sábado, 29 de octubre de 2016

8218. EL AMOR NUNCA MUERE.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

El amor nunca muere.

El amor está siempre delante de vosotros. Amad.
André Breton (1896-1966).
Poeta y crítico francés, líder del movimiento surrealista.


“¿Te gustaría aprender el conocimiento ancestral de los curanderos?, repitió el viejo, yo no atinaba a responder, abrumado por el impacto de la pregunta. “Tal vez quieras saber un poco más sobre el tema antes de responder”, me dijo el viejo, mientras caminábamos ágilmente por las veredas de las montañas; la habilidad del viejo me sorprendió al principio, pero después me acostumbré a verlo trepar, saltar, reptar y correr como si fuera un muchacho “pregunta y yo responderé”, pero yo no tenía preguntas, después de varios días de silencio interior, había entrado en un estado de iluminación que no necesitaba explicaciones. El viejo comprendió, sonrió y volvió al camino.

De cuando en cuando nos parábamos a beber agua, comer unos gajos de naranja o una fruta silvestre. “¿De dónde le viene tanta energía, me he estado preguntando cuántos años tiene?”, pensé,  “¿quién”, “¿yo?”, bromeó el viejo, y después explicó que el número de años acumulados no tenían importancia para él: “en realidad no recuerdo cuántos años tengo, no es algo que me importe. Si observas no uso reloj, ni hay calendarios en mi cabaña.”

“Pero, al menos recuerda dónde nació?”, pregunté. El viejo miró hacia el horizonte: “Sólo recuerdo que nací en un pueblo del sur de Arizona, del otro lado del gran Río, mejor conocido como el Río Bravo. Fue mucho antes de la primera gran guerra, mi madre es originaria de Oaxaca, pero vivía en Chihuahua, ahí conoció a mi padre; ella y mi padre regresaron a Arizona, ahí nací, en la tribu de mi padre.

Cuando tenía cinco años regresamos a Oaxaca en donde mi padre murió poco después en un accidente de carretera. Después de terminar la escuela primaria mi madre decidió que iríamos a vivir a la ciudad de México, en una colonia ubicada en las orillas de la gran ciudad, en un pueblo desde el que se veían la ciudad y los volcanes, el Popo y el Itza.”

“A fuerza de ver y escuchar a mi madre aprendí el nombre de las plantas de poder y para qué servían así como el modo de aplicar las terapias, pero yo sólo la ayudaba y me limitaba a observar. Mi madre nunca pedía dinero a las personas que acudían a recibir ayuda, algunas personas llevaban a la casa gallinas, chivos, guajolotes, maíz, frijol, “lo importante no es el dinero, ni la gallina o el guajolote, lo importante es que den gracias a Dios, amar y que sean felices, esa es la clave de la salud espiritual, emocional y física: amar y ser feliz”, les decía mi madre.

“Por las mañanas era el ayudante de mi mamá, por las tardes iba a la escuela, así fue hasta que terminé mi carrera en una escuela normal. Trabajé como maestro de primaria en una comunidad rural, al mismo tiempo que aplicaba algunas terapias a amigos y vecinos”.

“Así pasaron muchos años, hasta que encontré a mi alma gemela”, antes de ver su rostro escuché su voz y me enamoré para siempre. Ella era parte de un grupo trashumante de teatro, una gitana. Pasaron por una calle de la comunidad anunciando su espectáculo, ella cantaba una vieja canción de amor, tocaba un pandero y bailaba, yo estaba en la tienda buscando algo cuando escuché esa voz maravillosa y cristalina como el agua de un arroyo, salí a verla y cuando nuestros ojos se encontraron ella dejó de cantar, por un momento pareció olvidar la canción, me miró fijamente pero sólo fueron algunos instantes fugaces como fuegos de artificio. Fue la primera vez que experimenté el amor ”.

“Nuestro amor fue intenso, apasionado pero fugaz. Después de algunas semanas ella se fue para siempre, pero nunca dejó de amarme ni yo a ella. Ella me enseñó mejor que nadie que el poder del amor mueve al universo, que el amor nunca muere, que no conoce límites de espacio ni tiempo, es eterno.”

Por unos instantes el viejo se dejó llevar por la imaginación y vió de nuevo esos ojos que lo miraban, que lo miran,  intensamente.

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