sábado, 5 de noviembre de 2016

8237. MISERIA.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Miseria.
Ok… ¡padrísimo!: se ha abierto la temporada de caza de políticos corruptos ante el Tribunal del Santo Oficio Periodístico (que en el que vale, el tribunal donde se aplican las leyes es harina de otro costal y no es tan fácil probar los delitos que supuestamente cometieron, porque podrán ser ladrones -algunos  no pocos, tampoco todos-, repito, podrán ser ladrones, pero tarugos, no son y con el nuevo sistema penal acusatorio muchos, pero muchos, van a resultar inocentes… y rapidito, no como antes, que les alargaban los procesos años y muy infelices días, mientras durara el rencor o la conveniencia política; por cierto ¿la Ma’Baker Gordillo está exenta del nuevo Código Penal?, digo, porque, legalito ya debería estar en su casa).

Ya levantada la veda y con varios entusiastas tras el rastro de algunas de las piezas más codiciadas de la temporada (por Javier Duarte el de Veracruz y Guillermo Padrés el de Sonora, se ofrece aparte de mandar gratis al taxidermista sus cabezas, copa, diploma y medalla), es muy interesante recapacitar en que todo esto es un acto público de simulación, un alarde del cinismo sistémico que de siempre hemos observado cuando nuestros gobernantes sufren un súbito ataque de honestidad.

No es la primera vez. En la política a la mexicana, hace mucho se estila esto de esconder con la barahúnda del escándalo, el constante roer del erario de algunos glotones depredadores que desde la seguridad de sus puestos públicos, se hartan hasta el empacho de dinero mal habido.

Ya hemos visto caer antes a peces gordos, entre el aplauso aprobatorio de los que medran desde sus cargos y los gritos de indignación del peladaje, todos nosotros, espectadores impotentes de abusos, prebendas, privilegios y en general, todas las nutritivas actividades reservadas al consumo exclusivo de la élite que controla al país. Leyendo un extenso reportaje de Nidia Marín (‘El Sol de México’, 4 de marzo de 2013), se acuerda uno de cosas:

En 1977, a la cárcel fueron a  dar Alfredo Ríos Camarena, titular de un fideicomiso turístico (Bahía de Banderas en Nayarit); y, el exsecretario de la Reforma Agraria, Félix Barra García.

A Fausto Cantú Peña, titular del Instituto Mexicano del Café, y Eugenio Méndez Docurro, exsecretario de Comunicaciones y Transportes, les tocó reja en 1978.

Miguel Lerma Candelaria, era diputado federal, exfuncionario de Banrural, y quedó sujeto a proceso por fraude en 1982. Al gran amigo del presidente López Portillo, Jorge Díaz Serrano, exdirector de Pemex, lo desaforaron como senador y se fue al penal en 1984; un año antes, a otro de sus mejores amigos, Arturo Durazo Moreno (a) ‘El Negro’, exjefe de la policía de la capital del país, le endilgaron 16 años de condena.

En 1989 el poderosísimo líder sindical de Pemex, Joaquín Hernández Galicia (a) ‘La Quina’, se fue a la cárcel, junto con 20 líderes más, entre ellos el también poderoso, Salvador Barragán Camacho, secretario general del sindicato.

En 1995, Raúl Salinas de Gortari, intocable entre los intocables, cayó en prisión; y también un cuñado del expresidente Salinas, el subsecretario de Agricultura, Jaime de la Mora. En 2004, ‘El señor de las ligas’, René Bejarano y el secretario de Finanzas del entonces D.F., Gustavo Ponce, ambos muy cercanos al Sagrado Pejehová. En 2011, fue detenido a la mala y a punto estuvo de quedarse en la cárcel Jorge Hank Rhon, exalcalde de Tijuana, hijo de Carlos Hank, epítome del poder priísta de los tiempos dorados.

Ahora mismo desde el 2013, está presa la encarnación del poder, ama y maestra de uno de los  sindicatos más grandes del mundo, el de maestros, doña Elba Esther Gordillo Morales.

Y si le entusiasma a usted la corretiza a Duarte y Padrés, por ser exgobernadores, le recuerdo algunos otros que ya antes han pasado por ese amargo trámite (que es eso nomás): el exgobernador de Coahuila Oscar Flores Tapia en 1981; y los recientes: Jesús Reyna, Michoacán; Andrés Granier, Tabasco; Armando Reynoso, Aguascalientes; Pablo Salazar Mendiguchía, Chiapas; Narciso Agúndez, Baja California Sur; Mario Villanueva, Quintana Roo; y sometido a proceso pero prófugo: Tomás Yarrington, ex gobernador Tamaulipas.

Nada nuevo y la corrupción campea por sus fueros, aunque tantos Presidentes de la república hayan proclamado su combate frontal: Luis Echeverría la llamó ‘Cáncer de la revolución’ (él, el inmensamente corrupto Echeverría); don López Portillo (poético siempre), dijo sobre la corrupción ‘México corre el riesgo de devorarse a sí mismo’; Miguel de la Madrid, señero dijo que iba por ‘La renovación moral de la sociedad’ y que ‘La solución somos todos’; Salinas de Gortari (!), que iba a librar la ‘lucha contra la impunidad y la corrupción"; don Zedillo, que ‘La ley obliga a todos por igual. Nadie puede estar por encima de la ley’; don Fox, que ‘la eliminación de la corrupción no es imposible’, y que iba a ‘sacar a patadas de Los Pinos a las tepocatas y víboras prietas’; mi general Calderón, no se comprometió a nada y afirmó: ‘el árbol de la corrupción, tiene raíces muy largas y muy añosas’; y el actual don Peña Nieto, que tenía ‘firme y abierta determinación política de combatir frontalmente la corrupción’. A todo dar.

Si meten o no a Duarte, Padrés y compañía a la cárcel, no será síntoma de que ahora sí ya se empezó a acabar la corrupción. Es el interés y dividendo político del momento, nada más. Si quieren acabar con ese mal, se debe proceder contra todos los cómplices, así sean por omisión: miembros del gabinete, gobernadores y auditores sordos. Todos. Sin ellos es imposible robar al erario.

Por algo José Rosas Moreno escribió en 1869 el poema ‘Justicia Mexicana’: “Quinientos pesos se robó Berea… lo hicieron alcalde de su aldea. Se robó cuatro mil en el juzgado… y enseguida lo hicieron diputado. Se quedó con diez mil en el congreso… y después ministro fue por eso. En cambio un peso se robó Escalante… y le dieron muerte en ese instante. Lector escucha, la lección es seria: ¡Nunca es bueno robar una miseria!”

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