jueves, 10 de noviembre de 2016

8259. ‘DE ALLÁ MESMO’.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

‘De allá mesmo’.
Ya sabe bien usted la clase de gandul que era Pepe, el primo más impresentable que tenerse pueda, pero lo que  no le he contado es que a su boda se presentó en la iglesia la familia de la novia (todos), de riguroso luto y ninguno fue a la fiesta (que estuvo muy divertida porque Pepe era amigo de los de la Sonora Santanera y en esa remota época la vocalista era una tal Asmindia Sonia López Valdez -Sonia López, también conocida como ‘La chamaca de oro’-… fue un fiestón).

Ayer en la madrugada se consumó el triunfo de don Trump, quien será presidente de los EUA, digno representante de una inmensa cantidad de yanquis que piensan igual que él, aunque no lo digan en público por ser políticamente incorrecto.

Este martes, sin saber qué pasaría en esa elección, el del teclado pronosticó la derrota de don Trump, no sin advertir al avispado lector que este su texto servidor  goza de merecida mala fama prediciendo cosas.

Confirmada la inhabilidad de este López como profeta no es consuelo que todos los encuestadores también se hayan equivocado: siempre se equivocan.

Por lo que sea: Trump ganó la presidencia, nada más que quede claro que no ganó la elección, porque la doñita Clinton sacó más votos que el patán Donald (al corte de las 14:23 horas de ayer: 59’648,347 votos para Hillary, frente a los 59’440,482 del republicano… 207,865 votos más para ella, poquitos, pero más).

Ya ha pasado antes en los EUA: en el año 2000, Bush; en 1888, Harrison; en 1876, Hayes; y en 1824, Adams, todos llegaron a presidentes de los EUA con menos votos directos que sus competidores, pero en el sistema electoral yanqui eso no cuenta, sino el valor electoral de cada estado como bien sabe usted. Pa´l caso.

Lo chistoso es que las casas encuestadoras están dando explicaciones de porqué sacó menos votos doña Hillary, cuando sacó más; e interpretando porqué la mayoría votó en contra de ella cuando la mayoría votó por ella. Lo que no quita que el barbaján Trump, supo bien qué tenía que hacer para levantar mucho voto, casi empatando a la señito, y gracias a la suma del valor electoral de cada estado, se le concedió ser el próximo presidente de su país. Pero algo nos debería decir sobre el electorado de ese país que una propuesta política elemental y rudimentaria hasta lo burdo, como la del Trump, obtenga casi la mitad de los votos emitidos… algo significa.

Decíamos el martes pasado: “Que no gane Trump no es tan importante como reflexionar en que algo anda mal con la economía dogmática al uso, con la democracia entendida como aparatos partidistas controlados por élites cada día más alejadas de los afanes de la gente común, con sistemas electorales que, en un descuido, le entregan el poder a un bárbaro (y nomás acuérdese que Hitler llegó a donde llegó a golpe de votos)”. Encima: ganó la presidencia. Como que va siendo hora de que el imperio global del capital recapacite: están hilando la cuerda de su propia horca. Ha pasado antes. Las cosas tienen un punto de quiebre. A las masas no las contiene nada y ahora, más de 59 millones de votos lo prueban.

Por supuesto es cierto que el entramado político yanqui limita mucho a su Presidente, en el derecho y en los hechos, por algo la famosa frase del presidente Harry Truman, cuando el 4 de noviembre de 1952, supo que el triunfal general de la Segunda Guerra Mundial, Dwight -Ike- Eisenhower había ganado las elecciones y lo sucedería en el cargo: “¡Pobre Ike! Dirá hagan esto, hagan aquello y no pasará absolutamente nada”. Bien sabía ese zorro de la política, que don Ike, como militar de alto rango, estaba acostumbrado a dar órdenes y a que se cumplieran… sí, cómo no. Y eso es muy similar a lo que le pasa a los empresarios que se meten a la política: esperan ser obedecidos y hacen todo lo que no les prohíbe la ley, en tanto que en el gobierno es al revés: pueden hacer exclusivamente aquello para los que las faculte la ley. Ya se va a enterar don Trump (que le pregunte a Obama por qué no pudo cerrar la prisión de Guantánamo).

Trump antier, traía el santo de frente: los jerarcas de su partido no querían que ganara y se dedicaron a asegurar la mayoría en el Congreso… ¡y la ganaron!, con lo que el bárbaro de Nueva York, parece tener todo para hacer y deshacer… ya se va a enterar de que los congresistas de su país no reciben línea de sus dirigentes de partido y hacen lo que les viene en gana.

El Congreso yanqui básicamente controla al Ejecutivo con un instrumento muy poderoso: la autorización del presupuesto y la revisión de su ejercicio (y se lo toman muy en serio, no se crea que es como acá). La guerra en Vietnam realmente terminó cuando el Congreso le quitó todo el presupuesto al ejército para gastar en ese país; igual obligaron a Reagan a salirse del Líbano: le cerraron la llave del dinero; y a Bush le abollaron la dignidad cuando le advirtieron que más le valía encontrar una salida pacífica a lo de Irak. Y si hace falta, paralizan al gobierno, se lo hicieron a Bill Clinton, que se quedó sin empleados 28 días en 1995 y a Obama también, en 2013. No se andan con bromas: se dobla o le secan la cartera. El Congreso también aprueba los tratados internacionales y en 1998 a Bill Clinton lo dejaron en ridículo porque no autorizaron el Protocolo de Kioto que había firmado.

Sí, está tan acotado que las ‘órdenes ejecutivas’ del Presidente a la burocracia federal, las puede parar (y las para) la Suprema Corte: a Truman en 1952, le anularon la orden de intervenir en la industria del acero para apoyar la guerra en Corea; y a Obama en 2014, le congelaron la orden de legalizar inmigrantes indocumentados. Así, sin despeinarse: no y punto.    

A pesar de todo, Trump nos puede dar y nos va a dar, mucha lata. No sabe que tenemos un arma secreta: si se pone muy pesado, elegimos en 2018 al Peje y se lo mandamos a soliviantar migrantes, le toma la avenida Pensilvania y no le va a alcanzar la producción de Miss Clairol para teñirse las canas: ‘pa’ las mulas del Jaral, los caballos de allá mesmo’.

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