martes, 1 de noviembre de 2016

8225. RITUAL DE DÍA DE MUERTOS Y SOCIEDAD ENFERMA.

LA ECONOMÍA Y USTED 

Por; Eliseo Castillo A.Economista analítico.Desde Michoacán.México. ParaTenepal de CACCINI

LA TUMBA Y EL AMOR. 

Él juró amarle hasta la muerte,ella se sumió en la idea de lo eterno;amor para siempre; pasión persistente,él para ella, ella para él;  para si ellos;ambos convencidos, sin el otro ¡nada de vivir!sin el otro, la inevitable noche,sin el otro, la historia se detiene, se olvida;sin ella, él se convence, nunca es de día,sin nosotros, ella murmura, todo es mentira.Hoy con el tiempo y el abandono,nadie se acuerda de esas dos vidas,sus tumbas, dos de tantas;son como todas, solo tumbas,nadie ha vuelto a recordar algo de ellos;destino normal de dos  personas normales.

eliseo

A la entrada del panteón municipal de a ciudad de Morelia se da la rapiña más auténtica por ganarse al cliente y endilgarle la mayor cantidad de flores... ¡para sus muertitos!

Desde luego el precio hoy se duplica en el mejor de los casos... ¡nadie debe regatearle a sus muertos el precio de las flores... faltaba más o menos!

En la radio y la televisión se promociona el gran evento de viajar a Michoacán, y sobre todo a la región lacustre para presenciar la manera en que los indígenas de la misma "festejan" a sus muertos (¿dan fiesta por que se murieron sus parientes...?) La Secretaría de Turismo lanza la campaña para que los turistas nacionales e internacionales aprovechen el momento; desde luego guiados por su personal calificado para llevarles y explicarles la importancia que representa para las familias hacer los altares y ofrendas; buen momento para filmar y tomarse las célebres "selfis", ya a medios chiles o de plano bien borrachos en estos altares y con los familiares del difunto.

Hace unos años, en Pátzcuaro, a la salida a Zirahuén, fue colgada una manta con un letrero que se refería a un pueblito en donde se manifestaban en contra de que la secretaría de turismo llevara a los grupos de turistas a ver sus rituales y a filmar y fotografiar lo que les representa una simple distracción turística, que según las declaraciones de las autoridades del mismo, a ellos no les dejaba nada..., ninguna ganancia; solo la lata de soportar la impertinencia de curiosos y sus cámaras.

Al final, para los observadores opinantes como este que escribe, todos tienen razón para hacer lo que hacen. Tanto los vendedores de flores, las autoridades municipales y estatales, y los turistas morbosos, todos tienen fundamentos para estar donde están. Vender flores es la esperanza de ganar dinero con el recuerdo de la muerte; promover ir a ver tumbas, es una actitud enferma y perversa de las autoridades; pero consigue mantener un buen flujo de gasto de personas tan enfermas, que de verdad se la creen que ir a ver los altares que construyen los indígenas en los panteones es muyyyyy, pero muyyyy "snob", es decir muy mamila, o ser y sentirse especiales visitando a los indios, tomando caguamas, con todo el estilo del mexicano enfermo y borracho que se asume muy hijo del mundo. Es más, es tan socorrido este evento, que directores de universidades organizan viajes para presenciar el ritual del dolor y la nostalgia de los  nativos sobre la tumba de sus parientes.

¡por donde le queramos ver, es una simple demostración del grado de enfermedad de la sociedad! aquí lo que importa es ser parte de lo que socialmente se recomienda, ir a donde se espera se gaste el dinero a cambio de profanar la privacidad del sentimiento de abandono normal que siente cualquiera que visita la tumba de un ser extrañado. O, dígame usted, qué siente cuando visita un panteón e identifica el lugar donde en algún momento vio perderse en la tierra la figura y recuerdo de un ser cercano..., es normal sentir nostalgia y ausencia, es normal extrañar un poco o un mucho.

Pero eso que hacen las autoridades y los turistas de ir a ponerse hasta las chanclas de alcohol con el pretexto de presenciar, fotografiar y filmar a los indígenas extrañando, recordando y necesitando a sus muertos, no tienen otra connotación que la de una gran enfermedad social cruzada con un morbo alimentado por la propaganda y los apetitos de dinero.

No soy indigenista, defiendo al ser humano y su derecho a ser y decidir su vida; ya el color y origen será el que tenga cada quien, tal como el mio; que si tenemos capacidad de querer y respetar, seguramente que solo al final diremos que el respeto y cariño lo hemos manifestado a una persona, que además es indígena o nativo; pero eso si, nunca mejor o peor que nosotros. Por tanto, me parece muy, pero muy enfermizo que el día de muertos sea un pretexto para ir a joder a los otros, por más que abundan personas, sobre todo políticos que disfrutan fingiendo que no se levantan con la idea de joder al país. Las pruebas los condenan.

De esta crítica a la perversión socia del festejo en los altares  ajenos de los panteones, sólo me queda una duda...; ignoro si los pobladores del pueblito aludido en la manta leída en Pátzcuaro, se quejaban porque no les está dejando buen dinero la visita de los turistas; por aquello de que se los llevan de "tour" de entrada por salida y sólo les dejan molestias en lugar de dinero...; ignoro si el tema es económico más que cultural y social.

Pero eso no le quita lo enfermizo al ritual promovido por las autoridades y por quienes viajan a ese evento..., buenos casos para el diván de mi querida psicóloga.

Usted sabrá si alimenta su actitud ingerencista  donde no se le espera, ni tienen por qué ser bien venido originalmente, salvo que usted acuda a extrañar a alguien...; eso es otra historia.


Le abrazo con cariño.

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