martes, 8 de noviembre de 2016

8250. LA LOCURA ES POSIBLE.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

La locura es posible.
Cuando lea usted esto, la familia de Donald Trump estará solicitando una ambulancia para ingresarlo en ‘Urgencias’ del hospital más cercano, después de ser atropellado electoralmente por doña Hillary, con fractura expuesta de lengua, infarto capilar y estallamiento de urna. Se advierte al avispado lector que este su texto servidor  goza de merecida mala fama como adivino y prediciendo cosas de política, peor. Así que no se sorprenda si resulta que don Trump arrastra del pelo a doña Clinton. El miércoles sabremos que pasó. Y la vida seguirá. Igual. Con menos o más brincos, pero no sucederá nada que le agite el pulso al imperio global del capital ni le espante el sueño a la masa mundial que pasa la vida con la panza pegada al espinazo.

Lógico es el interés general en este proceso electoral, ya lo hemos comentado antes, no tanto porque esté en duda el rumbo que sigue y seguirá durante un buen rato más el país más poderoso del mundo (en todo), sino por el penoso espectáculo que ofreció con un candidato esperpéntico a la presidencia y una candidata que por más capaz que sea, está empatada en impopularidad con don Trump (según el ‘Washington Post’ y ‘ABC News’, los dos gozan del 57% de desaprobación entre el electorado de los EUA).

Lo que a primera vista parece raro es que una sabandija como Trump haya conseguido la candidatura del Partido Republicano a la presidencia de su país, pero resulta que entre los seguidores de ese partido, hay un amplio sector muy a disgusto con su dirigencia, cada vez más distante del ciudadano común, aparte de que les están cobrando la factura atrasada de la presidencia de George Bush Jr. (que los metió en dos guerras a lo menso y les entregó hecha garras la economía).

Y aparte de esa porción de republicanos que están que trinan contra la élite que controla a su partido, hay una masa crítica creciente en los EUA de personas cada vez más a disgusto con su condición económica, que atribuyen no sin cierta razón, a la globalización empresarial promovida estelarmente por sus gobiernos, la pérdida de sus empleos y la reducción de sus ingresos: hay un Estados Unidos profundo y despreciado que observa con ira la actitud triunfal y displicente para con ellos, de los que gozan de la vida montados en su riqueza creciente, cada vez más concentrada e insultante. Hoy en los EUA hay cerca de 47 millones de pobres y de ellos, 21 millones en miseria, sí, en el país más poderoso del mundo, porque el dinero y el libertinaje de mercado no entienden de gente ni llanto, sino de inversiones y renta.

En palabras de Rafael Archondo (‘La Razón’, 24 de octubre de 2016, La Paz, Bolivia): ‘El mundo Trump existe y está integrado por un conjunto multitudinario y fluido de víctimas de la mundialización de la economía estadounidense’. Y a ese universo de personas que andan buscando no quién se las debe sino quién se las pague, es al que el batracio Trump le habla… y lo escuchan.

Que no gane Trump no es tan importante como reflexionar en que algo anda mal con la economía dogmática al uso, con la democracia entendida como aparatos partidistas controlados por élites cada día más alejadas de los afanes de la gente común, con sistemas electorales que, en un descuido, le entregan el poder a un bárbaro (y nomás acuérdese que Hitler llegó a donde llegó a golpe de votos).

Si ganara don Donald, tampoco se crea que se va a rasgar el velo del templo: el poder presidencial en ese país está muy acotado y aparte de las funciones biológicas más básicas, casi para todo lo demás necesita permiso de su Congreso… y esa maquinaria política representa los intereses de una economía que el año pasado, según el ‘Open Data Catalog’ del Banco Mundial, sumó 17 billones 946,996 millones de dólares de PIB (el 25% del total mundial), más de siete billones por encima de China, que está en segundo lugar, aunque, claro, hay que considerar que los orientales son 1,371 millones y los estadounidenses, 321 millones, digo, hay diferencia; más de cuatro veces que el PIB de Japón, que está en tercer lugar… y ya en estas, se le recuerda que nuestro risueño país, ese año, tuvo un PIB 16 veces menor que los EUA, y si México tiene 120 millones de habitantes, era como para que nomás estuviéramos tres veces debajo de ellos, sin 55 millones en pobreza… ¡chin!

Los EUA aparte de su poderío económico (porque a su PIB habría que sumarle lo que producen y ganan sus empresas fuera de su territorio: de entre las 500 transnacionales más grandes del mundo, 166 son de ellos y el que más se le acerca es Japón, con 62); aparte, decía, hay que tener muy presente su poderío militar: primer imperio en la historia de este planeta que controla efectivamente todos los mares… y el espacio, no se le olvide. Y todo eso no se va a ir al nabo porque un majadero se siente en la Oficina Oval de la Casa Blanca. No se preocupe, no se aflojan con babas de un playboy decadente los engranes del inmenso poder que tienen. Pero el triunfo de doña Hillary no es la salvación del mundo, tampoco; es en todo caso, ahorrarnos el achuchón que provocarían los especuladores de siempre, que causarían espantadas en la Bolsa, descalabros de paridad y poco más.

Lo que de verdad importa es que tanto el país más poderoso del mundo como nosotros, recuperemos el verdadero sentido del gobierno, del gobernar. La economía pragmática y el culto al dinero, nos llevan a todos al voladero. La gente se harta y dale que dale, de repente, puede llegar un grupo de locos a los puestos públicos equivocados; si lo cree imposible, nomás acuérdese de la llegada al poder del ayatola Jomeini en Irán y lo que han significado las teocracias totalitarias que promueve el yihadismo: guerras en Irak, Somalia, Afganistán, Chechenia, Argelia; terrorismo en la India, Filipinas, China y Europa.

Sí, la ley y la justicia deben ser el entramado del ejercicio de la política y el progreso sin sentido social, carece de sentido: si no regresamos la ética a la vida pública, la locura es posible.

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