martes, 1 de noviembre de 2016

8226. ¡ES TRISTE LLEGAR A VIEJO!

Rafael Ceja Alfaro.
Docente, escritor y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

…pero es más triste no llegar!

Camécuaro es bonito en todo tiempo, aunque llueva y haga frio, de día y de noche, pero a mí me gusta estar ahí los lunes porque es apacible, tranquilo, en una palabra, se disfruta más.

Al igual que Camécuaro, el panteón es un lugar para meditar, reflexionar los que no sabemos meditar, y también me gusta visitar a mis seres queridos cuyos restos ahí reposan, cualquier día de la semana que no sea fecha conmemorativa.

En las fechas memorables, hemos visto la gran cantidad de “población flotante” que acude a limpiar tumbas, llevar flores, unas canciones y unos desestresantes para conmemorar la fecha y acompañar “A los que se fueron”.

Aunque es mejor hablar de la vida y vivirla a plenitud, no podemos dejar pasar por fervor o tradición estas coloridas festividades, y para eso les comparto un fragmento de “Solo la muerte” de Don Pablo Neruda:

“Hay cementerios solos
Tumbas llenas de huesos sin sonido
El corazón pasando un túnel.
Oscuro, oscuro, oscuro.
Como un naufragio hacia adentro, nos morimos
Como ahogarnos en el corazón
Como irnos cayendo desde la piel del alma”

Hoy fui nuevamente al Panteón del pueblo, ya está cerca el dos de noviembre y mejor me adelanté para platicar a solas conmigo, haciendo como que platico con los míos, “Tumbas de huesos sin sonido”. Desahogos hablando a solas, recuerdos que no se han gastado, que parecen nuevos, recientes; Acercamiento a los campos de la muerte, la muerte que ya trabajó, lejos de los terrenos de la actividad homicida, donde son espacios de la vida, pero donde trabaja la muerte.

Como dijera el enorme poeta español Gustavo Adolfo Bécquer:

“¿Vuelve el polvo al polvo, vuela el alma al cielo?
¿Todo es vil materia, podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo que explicar no puedo,
Que al par nos infunde repugnancia y duelo,
¡Al dejar tan tristes, tan solos los muertos!

Y en ese dialogo “Como un naufragio hacia adentro” navegué en una anécdota de mi muy remota infancia, probablemente ya la conté pero como tengo una de las ventajas que tienen los que llegan a viejos, y que es la tolerancia de repetir cuentos, anécdotas y chistes, les cuento que: una tarde fresca, de esas del campo que el ocaso adorna con colores caprichosos y sopla una suave brisa, mientras se van apagando los trinos de las aves y empieza la eterna serenata de los grillos, la gente del campo se relaja en alguna esquina fumando sin filtro y contando charritas y mi mamá nos busca para darnos unos tacos de frijoles y un vaso con leche para cenar, resulta que no encuentra a su tesoro, o sea a mí, yo, le pregunta a mi papá ¿No viste al niño? El niño ya andaba en los cuatro años, entrados en cinco, mi papá le contesta que no y los dos se ponen a buscarme en toda la casa y con un gesto de preocupación sale mi papá a la esquina y les pregunta por mí.

Nadie me ha visto. ¡Pues a buscarlo! Unos corren al cerro por el lado del “Puerto”, otros se van rumbo a la “Lagunilla” unos más me buscan por el “Camino Real”, del lado del “Establo”. La preocupación se pone al rojo y mi papá se va directo a El Ojo de Agua y se va siguiendo la corriente hasta llegar al “Vallado”, para su fortuna no lo ve flotando en el agua y se regresa a casa a ver si ya hay noticias.

Pudo haberse tenido la genial idea del Procurador Castillo: Búsquenlo en la cama, entre los colchones, pero ¿Cuáles? ¡Solamente que entre los cómodos y confortables petates!

Poco a poco van llegando “los buscadores” y nadie trae buenas noticias, lo peor se espera, ¿Dónde andará este muchacho? Mi mamá lloraba con todo el dolor que sufre una madre, nada la consolaba. La oscuridad ya era total, apenas unos opacos rayos de luz escapaban por las puertas de la tienda de abarrotes de mi papá, pero rápido se hacían penumbra y luego se perdían entre las sombras.

Agrupándose lo más posible para no ser oídos, los hombres que habían salido a buscarme cuchicheaban sus opiniones, todas terminando en tragedias. Sus cigarros a cada fumada simulaban una danza de luciérnagas que enrojecían y al salir el humo por sus bocas se opacaban.

Pasaron tal vez dos horas, tiempo que sirvió para que la pequeña comunidad que éramos en ese tiempo se enterara y se hiciera presente tratando de consolar a mi mamá, con frases a veces atinadas y con otras que… “María, ya no llores Dios te mandará otro”, pero bueno, la frase llevaba buena intención.

De pronto, “Rafail, acá te habla don Jesús “El Chilitos”, al salir mi papá ve a su bello hijito arriba de la burrita de don Jesús, quien le dice “Mira Rafail, allá estaba tu muchacho encima de una tumba escarbando con una varita y lloraba cada vez que me lo quería trair”; mi papá me abraza y me lleva con mi mamá, me mira y llora, me abraza y besa, reza a toda La Corte Celestial.

Va mi papá con las personas que lo ayudaron y les invita unas botellas de tequila en señal de agradecimiento y a don Jesús le ofrece también, pero el señor le dice que le dé un traguito pero que mejor se lleva unos sobrecitos de café, unas churlas de canela, un kilo de azúcar y una docena de huevos.

Nadie supo qué buscaba el niño en el panteón, ni yo, es más hasta la fecha, esto se los cuento como a mí me lo contaron, la verdad es que yo no recuerdo ese episodio de mi interesante vida. Con decirles que no fue solo ese día, sino varios días, claro que ya sabían dónde buscarme. La pregunta sigue siendo ¿Qué buscaba?

Solo se decirles que eso que pasó me da una idea, no una explicación, de que hay algo en mí que es atraído por los camposantos, no sé qué. Lo cierto es que no me dan miedo a ninguna hora, al contrario, de día, me gusta estar tranquilo y solo a la sombra de algún árbol, que siempre hay muchos, viendo las tumbas de las personas que conocí y mi mente las reconstruye, les da una resurrección que me permite recordar sus risas, gestos y hasta conversaciones que alguna vez tuvimos.

En los últimos quince días tuve la oportunidad de recorrer todos los panteones del Municipio, en algunos si vi tumbas de amigos o familiares de amigos que hace años traté y cuando fue necesario los acompañé hasta ese lugar. En la mayoría de las visitas solo veía “Tumbas llenas de huesos sin sonido”.

Para ser sincero, les diré que sigo al pendiente de mi vida, sobre todo de mi hoy, o los días, meses, años o el tiempo que me quede. Me sigue gustando la vida, mi vida, mi existencia. No sé cómo serán mis últimos años, falta mucho, pero sé que mi presente sigue siendo interesante y, sobre todo, MIO.

El caso es que los años se van tornando cíclicos para muchos de nosotros, el próximo año y el próximo y los que siguen nos traerán las mismas conmemoraciones de fiestas o luctuosas, mismas que llevamos siempre en nuestra mente y que checamos en el calendario solo “para ver en que cae”.

Respecto a los panteones, permanentemente cargamos con el nuestro en la mente, no son tumbas vacías, son pensamientos y oraciones que permanecen encendidas y acrecientan su flama ante las evocaciones.

Época de Catrinas, Calaveras, Altares, Rituales, Flor de cempasúchil, Noche de Muertos, Nostalgias y en las tumbas de la mente y del panteón un destello de remordimiento de conciencia.

“Pos crioque ya” Así que nos vemos la próxima.

Saludos para Toda mi Familia y para Todos mis amigos.

Rafael Ceja Alfaro

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