viernes, 21 de octubre de 2016

8188. ‘EL MOCHE ES PRIMERO’.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

‘El moche es primero’.
Tía Mary sabía que su marido, tío Melchor, la engañaba. Tío Melchor, sabía que su esposa, tía Mary, lo engañaba; y los dos sabían que sabían. Igual los dos estaban muy al tanto que Mary, su hija mayor, era de cascos ligeros (y faldas y las demás prendas: una gran güila les salió), a pesar de lo cual, en todo le daban gusto; tenían aparte, dos hijos hombres que hacían la vista gorda de todo ese desgarriate. Incomprensible vida llevaban, hasta que se enteraba uno que Mary hija, siendo bebita, había heredado la brutal fortuna de un tío de su papá, usurero de altos vuelos (banquero), viudo sin hijos que en su testamento nombró administrador a tío Melchor, hasta que la nena cumpliera 25 años de edad, gracias a lo cual, él y la tía se daban la gran vida; pero había una condición: que no se divorciaran (el difunto usurero era muy católico, eso sí), en cuyo caso toda su fortuna pasaba a ser administrada por el mismo banco que en vida tuvo (no le doy tips porque le atina fácil, fue uno de los bancos muy conocidos del país). Resultado: por interés, todos se aguantaban. En la familia eran mal vistos y muy poco tratados. La abuela Elena decía que una caja de oro rellena de mierda, seguía siendo una caja de mierda. Cierto.

En la página 10 de la edición de ayer de La Jornada, se consigna que “la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, negociaron ayer una bolsa adicional de 50 mil millones de pesos en la Ley de Ingresos 2017 (…) El subsecretario de Ingresos, Miguel Messmacher, encabezó la negociación con las bancadas en el área llamada ‘Los Cristales’ para cuadrar las cifras en el dictamen y poder presentarlo en la sesión de hoy de la Cámara (…) la demanda de los diputados a la SHCP de destinar más recursos al ramo 23 (…) frenó durante horas la aprobación de la miscelánea fiscal y la Ley de Ingresos en la Comisión de Hacienda”.

Dirá usted: ¿y qué?... bueno, lo que sucede es que del ramo 23 es de donde sacan dinero los diputados federales para asignarlo directamente a los municipios (asignaciones motivo del famoso escándalo de los ‘moches’, de los que hay quienes dicen que son del 10% y quienes aseguran que hasta del 30%).

El ramo 23 se llama ‘Provisiones Salariales y Económicas’; de los 50 mil millones aprobados para el próximo año en ese ramo, 40 mil millones son para cosas muy decentitas como el Fondo para la Prevención de Desastres Naturales; programas de desarrollo regional; Fondo de Modernización de los Municipios; Fondo de Apoyo para el Desarrollo Rural Sustentable y otros, pero 10 mil millones de pesos (10 mil millones de pesos, no se me distraiga), son para que los ciudadanos diputados los repartan discrecionalmente a los municipios.

Pareciera que si son 500 diputados, les tocan 20 millones por cabeza, pero no es exactamente así porque algunos diputados, chismosos, dicen que la realidad es que el dinero lo reciben los coordinadores de cada ‘fracción parlamentaria’, por lo que el jefe de los diputados del PRI recibirá 4,140 millones de pesos (mp), pues su partido tiene 207 curules; el del PAN (110 diputados), 2,200 mp; el del PRD, 1,200 mp (60 diputados); los Verdes, 840 mp (42 curules)… y así los demás, cada vez menos hasta completar los 10 mil millones de pesos, que van a asignar religiosamente a obras municipales (básicamente pavimentaciones, infraestructura deportiva y actividades culturales… ¡oh, sí!).

La mecánica de entrega del dinero es que los diputados lo mandan a los gobiernos de cada estado y de ahí se los dan a los alcaldes. Suena bien. Son recursos que se pueden auditar por parte de la Auditoría Superior de la Federación. Sigue sonando bien.

Pero (nunca falta el pelo en la sopa): en la cosa pública nada puede hacer ningún funcionario si no está facultado expresamente para ello en la ley y resulta que los ciudadanos diputados en ninguna parte de la Constitución tienen facultades para jugar a que son secretarios de Hacienda, ni para andar repartiendo discrecionalmente recursos públicos: ni en el artículo 73 que habla de las facultades del Congreso (senadores y diputados); ni en el 74, que señala las facultades de la Cámara de Diputados; ni en el 75, en que se habla precisamente de lo que pueden hacer los diputados respecto del Presupuesto de Egresos del país.

Si lo de los ‘moches’ que algunos maledicentes dicen que piden los ciudadanos diputados es mentira (como seguramente usted piensa, porque sería inconcebible en un tribuno tenochca semejante atrevimiento, qué digo atrevimiento: bajeza); pero aún si asignan con absoluta honestidad cada peso, sigue siendo ilegal.

En esta ocasión los diputados no  aprobaban la miscelánea fiscal y la Ley de Ingresos en la Comisión de Hacienda de su Cámara, hasta que no modificara la Secretaría de Hacienda el monto que había presupuestado para el ramo 23 (8 mil millones de pesos para los diputados, 16 millones por cabeza); y para conseguirlo, don Messmacher inventó recursos, modificando el importe de ingresos petroleros y suponiendo mayor ‘eficiencia recaudatoria’. Ya cuadradas las cifras, les asignó sus 20 millones de pesos por cráneo y ¡aleluya!, se aprobó la iniciativa. En otros lugares eso se llama extorsión.

Según se ve a los ciudadanos diputados el recorte al gasto público del próximo año, que pregonan como indispensable el Presidente de la república y la Secretaría de Hacienda, les viene guango. Igual que se abanican con el informe sobre el resultado de la ‘Encuesta sobre confianza en las instituciones’ del año pasado, hecha por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública, que depende de ellos mismos, en el que el 73% de los ciudadanos dicen desconfiar de la Cámara de Diputados, casi empatados con las televisoras, los sindicatos y los partidos políticos. O sea: ellos mismos se califican reprobados, pero no les importa.

Ya podían ser sinceros y cambiar el lema de ‘La Patria es Primero’, por el que los mueve hasta el sacrificio: ‘El moche es primero’.

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