martes, 25 de octubre de 2016

8203. TODO O NADA.

Rafael Ceja Alfaro.
Docente, escritor y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

“Allá en el cerro (En todos los cerros), hay unas cavernas (Cuevas decimos en mi pueblo) y dicen que ahí están escondidas 20 cargas de dinero, ¡Puras monedas de oro!, nomás que tienen una maldición, “Todo o nada y a su tiempo”, eso quiere decir que, si no puedes con todo, el oro se va a convertir en carbón, muchos lo han intentado, pero han dejado algunas monedas que están bajo alguna piedra y como no las vieron, al salir todo se convirtió en carbón; A otros se les acabo el tiempo y por salir corriendo tuvieron que dejar hasta los burros que habían metido para sacar todo el tesoro”

Recientemente me llegó un mensaje de mi amigo Fede con una versión que no conocía, pero sobre el mismo tema: “Camina por las laderas de un cerro (Otro cerro) una humilde señora llevando en sus brazos, protegido por su rebozo, un niño que lloraba de hambre (Así dice el cuento), la pobre señora mostraba en su rostro su preocupación, su angustia. Ella también tenía días sin comer. De pronto de unas grutas sale una voz cavernosa (Tal vez Grutosa) “Mujer, entra a esta caverna (Había dicho gruta) adentro encontrarás un tesoro, podrás llevarte todo lo que quieras, pero cuando la gruta empiece a cerrarse debes salir ¡Pero sin olvidar lo importante, sin olvidar lo importante, sin olvidar lo importante, porque la caverna no se volverá abrir para ti”.

¡El rostro de la señora se ilumina y con una expresión de “! Ya chin…”, perdón, “ya la hice” entra corriendo y sin trabajos se topa con el tesoro, deposita al niño en el suelo ya para entonces dormido. Corre haciendo talegas con el rebozo, con las enaguas, más, más y más. Una roca se desliza lentamente cubriendo la entrada, la mujer se da cuenta y cargando rebozo, falda y algo más en las manos sale feliz corriendo, justo en el momento en que la roca cubre totalmente la entrada.

De pronto el rostro de la mujer se ensombrece, ¡Dejó el niño adentro! …la caverna no se volverá abrir para ti…”

“La avaricia rompe el saco”. Platicando con mi Amigo El Filósofo tocamos el tema de la ambición, de hecho, nosotros le cambiamos la palabra avaricia por la de ambición. Platicábamos como se nos va la vida queriendo más. Cuando muy chavos, anhelamos un juguete y cuando llegamos a tenerlo queremos otro u otros y así vamos creciendo ambicionando tener de todo y en abundancia, llegamos a desarrollar una silenciosa competencia con los vecinos, con los amigos y hasta con la propia familia. Como en el cuento de la señora, se nos olvida lo importante y pudiera aceptar (Yo) que lo más importante es vivir. Recordando a Julio Iglesias:

“De tanto correr por la vida sin freno
Me olvidé que la vida se vive un momento
De tanto querer ser en todo el primero
Me olvidé de vivir los detalles pequeños.
Me olvidé de vivir, me olvidé de vivir”

Bueno, la canción dice más, pero tengo otras cosas que decirles:

“Hay que saber cuándo tenemos que parar de querer seguir queriendo, más y más, ya que, si no sabemos cuándo, podemos terminar perdiendo”. Las comillas indican que no es un pensamiento mío, pero me gustó. (Aclaro por aquello de los plagios)

No me gusta ser copión, también les diré que la siguiente frase no es mía, es de Antonio machado: “Sólo un necio confunde valor con precio”

Respetando el concepto de felicidad de cada persona, vemos a muchos ser felices ganando y gastando dinero, otros ganando dinero y poder, y muchos más ganando y atesorando el dinero, ambicionando poder a tal grado que se van olvidando de lo importante que es la vida propia y de quienes nos rodean.

Por si misma la vida nos va dando intermitencias, “Horas amargas, horas de miel”, nos da alegrías, penas y tristezas, nos da riqueza y nos da pobreza, claro que la riqueza que nos da debemos verla con la óptica del filósofo, “No es más rico el que tiene más, sino el que necesita menos”, si porque la riqueza de posesión ¡Ta cañón!

La riqueza del que no cuenta con bienes es más simple, así mismo su felicidad. Tal vez el cansancio de querer y no alcanzar lo ubique en un área de comodidad en sus posesiones, en su alimentación, en sus diversiones en su alegría dominical en un parque con su familia, no quiero decir con esto que se haga conformista, simplemente que: “Necesito poco y lo poco que necesito, lo necesito poco”

Regularmente vamos atesorando, llenando el saco, todo lo que podemos y solo vamos gastando los años, el tiempo en general olvidando que la vida es lo importante y que se acabará. Les contaré que en una ocasión un amigo me dijo que no veía mi provecho al dar clase, ya que es una profesión u oficio muy mal pagado, una amistad que lo oyó me dijo que nunca había visto un cortejo fúnebre seguido de los camiones de la mudanza y muy posiblemente algún alumno agradecido si decida acompañar a su profe a su última morada. O del color que sea.

Por si a alguien le interesa les diré que la palabra ambición procede del latín: Ambitio, ambitionis, que significa rodeo o merodeo, acción de ir por uno y otro lado, como acechando una presa.

Y como dijo Napoleón: el gusto de cada… no, Napoleón el que canta.

“Nada te llevarás cuando te marches
Cuando se acerque el día de tu final
Vive feliz ahora mientras puedes
Tal vez mañana no tengas tiempo
Para sentirte despertar”.

La ambición nos lleva a la avaricia y ésta absorbe nuestra mente de tal forma que nos hace olvidar nuestras propias riquezas, miren ustedes un soberbio pensamiento del Maestro Catón:

“Me propongo demandar a la revista “Fortune”, pues me hizo víctima de una omisión inexplicable. Resulta que publicó la lista de los hombres más ricos del planeta, y en esta lista no aparezco yo. Aparecen, si, el Sultán de Brunei, aparecen también los herederos de Sam Walton y TakichiroMori.

Figuran ahí también personalidades como la Reina Isabel de Inglaterra, Stavros Niarkos, y los mexicanos Carlos Slim y Emilio Azcárraga. Sin embargo, a mí no me menciona la famosa revista.

Yo soy un hombre rico, inmensamente rico. Y si no, vean ustedes: Tengo vida que recibí no sé por qué, y salud que conservo no sé cómo. Tengo familia, esposa adorable que al entregarme su vida me dio lo mejor de la mía; mis hijos maravillosos de quienes no he recibido sino felicidad; Nietos con los cuales ejerza una nueva y gozosa paternidad.

Tengo hermanos que son como mis amigos, y amigos que son como mis hermanos. Tengo gente que me ama con sinceridad a pesar de mis defectos, y a la que yo amo con sinceridad, a pesar de mis defectos.

Tengo cuatro lectores a los que cada día les doy las gracias porque bien leen lo que yo escribo mal. Tengo una casa y en ella muchos libros. Mi esposa diría que tengo muchos libros y entre ellos una casa. Tengo un perro que no se va a dormir hasta que llego, y que me recibe como si yo fuera el dueño de los cielos y la tierra.

Tengo ojos que ven y oídos que oyen; pies que caminan y manos que acarician; cerebro que piensa cosas que a otros se les habían ocurrido ya, pero que a mí no se me habían ocurrido nunca; soy dueño de la común herencia de los hombres; Alegrías para disfrutarlas y penas para hermanarme con los que sufren.

Y tengo fe en Dios que guarda para mi infinito amor.

¿Puede haber mayores riquezas que las mías? ¿Por qué entonces, no me puso la revista “Fortune” en la lista de los hombres más ricos del planeta?”.

Así nos ilustra el pensamiento del Maestro Catón. Me parece muy hermoso este pensamiento y me pregunto ¿Dónde es que perdemos el rumbo, y dónde es que nos gana la ambición y luego la avaricia, la envidia por los de arriba y luego el desprecio por los iguales y el repudio por los de más abajo?

“Todos en la vida somos caminantes, somos flor de un día”

Por hoy hasta aquí, diciéndoles en secreto que hoy lunes 24 de octubre es mi onomástico y mañana mi Caballo Bayo, mi Mustang, cumple 34 años.

¡En esta vida todo es fiesta!

Saludos muy cariñosos a todos mis Amigos y Toda mi Familia.

Rafael Ceja Alfaro

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: