martes, 1 de noviembre de 2016

8222. POR SU PROPIA BOCA.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Por su propia boca.
El profesor más perro que en su vida conoció este López, el más mala persona, el que nos aterrorizaba a todos los alumnos, el más severo, violento y abusivo… el más maldito pues, fue el maestro Salvador, director de la Secundaria unos cuantos meses nada más, porque don Ismael, el Director General, se dio cuenta de la clase de batracio que era el tipo que llevaba ese nombre como ironía última, y lo despidió. Luego se supo, porque todo se sabe, que ese Gestapo, inflexible modelo de exigencia y rigor que no nos pasaba una y predicaba el más rudo puritanismo, frecuentaba por las noches ciertos muy discretos establecimientos clandestinos en los que era conocido como ‘La Chava’ (porque en esos tiempos de estrecho criterio, esas cosas eran muy a la chita callando).

Ahora resulta que el Savonarola nacional es Enrique Ochoa Reza. Sí, el Torquemada XXI, es el presidente nacional del PRI, quien no para de pregonar que Mr. Limpio le hace los mandados, que ya llegó, ya está aquí, la escoba tricolor. ¡Uy, se les va a cortar la leche a sus compañeros de partido!

Ayer mismo, consigna el diario ‘El Universal’, en entrevista con el reportero Carlos Loret, declaró muy orondo que su partido (el PRI de todos tan querido), exige que “las autoridades federales correspondientes continúen las investigaciones sobre Javier Duarte, que además se cumplan las órdenes de aprehensión que ya hay en su contra, que se incauten los bienes y que se regrese el dinero que se robó”. Declaración que en sí misma es un ilícito, pues se supone que nadie es culpable hasta que así lo diga el juez, después de un juicio, después de apelaciones, segunda y tercera instancias… y entonces sí ya será verdad jurídica que robó.

Si la Rompecatres y la Tumbahombres van a dar una conferencia sobre la conducta apropiada durante el noviazgo, para señoritas de la Prepa de las monjitas del Verbo Encarnado, es muy recomendable que las jovencitas vayan acompañadas por sus señoras mamás y mejor, que ni vayan.

Don Ochoa Reza es tan convincente hablando de honestidad y lucha contra la corrupción, como un niño glotón hablando en contra de la comida chatarra y de lo delicioso que es el lunch vegetariano que le pone su mamá para la hora del recreo… ‘mmm, ¡rico!’

Sin prejuzgar sobre el origen de su flotilla de taxis, ni de las compras que le achacan de obras de arte en las casas de subastas más caras y rumbosas de los Estados Unidos (que bien puede ser legítimo todo eso), lo que él ha aceptado es que cobró una liquidación de un millón 200 mil pesos, equivalente a nueve meses de sueldo, por renunciar a la CFE, donde trabajó dos años y 155 días, lo que es un pago indebido conforme a la ley, aunque así se acostumbre en la CFE, porque no lo despidieron, renunció.

Lo que también él ha aceptado públicamente es que no pertenecía al PRI desde el año 2006; en sus propias palabras (comparecencia ante la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados, el 21 de octubre de 2010, cuando aspiraba a ser consejero del entonces IFE; en respuesta a pregunta del entonces diputado del PT Juan Enrique Ibarra Pedroza): “No formo parte del consejo político nacional del PRI ni soy militante (…) Fui durante meses en el 2006, hace más de 4 años miembro del Consejo Político Nacional y mi salida del Consejo fue también pública a través de la presentación que hice en un juicio para la protección de los derechos civiles en el Tribunal Electoral, por lo que yo dejé de pertenecer al Consejo y afortunadamente gané ese juicio en el Tribunal”. O sea: legalito, no debería ser Presidente Nacional del PRI, pues sus estatutos exigen un ‘mínimo de 10 años de militancia fehaciente’ para llegar a gran jefe de la tribu tricolor. ¿Cuándo mintió don Ochoa... en 2010 a los diputados o ahora a los priístas?

Se ve… digamos, rarito, que un presidente nacional del partido más cuestionado en asuntos de honestidad con los dineros públicos (por obvias razones: es el que más años ha gobernado), se instale en plan de protector del himen patrio, porque la señora de toga blanca de la portada de los libros de texto gratuitos, La Patria, es multípara y tiene su historia, su larga historia, gracias entre otros, al PRI, que algunos de sus integrantes la han padroteado largamente con muy buenos dividendos. Es una maniobra, una mala y poco creíble maniobra, una ingenua maniobra para tratar de limpiarse la cara (ya podían haber escogido a otro, que sí tienen y no pocos, sin manchas, indiscutibles manchas en su currículum).

Puede ser que Ochoa Reza haya tenido una súbita conversión paulina y ahora, como todo converso, sea un fanático, en su caso, de la honradez, por qué no. Nada más que si va a ser el Robespierre nacional y ya se siente al frente de su propio Comité de Salud Pública, debería recordar el triste final del que los revolucionarios franceses llamaron ‘El Incorruptible’: fue guillotinado sin juicio, hartos del terror que impuso al combatir la corrupción y a los contrarrevolucionarios (se escabechó a 40 mil). Que lo recuerde: sus compañeros priístas hacen como que les entusiasma la idea de echar a la hoguera de la opinión pública a sus amigos, correligionarios y socios, pero nada más aplauden por la fuerza de la costumbre. Si le sigue, se anda arriesgando a que en el no muy lejano 2018, lo manden a volar.

Si la corrupción es algo de suyo malo, es peor sumarle a ella la falta de absoluta de leyes para combatirla. El mal no se erradica con más mal.

Ochoa Reza estorba el correcto enjuiciamiento de los acusados y señalados, aparte de que viola sus derechos, por cierto, que el Código de Procedimientos Penales (si para él vale y está vigente), ordena clarito (artículo 113) que  son derechos del imputado ‘no ser expuesto a los medios de comunicación’ (fracción XIV); y ‘no ser presentado ante la comunidad como culpable’ (fracción XV).

Sí, don Ochoa, usted viola los derechos de los que son inocentes hasta que no sean oídos y vencidos en juicio, otra vez, sin prejuzgarlo, por su propia boca.

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