martes, 1 de noviembre de 2016

8224. CHINA Y EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

China y el Nuevo Orden Mundial.

El mundo se encuentra al borde de cambios radicales, contemplamos cómo la Unión Europea se está desmoronando y la economía de Estados Unidos se está colapsando. Esto concluirá en un nuevo orden mundial que a lo sumo durará 10 años, cuando Rusia y China puedan formar una alianza ante la cual la OTAN será impotente.
Xi Jinping.
Presidente de China.

La resistencia social que se realiza de diversas formas y expresiones en todo el planeta, ha obligado a los Señores de la guerra a modificar sus planes de dominación, se proponen acelerar la imposición del Nuevo Orden Mundial. Entre otros cambios a los planes, se decidió que el país piloto no sería Estados Unidos, las manifestaciones de descontento social en el vecino país han obligado a cambiar de sede, los ciudadanos son capaces de organizar la resistencia y quien sabe lo que pasaría, por eso es mejor comenzar en un país con gobiernos corruptos y una masa incapaz de organizarse y protestar, ¿el país elegido podría ser el nuestro?… todo puede suceder.

El gobierno invisible sabe que los pueblos, cansados de violencia, de crisis, desigualdad, y retroceso, aceptará ceder sus libertades a cambio de seguridad. Desde la instauración del sistema neoliberal en América Latina, que comenzó en Chile con el golpe al gobierno democrático de Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, se empezó a diseminar el miedo entre los pueblos, el miedo y la incertidumbre, pero  las dictaduras no son la única expresión de violencia, en realidad es un proceso que no termina, desde hace casi 50 años que comenzó a imponerse en sistema neoliberal, se golpea a los pueblos latinoamericanos sistemáticamente con crisis recurrentes, golpes de Estado, gobiernos militares y una creciente corrupción, además de la violencia y muerte que conlleva la guerra y la pobreza.

Cuando en 1995 uno de los jefes de jefes Illuminati ordenó meter el acelerador en los cambios y reformas para instaurar el Nuevo Orden Mundial,  se inició la labor de reformar  las leyes nacionales, para atacar las bases ideológicas de los pueblos latinoamericanos se utilizó la ideología de género, un proceso que el Papa Francisco lo llama colonización del pensamiento, además se decidió combatir a los violentos con violencia; las guerras contra el narco en varios países de América Latina han golpeado a la sociedad, a través de los medios de des-información, se impone el paradigma de que la única solución de los problemas es la violencia.  

Destruir las bases del antiguo orden: la familia, las religiones, los Estados, el dinero, y la identidad del ser humano como se había concebido hasta ahora, es la meta de los Illuminati, no se trata sólo de la imposición del relativismo y la destrucción de los valores morales que han sido la base de la civilización occidental, se trata de crear un hombre nuevo: sin alma, sin lazos familiares, sin identidad, sin nación ni pasión, adaptable y sumiso, sin capacidad de reacción ni de resistencia, independiente, no interdependiente. Se trata de acabar con la vida comunitaria, con el espíritu del comunitarismo.

El tema de la ideología de género ya lo hemos analizado en esta columna, pero sin duda que es un tema que no se puede agotar en unas cuantas líneas.

Un factor inesperado para frustrar los planes Illuminati es la destrucción del régimen unipolar que dominaba el mundo con Estados Unidos a la cabeza; China se erige como el nuevo líder del mundo no sólo en lo que se refiere al crecimiento de su economía. El mapa geopolítico cambió drásticamente y ahora China ha logrado una posición de liderazgo que comparte con Rusia, que al aliarse con China se fortalece y surge así un sistema tripolar o bipolar si se toma a Rusia y China como un bloque, el más poderosos militar y económicamente.

Hace poco, durante la celebración del 95 aniversario del Partido Comunista Chino, el presidente  Xi Jinping afirmó que: “El orden mundial no debe ser decidido por un país o unos pocos, sino por un amplio acuerdo internacional. Corresponde a los pueblos de todos los países decidir a través de consultas qué orden internacional y sistemas de gobernación global pueden beneficiar al mundo y a los pueblos de todas las naciones.” 

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