sábado, 5 de noviembre de 2016

8233. LA PAREJA Y EL INSTINTO MATERNO FALSO.

LA ECONOMÍA Y USTED.

Por: Eliseo Castillo A.
Economista analítico.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

ALAS Y BRAZOS

El sonido del viento lo anuncia,
es el tiempo en que a veces llega,
a veces se apresta en la puerta
y me abraza con su fresca figura;
son los vientos del norte que anuncian;
que se hacen presentes y murmuran,
ríen, cantan por la mañana,
son los vientos  que te anuncian,
en mis oídos casi te nombran.
Mis brazos forman  alas, casi vuelo,
salen en busca de su sueño,
cada día, cada noche, lo sé,
por buscarte repetirán el intento.

eliseo.

Uno de los grandes problemas de las personas para tratar de mantener el diseño de pareja occidental y el formato de matrimonio, como forma de realización aspiracional; sobre todo de la mujer y su familia; es el reconocer el juego de fuerzas, razones y sinrazones mediante las que hombres y mujeres hemos sido educados: el hombre para ser el controlador de la pareja y sus necesidades hacia el exterior; y la mujer como la administradora del funcionamiento interno de la relación. De esta forma, hemos alimentado la idea de que con el matrimonio se realizan los individuos, quienes forman a la sociedad... siempre y cuando esté bien casado,  así es bien venido..., bien integrado.

En realidad esta es una gran mentira, pero sí que es funcional y muy recomendable para las metas de dos entes fundamentales; primero el Estado y el segundo la Sociedad misma. De esto nace la idea de domar al varón por medio del matrimonio; así se sacralizar a la mujer a través de la reproducción; una mujer es motivo de búsqueda y cortejo hasta que se casa y es madre; a partir de ese momento se le asigna una áurea de persona especial; así es como, malamente se inventó un concepto  llamado instinto materno, mediante el que se le controla y doblega..., ¡ya tienes tus hijos..., ya asexualizate..., dedícate a cuidarlos y educarles, y, desde luego a atender a tu marido! Si no existe el tan sobado instinto materno; entonces: 

¿Por qué la mujer es tan diferente del hombre ante los hijos?

No es nada difícil explicarlo si nos detenemos a reflexionar las circunstancias biológicas y el rol que se ha ido desarrollando de cada género ante la procreación o el nacimiento de un ser humano.

Primero observemos la contribución de cada parte para el embarazo de una mujer; de golpe ya hemos distinguido el sentido de intervención; no lo queremos reconocer por insignificante; pero la contribución del hombre ha sido elemental y apenas de pequeño complemento marginal; hoy la ciencia nos dice que , cada vez  es menos necesario para que una muer se embarace; eso no hace feliz al Estado y a la Sociedad, que se estructura con un sistema de poder decantado en favor de las decisiones de este, quien a su vez establece costumbres  y leyes muy favorables a su dominio sobre el grupo humano.

Mientras el Estado es manipulado por el género masculino; la creación humana realmente es de la mujer en un porcentaje groseramente significativo, ella asume el sentimiento de desarrollo del nuevo ser humano; carga con todas las incomodidades físicas y de salud; con los desordenes y locuras sufridas por el cuerpo y mente que procesa la nueva vida. Todo eso la empuja a desarrollar un sentimiento de reproche y esperanza; ella se siente y es  deformada por el embarazo; no puede evitarlo; lo asume, pero reprocha verse como se ve, totalmente anti-estética; totalmente lo contrario de lo que  aprendió a disfrutar en sus años de infancia, adolescencia y adultez hasta que se embarazó.

El reproche y esperanza se acompañan de reclamos a la vida... ¡el hombre goza de cabal salud física y solo la observa deformarse..., eso es anormal! así es como se rebela a la realidad  injusta; el hombre en el mejor de los casos es un acompañante solidario del embarazo; puede o no, ser acompañante solidario; o simplemente un observador del proceso; mientras que la mujer es empujada por la naturaleza a vivir un proceso evolutivo con todas sus molestias por un ciclo regularmente de nueve meses.

Esa es la gran diferencia que hace imposible que pueda existir una relación emocional pareja o equilibrada entre los padres; está demostrado que uno es incuestionable: la madre, mientras que el otro es un deseo de fe: el padre. usted dirá que la ciencia ya puede informarnos quien es el padre de cada persona...; en Los Estados Unidos ya se probó ese experimento; lo cita Francis Fukuyama, el famoso profesor de Harvard, en su libro: La Gran Ruptura , el problema es que el resultado no les gustó... ¡más del 40% de los hijos oficialmente registrados en la familia americana, no son hijos biológicos de quien se dice su padre como tal...; la ciencia demostró que  quien los registró como hijos no es el padre!

Desde luego esto fue una bomba que nos mostró que el tan citado instinto materno no es tal; es solamente una lucha emocional de una mujer que ha sufrido grandes molestias en su embarazo que la ha hecho elaborar grandes reclamos a cambio de sus penurias de embarazo, cada dolor de cabeza, cada lágrima; cada pavor por su figura ante el espejo; cada momento de soledad y sentimiento de abandono, se lo quiere cobrar al hijo; por eso la mujer cuando es madre deja de aceptar solamente ser cortejada..., ahora reclama ser reconocida, aplaudida... ¡gracias madre por haberme dado la vida! ¿Quién no ha escuchado esta frase...? en cambio, qué difícil es escuchar a un niño en la fiesta recitar un... ¡gracias padre, por haberme dado la vida! 

El instinto materno es una construcción biológico-social,  que le da a la mujer un derecho a sentir y ser diferente al hombre; puede ser incluso un ser superior en no pocas circunstancias; no lo negaremos, pero al final seguramente que lo resolveremos diciendo cómodamente que... ¡es su instinto materno...!


Le abrazo con cariño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: