martes, 25 de octubre de 2016

8200. LOS MISMOS CHISTES.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Los mismos chistes.
Isabel, una de las tías abuelas del lado toluqueño del berenjenal genealógico de este menda, se casó con un gallego recién bajado del barco, qué trabajaba como mulo y pensaba como burro. Cuando murió, dejó una fortuna muy gorda aparte del negocio, una vidriería, que producía dinero a carretadas. Heredó su casa y su dinero, todo, para la tía, pero el negocio, no, ese, a partes iguales, para sus siete hijos (tres mujeres y cuatro hombres), y un hermano de él que trajo de su tierra a trabajar, aparte de ocho empleados que lo merecían por trabajadores y leales, según puso en su testamento. Todos a partes iguales, 16 dueños en dos equipos, el de los ocho familiares y el de los ocho empleados, enfrentados y recelando unos de otros. Entre pleitos y desconfianzas, después de probar varias maneras de manejar el negocio -y cuidarse las manos-, en pocos años quebraron. La tía nomás por cuidar el nombre de su difunto se gastó un dineral en pagar deudas. Triste.

Uno de los que conocen a detalle los entresijos de la política en México, es Manlio Fabio Beltrones, que sí sabe de esto del albañal. En la portada de la edición de ayer de ‘La Jornada’ aparece su foto con el siguiente cabezal: ‘Beltrones: el sistema político, agotado’ y en la página 10 aparece la entrevista que consiguió Arturo Cano. En resumen, según don Beltrones, el sistema político mexicano ya no funciona porque ya no hay partido hegemónico (se refiere al decir ‘sistema’, al pricámbrico clásico; y por ‘partido hegemónico’, al PRI, partido desaparecido según consta en el acta de defunción expedida en su Asamblea Nacional de marzo de 2013 -a los cuatro meses escasos de la era peñanietista de México, S.A. de R.L.-, cuando cambiaron sus Estatutos y Programa de Acción, lo suficiente como para ser otro partido, aunque conserve el nombre).

A más de sostener Beltrones que el sistema político está agotado, dijo que no hay gobernabilidad por la ‘fragmentación en partidos’, y propone formar a partir de 2018, gobiernos de coalición, si ningún candidato presidencial obtiene el 42% de la votación, cosa que se antoja casi imposible a la vista de las últimas tres elecciones:

Peña Nieto se trepó con el 38.21% de votos emitidos, pero con el 24.12% del padrón electoral, o sea: casi el 76% de los ciudadanos no votó por él.

Don Calderón se aposentó en La Silla con el 35.89% de los votos emitidos, equivalentes al 21% del padrón de electores: no votó por él casi 80% de la ciudadanía.

Y don Fox, que sí alcanzó el 42.52% de los votos emitidos, se instaló en Los Pinos con el voto del 27.21% de los tenochcas con credencial de elector.

Claro, el afamado Manlio, habló del 42% de votos, pero eso ya de entrada, es jugar con trampa, porque si de gobernabilidad hablamos, debería ser inaceptable que se llegue a la presidencia de la república con la aprobación de tan escuálida cantidad de ciudadanos (24, 21 y 27 por ciento, respectivamente esos últimos tres); nomás imagine un imposible: que en una elección votara solamente un ciudadano; entonces, el ganador tendría el 100% de votos emitidos -el voto del que votó por sí mismo- ¿ese 100% sí le daría gobernabilidad?

En cuanto a recetar gobiernos de coalición al batidero de la política mexicana, es igual que un Reglamento para Pleitos y Zafarranchos, en una cantina de mala muerte. Haciendo semiparlamentario nuestro gobierno, no se endereza lo que tuercen a su gusto nuestras élites políticas, ahora asociadas con intereses muy alejados de la búsqueda del bien común, del respeto y aplicación de la ley.     

Y lo mismo rifa para la iniciativa de ley presentada en el Senado, en noviembre pasado, de parte de algunos panistas como el nene Anaya y la señora Margarita Zavala, para que haya  segunda vuelta electoral, de modo que quien llegue a la presidencia, tenga siempre más de la mitad de los votos (a la segunda vuelta nomás entrarían los dos candidatos con más votos de la primera tanda), lo que por un lado, es hacer mayorías artificiales y por el otro (el mexicano), es ponerle reglas a una mesa de tahúres.

El ‘sistema político mexicano’, no existe, nunca ha existido, si por política entendemos el conjunto de actividades que buscan conseguir y ejercer los poderes públicos para el bien común, aplicando siempre a todos las mismas leyes. Y eso realmente, jamás lo hemos tenido en nuestro país. Hemos tenido intermitentemente, la intención de hacerlo, pero no ha sido nuestra realidad cotidiana nunca.

En el siglo XIX, tuvimos elecciones indirectas (sospechosamente igual que el estilo yanqui actual), y hacía trampa el que quería, sin muchas complicaciones, aparte: generalotes impuestos a balazos, dictadores, y un soñador (Francisco I. Madero); luego, en el siglo XX, un régimen de partido único en el que al principio a quien se salía del huacal lo mataban sin mayores escrúpulos y luego ya menos a lo bruto, nomás le hacían trampa, lo ahogaban en propaganda y lo anulaban de la vida pública hasta desaparecerlo del panorama.

Nuestra vida política de 1929  al 2000, no fue sino variaciones sobre un mismo tema: el Porfiriato con cambio sexenal de protagonista y el gobierno -salido de un único grupo al poder que llamábamos partido-, como sola y suprema autoridad en todo. Y del 2000 para acá, es un priísmo reciclado cada vez más aguado, sin imperio de la ley y con tajadas de poder cada vez menores, repartidas entre nueve partidos.

Quienes detentan el poder, políticos y grupos de enorme poder económico, capturan y nulifican casi todo instrumento ciudadano o institucional que les pueda acotar su uso y abuso del poder: el antes IFE, hoy INE, está del todo a merced de los partidos; y el antes Tribunal Federal Electoral (TRIFE), hoy Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), órgano especializado de la Suprema Corte, es un mercado de cuotas entre los partidos.

No, don Manlio, ‘el sistema’ no está agotado, lo que está agotándose es la paciencia de la gente: siempre los mismos cómicos y siempre los mismos chistes.

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