martes, 15 de noviembre de 2016

8273. POBRES PERO GORDITOS.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Pobres pero gorditos.
Tía Eloína era alta y medía casi lo mismo de ancho y de fondo que de estatura. Activa y vivaz, a su paso retumbaba el piso y con su voz tamborileaban los platos en la mesa: parecía tener en la garganta el aparato de sonido del ‘Estadio Universitario’ (no existía el ‘Azteca’). Su esposo, tío Guillermo, la quería mucho y tuvieron siete hijos varones, todos del mismo desplazamiento y tonelaje que su mamá. El tío en general era buen marido pero con un defecto: era un poco codo y eso, de vez en cuando, desataba la ira de la tía que le metía pleito para diversión del vecindario entero. El tío y los hijos sabían que la única estrategia en esos casos era guardar un prudente silencio en lo que terminaba de soltar vapor la locomotora que era la tía enojada, sabiendo que a fin de cuentas, era más buena que el pan y volvía pronto a ser el inofensivo cetáceo de siempre… pero mientras estuviera brava: ¡chitón!, menos una vez en que se oyó la carcajada de ellos ocho y de todo el vecindario porque de repente le gritó: -¡Nos estás matando de hambre! –todo le podía reprochar menos eso. Hasta ella acabó riéndose.

En el mundo al revés que es nuestra risueña patria, ayer nos enteramos que la Secretaría de Salud federal, declaró una emergencia sanitaria por diabetes en el país. El subsecretario de Salud, Pablo Kuri, declaró que el año pasado hubo 98,450 muertes por esa enfermedad y que el sobrepeso, la obesidad y la diabetes son un problema prioritario en el país, que debe ser atendido. La cifra coincide con el reporte de Inegi, 98,450 fiambres causados por la diabetes, o sea, de a once muertos por hora. Grave… si es cierto.

Ayer mismo, el secretario de Salud, José Narro Robles, al dar el banderazo de salida de la segunda carrera ‘Moviendo a México por tu salud’, informó a la nación que la obesidad es un problema muy serio en la república “es uno de los enemigos más graves que tiene la salud en México (…)”. Ha de ser.

Nada más que algo no cuadra. Según el Informe de la Política de Desarrollo Social 2015, elaborado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), a 2012, el número de pobres en el país alcanzó los 53.3 millones (45.4% de la población), y la gente que literalmente no tiene qué comer, alcanzó  ese año a casi 28 millones de compañeros nuestros de nacionalidad (23.3%), con un ingreso mensual (en ese 2012), de 561.9 pesos ($561 pesos con 90 centavos… al mes; intente imaginar qué se pueden comer con ese dinero 28 millones de mexicanos; y ya en estas, entérese: los que nomás son pobres -25.3 millones de personas-, pero no están clasificados en ‘pobreza alimentaria’, ganan al mes 1,060.70 pesos… le digo, algo anda mal, algo no checa: se supone que una persona con mil 60 pesos al mes ya tiene resuelto el problema de la comida… imagínese).

Sin duda hay mucha gente gorda o cuando menos pasada de peso. Pero si tiene usted al mismo tiempo, por un lado a un grupo que come de más y mucha chatarra, y por el otro a 28 millones con la panza vacía… ¿qué le parece más urgente?... y eso, dando por verdadero que los otros 25.3 millones de pobres sí pueden comer lo suficiente ganando esa miseria mensual: $1,060.70

Por supuesto no se trata de escoger. El gobierno hace muy bien en esforzarse en que las personas aprendan a comer sano, a hacer ejercicio, y se eviten los males derivados de andar cargando 40 kilos de grasa en la barriga, y los daños a su salud por tener en vez de sangre, manteca con asiento, claro que hace muy bien… pero, si de declarar una emergencia se trata, pareciera más de sentido común hacerlo respecto del hambre, pues no es lo mismo comer de más por tragón, por antojadizo o porque de plano no se puede comer sólo una, a no tener qué comer.

Sí, una cosa -atragantarse-, es optativa; la otra -dormir con la panza pegada al espinazo-,  es forzada por una situación de pobreza extrema, de falta de empleo, o empleos con salarios insuficientes para resolver lo más elemental: comer. El 21 de enero de 2013, el Inegi informó que cada hora muere un mexicano de hambre (el informe dice ‘deficiencias nutricionales’, como para que no se oiga tan feo).

Sin que se trate de que el gobierno abandone a la población diabética a su suerte, ni de que a los gorditos los hagan sentirse mal por tragones (no, de ninguna manera), pudiera ser más lógico y de sentido común, considerar que la verdadera emergencia nacional es resolver el problema del hambre. Cada hora muere un mexicano de hambre (se lo repito para que le cale), y eso, considerando que no nos dora la píldora el gobierno y que no se esconden en la estadística otras muertes causadas por enfermedades que no matan sino al desnutrido.

Dirá usted que para eso está la ‘Cruzada contra el hambre’; pues sí, para eso está, pero resulta que según la evaluación de agosto del año pasado, hecha por el propio Coneval, ‘(…) el efecto es diferenciado y heterogéneo entre entidades federativas (y que) la entrega de apoyos está basada en la oferta disponible de los programas, y no en la demanda identificada (…)’, que es la manera oficial, suavecita, de decirnos que es un despelote.

Para que no se crea que uno está en mal plan, sepa usted que en la revisión número 13-0-20100-12-0269, realizada por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) a la ‘Cruzada’, se concluye que existe un fraude masivo y eso sin considerar que el gobierno se ha gastado en promocionar los logros obtenidos, cientos de millones de pesos en propaganda que nada más el año pasado sumó 485 millones de los que 155 millones 163 mil pesos se embolsó Televisa.

Está requetebién que se atienda a la población con sobrepeso y más todavía a los diabéticos. Por supuesto que sí. Pero lo que no tiene nombre es que nos vendan la idea de que ese es nuestro principal problema, cuando no comer es más grave y sabiendo que la solución no es dar comida, sino empleo, empleo bien remunerado.

Pero, no, ahora resulta que el problema nacional es que somos pobres pero gorditos.

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