lunes, 14 de noviembre de 2016

8269. MUCHO CUENTO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Mucho cuento.
Nuestro país, esté como esté, es lo que hemos construido los mexicanos. Si usted forma parte de las huestes que consideran con ultra optimismo tricolor que como México no hay dos o si por el contrario, padece del síndrome incurable de ‘ora sí ya nos llevó’, incluso si es un equilibrado experto en la verdadera situación nacional, como sea que usted vea al país, esto, nuestra querida patria, es lo que hemos hecho nosotros… y ‘nosotros’ es nosotros, el peladaje común al que pertenecemos la mayoría, y el uno por ciento de los ultra ricos, y el gobierno, y los burócratas, y los obreros, y los campesinos, todos.

Si México está realmente de no creerse de bien o sumido en una crisis terminal. Si México padece un incurable cáncer provocado por la metástasis de la política, los políticos y los partidos, o al revés, usted lo ve como el país donde quiere vivir cualquiera. Si de verdad somos de lo que ya no hay o un pueblo de enferma genética con incurable tendencia al fracaso. Lo que sea que seamos, es nuestra responsabilidad.

Sí, sea como sea, esto, lo hicimos y lo hacemos entre todos, lo gozamos y padecemos todos y no se salva tampoco el indiferente al que le importa un pito qué pasa con México porque ya tiene cuenta en el Wells Fargo de San Antonio y ‘depa’ en Miami, porque acá gana (o roba), el dinero que saca del país.

Ahora resulta que estamos preocupadísimos por lo que nos pueda hacer un señor que va a ser Presidente de otro país, cuando nos debería tener con algún pendiente lo que estamos haciéndole nosotros al nuestro, entre todos, unos desde el gobierno, otros desde su empleo; unos robando, otros dejando robar; unos rompiéndose el alma para llevar comida a la mesa de sus hijos, otros optimizando la ley del menor esfuerzo.

Por supuesto que no es del todo falsa la exclamación que le achacan a Porfirio Díaz: “¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos!”, pero (… ya sé, sí, el molestísimo ‘pero’, ¡todo ha de tener un ‘pero’!)… pero no salió la muchedumbre a linchar a los que firmaron el Tratado Guadalupe-Hidalgo, con el que perdimos más de la mitad del territorio, ni la turba asaltó la Secretaría de Hacienda cuando nos informaron que entre todos íbamos a pagar, como estamos pagando, los fraudes bancarios que se ocultaron en la panza del Fobaproa (hoy IPAB)… nada: hicieron lo que quisieron y los bravíos héroes de la raza de bronce, lo permitimos; y de esos ejemplos hay más, que nos han hecho muchas y muchas les hemos aguantado.

Es de risa loca que algunos de esos que están tan preocupados porque ganó las elecciones don Trump, lo primero que hicieron fue salir corriendo… a comprar dólares, o sea, a proteger su interés personalísimo, aunque se deprecie nuestra moneda, aunque se empuje artificialmente hacia arriba el precio de la moneda del país del que supuestamente nos vamos a tener que cuidar.

No sabe uno qué nos pasa (y vaya que Héctor Suárez lo intentó), pero no parece que sea en serio eso de que nos preocupa mucho el futuro del país, que don Trump haga o no su barda, que expulse o no a millones de mexicanos, que le ponga o no impuestos a las remesas de los trabajadores mexicanos, cuando de enero de 2013 a marzo de 2016, salieron del país, rumbo a bancos yanquis, 72 mil millones de dólares, que es casi lo mismo que con sus modestas remesas mandaron los tenochcas que están allá trabajando…

Si de verdad la mayoría de los mexicanos estamos tan pero tan preocupados por lo de don Trump, sin necesidad de gritos ni del sonoro rugir de un cañón -y sin manifestaciones que son puro chacoteo en el Ángel de la Independencia-, don Trump revienta nomás con sacar de ese país el dinero que los mismos mexicanos tenemos en bancos de allá (porque en ellos sí confiamos), porque ni esa súper economía resiste que le saquen de golpe 80 mil 577 millones de dólares de sus bancos con el riesgo casi insalvable de una estampida financiera de pronóstico reservado (nada hay más asustadizo que el dinero); y el monto de dinero mexicano depositado en los EUA no se lo inventó su texto servidor sino que es lo que reportó el 13 de abril de este año, la Reserva Federal de los Estados Unidos… suma, por cierto, casi igual que la deuda externa del gobierno federal que ronda los 82 mil 600 millones de dólares (¡hijo de su… qué chistosos somos los mexicanos!).

Nomás recuerde que cuando la brutal crisis financiera de 2008 en los EUA, la Reserva Federal yanqui, para evitar lo que definieron como ‘un cataclismo mundial, peor que el de 1929’, rescató con precisamente 85 mil millones de dólares al ‘American International Group’ (AIG), porque acumulaba pérdidas por 18 mil millones entre enero y septiembre de ese 2008… imagínese una retirada masiva y simultánea de los 80 mil 577 millones de dólares de depósitos tenochcas en los bancos de los EUA.

Y fíjese que no propone el del teclado que ese dineral sea repatriado, que lo regresen a México, aunque  sea de aquí de donde salió y donde lo ganaron los que lo sacan (muy de ellos y muy su derecho), no, nomás que lo saquen, que lo manden a bancos franceses, suizos (si son tontos), o a Alemania, adonde sea, pero fuera del sistema bancario de la amistosa patria de don Trump… nomás con eso no pisa la Casa Blanca.

Claro que no pasará eso… ni nada. Por el momento, los medios impresos tienen tema para sus primeras planas y los noticieros de la tele y el radio, para el comentario de especialistas en la complicadísima política yanqui, que han surgido como hongos; por el momento, el gobierno federal goza de unas merecidas vacaciones, porque lo del momento no son ellos sino el barbaján Trump; por el momento y ya luego, si empeora nuestra economía, ya está lista la explicación: ¡el pinche Trump!

Lo ha dicho antes este texto servidor: don Donald no es peor que otros a los que ya hemos sobrevivido. Mejor sería dejar eso en paz y ponernos en orden, porque aunque sea de mal gusto, la verdad es que el país está en nuestras manos y lo demás es, no todo, pero sí mucho cuento.

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