. Lo malo es que esta parte aun no nos la enseñan; la de escuchar y respetar a nuestra pareja mas allá de nuestra enferma conducta.

Claro, en la mujer sucede algo parecido..., se le ha educado para pensar que el hombre que le acompaña tiene tanto poder que le puede levantar la voz y la mano en cualquier momento; por eso sus sueños y deseos son complicados de manifestar; pero es imposible que deje de desear, soñar y esperar que algunos de ellos se la materialicen; su gran problema es que con el sistema de pareja occidental la sitúa en franca desventaja social.

Al final la pareja se forma de dos personas que juegan a negarse el derecho a escucharse plenamente; nos lo hemos negado, y hemos fomentado el juego perverso de fingir hasta que queremos mucho a alguien, mientras en nuestro deseo está la esperanza de decir lo que realmente queremos... pero no tenemos quien nos escuche sin reprocharnos y castigarnos...

No sabemos escucharnos porque nos da miedo saber que no somos lo que nos hemos imaginado ante y para la otra persona. Somos un par que no aceptamos que el otro tiene algo que decir fuera de nosotros mismos; vivimos con miedo la relación. Por eso callamos y seguimos fingiendo.


Un abrazo y hasta luego.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: