lunes, 7 de noviembre de 2016

8247. DIOS NOS GUARDE.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Dios nos guarde.
Tía Lucha no era lo que se dice una ‘buena persona’, sino más bien lo opuesto, muy cerca de una majadería que empieza refiriéndose a la filiación materna del aludido (usted entiende). Tío Tito (así se llamaba), era muy parecido, tal vez menos majadero que su señora esposa, pero bueno, lo que se dice bueno, no era. No es que fueran malos, sino que tenían muy mal genio y de cualquier cosa armaban la marimorena: le amargaban la vida a un cactus. Es el caso que un día anunciaron que se separaban (en aquellos lejanos tiempos del pricámbrico clásico -años 50’s del siglo pasado-, la autodenominada ‘gente decente’, no se divorciaba, nomás se separaba, que era lo mismo, pero sin formalidades); juntaron a los cinco hijos, que iban de los 9 a los 16 años de edad, se los hicieron saber y les dijeron que podían escoger con quién se iba a vivir cada uno… silencio… insistencia… más silencio… insistencia en la pregunta: ¿con quién quiere vivir cada uno?: coro de respuesta: -‘¡Con los abuelos!’ -pues claro, puestos a escoger… con ninguno.

Mañana martes sabremos quién ganó las elecciones de los EUA, si doña Hillary o don Trump (a reserva del numerito que pueda hacer el Trump, que es capaz de impugnar el proceso, demandar a cada votante de la Hillary, a Obama, a la ONU y al papa Francisco, que el mero mole de Mr. Clairol es presentar demandas a capricho).

Probablemente, jamás una elección presidencial de los EUA ha llamado tanto la atención de la prensa mexicana. No es difícil entenderlo tomando en cuenta que tampoco había habido nunca un candidato que tomara como uno de los ejes de su campaña hablar mal de los mexicanos, ni que fuera tan burdo en todo lo demás (ya sin mencionar la barbaridad esa de construir un muro como solución a la inmigración). Y ha atraído la atención de los medios de comunicación de todo el mundo, porque reparte baba parejo: halaga a Putin, dice que va a bañar con bombas a los países árabes, que va a renegociar o cancelar los tratados comerciales de su país, que le va a cobrar a los países en que tienen bases militares (porque no va a andar protegiendo a nadie gratis)… pero eso también le ha granjeado una importante tajada de votos entre el peladaje yanqui, porque desempleados y ninguneados también hay allá y les encanta un tipo que predica que sus males provienen del extranjero y son consecuencia de los errores de su élite política. Un discurso elemental, para mentes elementales (como calcado del sistema de Adolfo Hitler: los males de Alemania eran culpa de los judíos, de los franceses, del Tratado de Versalles, había que hacer grande otra vez a Alemania, por si le suena).

Sin embargo, debe decirse que esto, a la vez, refleja algo así como una idealización general de los EUA, de sus políticos y su política. Como que sorprende por inesperado que en un país de esa ‘calidad’, pase algo tan evidentemente equivocado, cuando la verdad es que antes han tenido presidentes dignos de ‘El gabinete del doctor Caligari’ (si no la ha visto, no se la pierda, es una gran película alemana de terror, en blanco y negro… estrenada en 1920, muda: seguro le gusta).

No hay espacio para entrar en detalles, pero su Guerra Civil difícilmente hubiera ocurrido sin los gobiernos mediocres, equivocados e increíblemente torpes de los presidentes Franklin Pierce, 1853-1857, que fue tan mal Presidente, que es el único al que su partido, en toda la historia de los EUA, le ha negado la candidatura para un segundo periodo (entre otras peculiaridades: se negó a jurar el cargo al asumir la presidencia, solo ‘prometió’ cumplir las leyes; y encima, era un alcohólico perdido que al entregar la presidencia declaró: -‘Todo lo que me queda es beber y morir’ –y cumplió, bebiendo hasta reventar en 1869). James Buchanan, 1857-1861, tipo tibio en todo, que permitió la secesión de los estados sureños (causa eficaz de la guerra civil que en su tiempo fue llamada ‘la guerra de Buchanan’)… y fue tibio en todo: jamás se casó (único en la historia de ese país sin tener tampoco gusto por los caballeros: no, era tibio); es considerado el peor Presidente que han tenido.

El sucesor de Lincoln fue Andrew Johnson (1865-1869), único presidente yanqui que ha sido enjuiciado por el Senado (Nixon renunció antes; Bill Clinton estuvo a punto, pero se la pasaron, a fin de cuentas lo de la señorita Lewinsky estaba muy alejado de los asuntos de Estado).

Ya en el siglo XX de 1921 a 1923, los EUA tuvieron de presidente a un tal Warren G. Harding, el modelo más acabado de la corrupción oficial e institucionalizada: todos los cargos del gabinete los repartió entre amigos, socios y aliados que se dedicaron a robar (don Harding con su pandilla, hicieron cosas que no se le han ocurrido ni al más corrupto político del sur del río Bravo hasta la Patagonia); de tal tamaño fue aquello que su Procurador General (Harry Daugherty), fue juzgado dos veces por corrupto; salió absuelto, eso sí. La esposa de don Harding quemó todos sus archivos cuando murió (le daba pena).

Aparte de otros que no son de presumir, ya muy recientemente, George W. Bush, 2001-2009, resultó en la encuesta del Usnews, como el político yanqui que menos quiere la gente de su país: hizo trizas la economía; nomás por negocio (para sus socios y amigos), los metió en dos guerras (Afganistán e Irak); y dejó a los EUA en la peor crisis económica desde la Gran Depresión.

Así que no es Trump el primer impresentable de la historia yanqui, pero sí, indudablemente, el peor preparado, el más burdo, el que goza con el mayor rechazo internacional… pero doña Hillary no es una perita en dulce y no son pocas cosas turbias las que empañan el historial de ella y su marido (Lewinsky y correos imprudentes, a un lado).

Sí, doña Clinton hoy es la mejor opción para su país (y bien puede resultar una gran presidenta: es filosamente inteligente y tiene más experiencia que un organillero en darle vuelta a la manivela), pero con ella en la Casa Blanca, y Peña Nieto en Los Pinos… Dios nos guarde. 

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