lunes, 31 de octubre de 2016

8220. EL SANTO TEMOR DE DIOS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI
    
LA FERIA

El santo temor de Dios.       
Usted ya sabe que tía Emilia tuvo doce hijos, varones los doce, terribles de traviesos pero ni uno maldoso; peleoneros pero queridos en el barrio porque defendían a los chiquitos, fueran o no de su familia. Bueno, pues estos doce buenos salvajes eran mansos como corderitos con su mamá, que era más brava que cualquiera de ellos y como jamás se echaban de cabeza y no había modo de saber quién había hecho la travesura del día, la tía repartía palos parejo, a los doce y los doce, aguantaban. Justicia distributiva modelo Autlán. Un día, ya viejita, comentó que a ella le hubiera dolido mucho que alguna vez alguno delatara a uno de sus hermanos: -Quedito les daba, hijo, que era bueno que se quisieran y aguantaran palos ajenos –es una manera de verlo.

Ahora que abrieron la temporada de caza de ‘duartistas’ en Veracruz, informa la prensa nacional que un abogado (Alfredo Ortega López), se acusa a sí mismo de ser prestanombres de don Javiruchis Duarte. Mmm…

Ya están presas dos señoras, por ser accionistas de una empresa tras de la que supuestamente, se oculta el pavoroso hombre de Veracruz. Muy bien. Concretamente, se las acusa de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita, respecto de un rancho (precioso), ubicado en Valle de Bravo, pagado según la PGR con dinero proveniente del erario veracruzano (200 millones de pesos de las secretarías de Salud y Educación de esa entidad que sabe sufrir y cantar).

Ya un juez federal consideró suficientes las pruebas aportadas por la PGR y decretó que quedan las señoras sujetas a juicio y por ser grave gravísimo lo que hicieron, no alcanzan fianza. ‘Dura lex…’

El abogado ése se confiesa culpable de haber creado varias empresas ‘fantasma’ para ir escondiendo el dinero mal habido por don Duarte. Mmm… ok.

Pero hay varios detalles: el abogado defensor de las señoras no es tonto (Ricardo Zinser, por si le suena), primero que nada, alega que no es delito que sus clientas sean accionistas de esa empresa; que la empresa no es ‘fantasma’ porque tiene dirección (real, aunque sea una casa, o sea: existe, no es ‘fantasma’); que el rancho se compró a precio de avalúo (o sea, ni se infló ni se pagó menos); que quienes la PGR señala como cómplices de sus clientas, ellas ni los conocen, ni hay manera de PROBAR que son cómplices de ningún ilícito; y (redoble de tambores), dijo el defensor:

“El testigo presentado por la PGR, Alfredo Ortega López, es un testigo de oídas (que no le constan los hechos). Además se dice que él compareció ‘de manera voluntaria’ a la PGR en una carpeta de investigación donde mis defendidas nunca fueron citadas a declarar. Ahí hay una irregularidad”… y a esto agregó un ingrediente que sazona bien el caldo: el ‘testigo voluntario’, estaba citado por el juez y no se presentó.

Esas dos señoras se van a pasar unos meses muy amargos, pero, la PGR, con la pena, va a perder el caso.

Se lo cuento porque aparte de la quema pública de Duarte (irreparable), y de la sentencia de culpabilidad absoluta y total ya emitida por los medios de comunicación (inapelable), no va a pasar nada, como no pasó en España con Humberto Moreira al que en mayo de este año, tres jueces encontraron inocente muy a pesar de las supuestas pruebas que lo hundían y también a pesar de las acusaciones del gobierno yanqui. Probar que un gobernador robó no es tan fácil y si el gobernador es culpable pero no retrasado mental, es casi imposible.

Los que pagan los platos rotos son los que se prestan (de mil amores), a que robe el Gran Jefe de cada caso. Los gobernadores no firman nada que tenga que ver con el ejercicio directo del erario. Por más testigos que se presenten a declarar en contra de ellos, cada uno de los hablantines tiene que probar su dicho… ahora que, si el gobernador de que se trate es tontito, entonces tendrá dinero a su nombre, propiedades o empresas. Entonces sí. Pero grabaciones de conversaciones no son prueba (especialmente por ser obtenidas ilegalmente, a menos que usted piense que ellos se graban a sí mismos y entregan a la PGR las pruebas de su culpabilidad).

El castigo para esos malandrines de altos vuelos es, aparte de la quema pública, que no tiene remedio (y a veces es injusta pues el quemado es inocente… se dan casos), que no puedan usar los dineros ni propiedades mal habidas y eso sí les duele hasta el fondo del alma (dolor que empieza en el extremo inferior de sus sistemas digestivos, en la mera salidita), porque los prestanombres, campanudamente, se quedan con todo y a ver si los denuncian penalmente por ‘apropiación de lo mal habido y temporalmente bajo custodia con fines de evadir la justicia’ (delito no tipificado).

Le digo que los que pagan los platos rotos son los que de secretarios, administradores y altos funcionarios, pasan a inculpados, porque ellos sí tienen que responder por el dinero que administraron (y si robaron para otro, el pecado es doble: deshonestidad y estupidez, porque si se va uno a poner a robar, ¡caray!, que sea para uno mismo).

Hoy en Veracruz hay una estampida de asustados y un congestionamiento de solicitudes de amparo. Ya están formalmente acusados de diversos ilícitos dos exsecretarios, el de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita (tráfico de influencias y abuso de autoridad), y el del Trabajo Gabriel Deantes (enriquecimiento ilícito), lo que se antoja ridículo si la mitad de lo que se ha publicado fuera cierto.

Que va a haber más de cuatro en problemas graves, júrelo: a las derechas, es casi imposible superar las acusaciones de la Auditoría Superior de la Federación, pero los de los problemas son los cómplices, sin los que los gobernadores no podrían tocar un quinto del erario, piénselo: son casos de complicidad colectiva, siempre.

Ojalá y no nos estén dando atole con el dedo, porque así, en lo futuro va a haber menos obsequiosos y rastreros ladrones o firmones, que se prestan a todo con tal de quedar bien con su jefecito chulo… nomás por el santo temor de Dios.

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