miércoles, 19 de octubre de 2016

8178. CUENTOS TRICOLORES.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Cuentos tricolores.
Durante años, varios señores de la familia materno toluqueña de este menda, con algunos de sus amigos, se iban de caza a las montañas durante días y a veces, semanas. Regresaban cada vez muy contentos y cada vez, más amigos. Todo iba bien hasta que -luego nadie pudo  recordar de quién fue la idea o si fue de varios-, invitaron a las esposas a una cacería de fin de semana y regresaron todos peleados. Si fue cierto que una de las señoras fue sorprendida manipulando el arma amistosa de uno de los cazadores; si fue cierto que uno de ellos usó su arma para menester del todo ajeno a conseguir una pieza de caza… por lo que sea, pero a su regreso, aquello fue un festival de murmuraciones y calumnias. Por poco no se mataron entre todos (y todas).

Algo está pasando en este país. Antes, el problema era que nunca sabíamos nada de los políticos ni de la política; a lo más que se aspiraba era a tener un buen chisme, pero todo eran rumores y misterios, lo que nos hizo a los de aquella era del pricámbrico clásico, especialistas en la prestigiada lectura entrelíneas de entonces y la interpretación de gestos presidenciales. En cambio ahora, la política nacional aparenta ser un concurso de desnudistas. Nada más ayer salieron estas notas de prensa:

El presidente del PAN, Ricardo Anaya, declara que el PRI actúa contra Duarte porque ya no lo necesita; Ochoa Reza, líder del PRI, dice que desea que las autoridades federales investiguen a Duarte (exgobernador de Veracruz), pero también a Miguel Ángel Yunes (gobernador electo de Veracruz); el gobernador interino de Veracruz, Flavino Ríos Alvarado niega haber proporcionado a Duarte una aeronave para su huida. Mientras, se desconoce el paradero de los exgobernadores con orden de aprehensión; y el gobernador electo de Veracruz, don Yunes, con averiguación previa abierta en la PGR. Chulada.

Con todo eso en el fogón, cualquiera pensaría que la impunidad en este país se evapora, que por fin se ha rasgado el tupido velo con que cubren sus vergüenzas los del gran poder. Veremos (o no).

Y lo más seguro es que no… disculpe el pesimismo, pero no es tan fácil esperar el suicidio colectivo de nuestra clase política. Abona este escepticismo el intempestivo retorno del chino Zhenli Ye Gon, ya en manos de la autoridad federal priísta.

Antes: declara solemnemente el del teclado, bajo protesta de decir verdad, que no tiene  una gota de sangre china, ni ha tratado a don Ye Gon… pero parece  que lo del chino es una cochinada.

Allá en los EUA, donde cayó preso don Ye y estaba en juicio, de repente, en junio de 2009 (tiempos de don Calderón), la fiscalía retiró los cargos de narcotráfico que durante un año trató de probarle a don Ye.

El juez federal del Distrito de Columbia Emmet Sullivan, echando lumbre por los ojos, dijo en la Corte: “No estoy complacido con nada de lo que he escuchado de parte del Gobierno de Estados Unidos”.

El fiscal federal Paul Laymon, que llevaba el caso y se echó un año pidiendo al juez que lo mantuviera preso porque estaban juntando pruebas, alegó que tenía “razones abrumadoras” para retirar los cargos (sí que las tenía, entre otras, que los testigos de la PGR se echaron para atrás). Enchiladísimo, el juez Sullivan anuló el caso del chino expiatorio y dijo:

“Esto es un asunto muy serio, este hombre ha sido esencialmente privado de su libertad, alguien en el Departamento de Justicia tendrá que encontrar una mejor respuesta a la razón del cambio de decisión”, y ordenó investigar a la Fiscalía para determinar los “errores o posibles mentiras que usaron para fincar cargos inexistentes”… claro que el chino Ye, no salió libre: la PGR de don Calderón, solicitó su extradición (para juzgarlo de lo que en los EUA salió inocente).

En septiembre del año pasado, en la cárcel en los EUA, don Ye dio una larga entrevista a Univisión (investigación de Mónica Cruz  y Gerardo Reyes, del programa de Periodismo de Investigación de la Universidad Berkeley, California), en la que entre otras cosas, dijo que fue “falsamente acusado’” de narcotráfico para encubrir una ‘persecución políticamente motivada -del PAN- en medio de un absoluto desorden de la corrupta política partidista mexicana’” (chino calumniador, de veras, luego se queja).

Recuerde que don Ye era dueño de una gran fábrica de medicamentos, la Unimed Pharmed Chem en México, pero la policía adivinó que tenía dinero en su casa, la allanaron y encontraron 205 millones de dólares en efectivo. Ahí empezó esto.

Luego, a alguien se le ocurrió preguntar dónde estaba físicamente el dinero incautado. El gobierno primero dijo que en Banjército de donde lo mandaron a la Reserva Federal de los EUA -¡imagínese!-, luego que en Bank of America; y luego que no, que estaba en el Banco de México.

Sucede que se debió conservar físicamente para no perder la evidencia (números de serie de los billetes y las fajillas de papel que identifican de qué banco salieron). Según el editorial de La Jornada (7 de julio de 2007), el entonces procurador fiscal de la Federación, Luis Mancera, dijo: “(…) ‘el papel billete físico, probablemente ya esté desperdigado alrededor de distintos lugares de la geografía mundial’, situación que favorece a la defensa de Ye Gon: sin los números de serie, no hay pruebas físicas, por lo que buena parte de los cargos en su contra se caen”.

A lo mejor le parece interesante esto que también dijo don Ye en esa entrevista con Univisión: “(…) recibí una carta recientemente. La carta decía: el gobierno de Estados Unidos no te ayudará. Tu abogado no te ayudará. Solo nosotros podemos ayudarte. Pero tienes que seguir nuestras instrucciones. Si no sigues nuestras instrucciones te quedarás en la cárcel para siempre. Tú no sabes dónde estará tu futuro”.

El caballerito ya está en México, nomás que el gobierno federal ya no es del PAN y la PGR, tampoco. Si de repente nota usted que amaina la tempestad de mierda, no lo dude: don Ye fue el contraveneno, porque si hay cuentos chinos, son mejores los cuentos tricolores.

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