miércoles, 26 de octubre de 2016

8206. SE PASAN DE VIVOS.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Se pasan de vivos.
A la tía Faustina -de las de Toluca-, los grandes le decían, ‘Fingina’ (a sus espaldas, no crea que le faltaban al respeto). La razón era que si conversaba usted con ella se quedaba con la impresión de que en su casa los problemas eran que su canario tenía calentura, que a tío Clemente -su marido-, lo mataba la reuma; que su hija mayor Tina, iba a necesitar clases particulares de matemáticas; que su hijo, Tito, había quedado segundo lugar en el campeonato de ajedrez de la prepa o ya grave la cosa, que le había caído plaga a sus rosales (tenía en su jardín rosas de pitiminí, de esas muy chiquitas). Cuando la verdad, el problema eran las calenturas de Tina, que salió tremenda; que tío Clemente tenía el hígado hecho paté por su alcoholismo crónico y Tito, aparte de jugar ajedrez, bordaba lindo y, a escondidas, tenía novio (cosas que en aquél México Bárbaro, no eran un gusto para ninguna familia). Al contrario, estaba la tía Beatriz, ‘doña Tragedias’, que hacía llorar a un sargento del Cuerpo de Granaderos, con el constante drama del Viacrucis que era su vida, que era como la de cualquiera, pero para ella una diarrea era cáncer de colon seguro; un dolor de cabeza, tumor cerebral y principio de lepra un sarpullido. Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no le alumbre…

Ayer la iglesia católica hizo público un documento (‘Ad resurgendum cum Christo’; más o menos: ‘Para resucitar con Cristo’, tampoco me haga mucho caso), del ‘Santo Oficio’, lo que todos llamamos la Inquisición y aún existe, nada más con otro nombre: ‘Congregación para la Doctrina de la Fe’ (pero es eso, la santa inquisición), en el que se prohíbe la dispersión de las cenizas de los muertos “(…) en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma (…)”. Sus razones tienen y para los que profesan esa religión y deciden hornear su fiambre, queda prohibido echar las cenizas al mar o revolverlas con abono para plantar un árbol, deben obedecer a sus jerarcas, digo, los que tienen esa religión y los que no, ni opinar podemos, total, cada quien sus ideas (y muy respetables).

Debe ser muy importante para la religión romana que sus seguidores no anden chacoteando con las cenizas de los muertos, porque hay gente que hace cosas, digamos, peculiares, como mandar a procesar las cenizas para hacer un juego de tarros cerveceros y oiga usted, tampoco… pero si los altos rangos eclesiásticos tienen tiempo como para cuidar de la dignidad de los restos calcinados -que no son el cuerpo del fiel difunto-, es extraño que no se den un ratito para instruir a sus huestes sobre otras cosas, aunque no sean tan importantes como la resurrección… un poco más terrenales.

Se me ocurre por ejemplo, que ya viene siendo tiempo de que la iglesia romana, como Estado (que aparte de religión son el Estado Vaticano), aclare su postura a favor o en contra, en asuntos que no por seculares dejan de tener algo de importancia moral. Por ejemplo, que condenen o acepten abiertamente (y si están de buenas nos expliquen), el apoyo abierto y entusiasta al régimen de Francisco Franco en España, sanguinario y feroz, que en nombre de la ‘Defensa de la Fe’, cometió atrocidades durante los largos 37 años de su dictadurísima.

Nótese que no reclama nada el del teclado sobre las barbaridades cometidas durante la Guerra Civil Española, que esas fueron de ambos bandos, no, se refiere, concretito -como decían los líderes del ’68 en las asambleas-, a su régimen, a su gobierno infame que pisoteó derechos humanos y deshizo familias durante decenios transformando una guerra ya concluida en una larga venganza implacable… y de pasadita que nos digan si nomás por monos le siguen celebrando misa diario (a la fecha) en su mausoleo, esa inmensa cripta que mandó hacer en su honor, el Valle de los Caídos, diciendo a las claras que se hacía “Con objeto de perpetuar la memoria de los que cayeron en nuestra gloriosa Cruzada”  (decreto fundacional del 1o de abril de 1940, artículo primero), o sea, en honor de los muertos de su lado, los franquistas, aunque el sitio de honor sea su lápida, en el crucero mismo de la iglesia excavada con mano de obra esclava (sobran pruebas), usando a los presos del lado derrotado. Sí, que nos comenten algo de esto.

Y si le parece a usted que eso está muy lejos, entonces que nos expliquen el apoyo abierto de las jerarquías católicas, obispos y cardenales, a las dictaduras de los militarotes y dictadores de Sudamérica (Augusto Pinochet, de Chile; Trujillo, de República Dominicana; Videla, de Argentina; y tantos más); note usted por favor que se refiere el junta palabras a las jerarquías, no a la postura oficial de la iglesia romana, que esa rara vez patina (dos mil añitos de experiencia), pero de eso se trata, de que escuchemos una franca condena del papado a los errores acumulados a lo largo de siglos, de parte de sus representantes oficiales, y una tajante prohibición de que sigan metiéndose en cosas de gobierno, un anatema a los que apoyen dictaduras, a los les hagan Te Deums a asesinos y bandoleros que se hacen con el poder.

Sí, que los católicos traten las cenizas de sus muertos como ellos dispongan, pero qué deben hacer los que ni cenizas tienen para llorar, desaparecidos sus cuerpos, tirados al mar o echados en fosas clandestinas y anónimas, por obra y gracia de los dictadores que sus jerarcas han aplaudido y respetado. ¿Esos qué?

También sería bueno que emitieran alguna instrucción o censura a algunos cardenales que se meten con herencias de viudas ricas (Onésimo Cepeda, obispo de Ecatepec y la colección de pinturas de doña Olga Azcárraga Madero… ¡ese mero!, el que dijo que a él la ley le pelaba los dientes).

Y que también se note que ni media palabra dice su texto servidor sobre los asuntos sicalípticos de algunos curitas con chamacos, porque de eso hay en todos lados y ya está más que aclarado (pero siguen sin pagar las consecuencias, eso que también quede claro).


…las cenizas de los muertos… de veras… se pasan de vivos.

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