viernes, 21 de octubre de 2016

8186. PLANTAS DE PODER.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Plantas de poder.

La conciencia es la presencia de Dios en el hombre.
Víctor Hugo. (1802-1885)
Novelista francés.


Desperté al sentir la mano del viejo que me movía. “Despierta, vamos a caminar”, todavía medio dormido me levanté para seguir al viejo, “¿A dónde vamos?”, le pregunté, pero el viejo ya se había puesto en marcha. Todavía estaba oscuro pero la luz de la luna iluminaba la noche y hacía que los seres vivos irradiaran una luz especial. “Vamos a cosechar algunas plantas de poder”, dijo el viejo que cargaba un saco colmado de plantas que había clasificado cuidadosamente, “pero todavía es de noche”, me atreví a protestar. “Es el momento justo, la mitad de la noche, cuando la luna está en su cénit es el momento ideal para cosechar algunas plantas de poder”.

Caminamos un buen rato cuesta arriba, al llegar a un claro en el bosque el viejo dejó a un lado sus cosas, “Ayúdame a recoger leña, pero primero trae tres piedras redondas y de buen tamaño, no te alejes mucho.”. Colocó las piedras en forma específica, como formando un triángulo y encendió la leña para hacer fuego. Cuando la fogata estuvo lista el viejo sacó del morral un manto bordado con figuras que representaban la generosidad de la madre Tierra,  colocó el manto en el extremo oriente de la fogata y sobre el manto colocó las flores, plantas, frutas, granos, y unas piezas de pan,  la ofrenda estaba lista. Después preparó una pipa con plantas de poder, especialmente peyote seco, encendió la pipa y me la ofreció; los dos fumamos.

Cuando estuvo todo listo el viejo con fuerte voz dijo: “Apu, Espíritu de la Montaña, te agradecemos tu protección, Pachamama, madre Tierra, fuente de vida, materialización extraordinaria del Gran Espíritu, te damos gracias por tu generosidad. De la Tierra está formado el hombre, su corazón y todos sus órganos principales, el agua es la sangre de la Tierra y es la energía que nos hace vivir”.

El viejo comenzó a danzar alrededor del fuego, al mismo tiempo comenzó a cantar en un idioma desconocido. Yo lo seguí y así danzamos alrededor del fuego agradeciendo a la Madre Tierra su generosidad. De mis labios salieron cánticos en lenguas desconocidas. Al rato comencé a sudar, el ritmo de la danza se aceleró hasta que paramos y el viejo se sentó frente al fuego, entregando a la Tierra los frutos y semillas. El ritual siguió y de pronto ví al viejo transfigurado. Parecía levitar y tenía el pelo y la barba crecida, tenía un báculo en su mano derecha y me miraba con afecto. Alrededor del viejo volaba un águila, parecía ser parte del viejo o al menos eso pensé en un momento de lucidez.

“Ven, vamos. Es hora de trabajar”, dijo el viejo, lo seguí y a la luz de la luna me fue mostrando cómo cosechar las plantas de poder. Primero saludaba a las plantas y les pedía permiso para cortarlas, luego las llevaba a sus labios y las besaba, todo con profundo respeto. Los nombres de las plantas no los memoricé, fue un recorrido que terminó después del amanecer.

“Hay plantas de poder que se cosechan al salir el sol, otras a medianoche, son los momentos adecuados para cosechar las plantas de poder. Algunas son tan poderosas que pueden provocar la muerte, por eso es importante agradecer y pedir el apoyo del Gran Espíritu antes de usar las plantas, pero también es importante saber cuándo, cómo y en qué cantidad. El poder de las plantas es el Poder de la Madre Tierra, pero se enfrenta a poderes perversos que tratan de utilizar el poder para sus fines egoístas, los oscuros quieren que la sabiduría ancestral sea olvidada por el pueblo para convertirlos en esclavos, preservar el conocimiento es la misión de los curanderos, de los guerreros de la luz, de los guerreros del Espíritu ¿Te gustaría aprender ese conocimiento?”.

La pregunta del viejo me sorprendió. Miré el sol que se levantaba lentamente, el viejo había recuperado su aspecto natural, internamente repetí la pregunta: “¿Me gustaría aprender?”.

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