miércoles, 16 de noviembre de 2016

8276. CUENTAZO.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA
Cuentazo.
Tía Pacha (se llamaba Francisca), y tío Lindo (Herlindo de nombre), eran de los de Toluca y tuvieron cinco hijos, tres mujeres y dos varones. Aparte de llamarse así, eran casi normales: él, contador y ella (como se decía antes) ‘dedicada al hogar’. Lo de ‘casi normales’ es por lo increíblemente consentidores que eran con sus hijos, pero consentidores al grado de escandalizarnos a los otros niños. Tía Pacha, ya viejita y muy viuda (a tío Lindo le pasó por encima -completo- el ferrocarril México-Veracruz, se recuperó un zapato y el anillo de casado), lloraba las penas que le daban los cinco hijos, que la veían poco, la ayudaban menos y, los hombres, eran clientes frecuentes de la Delegación de policía y las mujeres, esporádicamente casadas y muy distraídas de faldas. Tía Victoria, ya sabe quién, la lengua más temida de la época, una vez, oyéndola quejarse, le dijo: -Cómete tu guiso, Pacha, cómete tu guiso, deja los lamentos y de molestar a los demás –duro… pero cierto.

Las declaraciones de autoridades judiciales, legisladores y algunos políticos que se desgarran las vestiduras por la corrupción rampante en algunas entidades del país; junto con las lamentaciones de proveedores y contratistas; y las sensacionales revelaciones de cierta prensa (en particular los noticieros de la televisión), harían pensar a algún extranjero recién llegado a México, que todo eso nos tomó por sorpresa.

Pareciera que de repente descubrió la autoridad que algunos gobernadores, algunos altos funcionarios, algunos empresarios tramposos, estuvieron robando, malversando, disponiendo de los bienes y caudales públicos como propios (y peor, que lo propio se cuida, no se despilfarra), cuando la verdad es que no se pueden quebrar las finanzas de todo un estado sin la complicidad de muchos.

Ayer, campanudamente, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) informó que hay 15 estados de la república con denuncias penales por diversos actos ilícitos relacionados con el presupuesto que reciben de la federación, lo que de inmediato hace pensar en si la Secretaría de Hacienda no se entera, o que si se entera, igual le importa un reverendo y serenado cacahuate y sigue mandando los recursos, confiando en que ya no se malversará, desviará, malgastará ni  robará ni un peso, nadie: no es justificable que el gobierno federal haga abstracción de tales hechos y siga mandando las carretadas de dinero que se derraman en todo el país, a sabiendas de que no se destinan a lo que están dispuestos, que no se aplica la normatividad administrativa, que no se respeta la ley.

También queda en el aire si de verdad la Secretaría de Hacienda federal, sin necesidad de esperar resultados de las revisiones que hace la ASF, no se entera del destino de los dineros públicos, pues que uno sepa, Hacienda controla las cuentas concentradoras a que hacen las transferencias y bien saben de todos los movimientos de capital de cada gobierno, a menos que ahora resulte que los bancos respetan el secreto bancario y le niegan acceso a ¡la Secretaría de Hacienda! a la información sobre sus propios recursos, por más que estén depositados en las cuentas de los estados.

Debería ser un escandalazo monumental lo que nos informó la ASF apenas el viernes pasado (‘El Economista’, agosto 11, 2016; nota de  Luis Carriles): “(…) las auditorías realizadas indican que los 32 gobiernos estatales del país tienen observaciones en el manejo de los recursos federales; el impacto económico total de la deficiente gestión asciende a 221,182.5 millones de pesos entre el 2011 y el 2014 (…)”

Es del todo imposible que más de 221 mil millones de pesos se puedan malgastar sin que se mueva la hoja del árbol. Hay cuando menos, graves omisiones de las autoridades del Poder Ejecutivo federal que muy orondas siguen su rutina de entrega de recursos, dejando que el lento mecanismo de revisión y fincamiento de responsabilidades del Poder Legislativo, vaya atrás, muy atrás, tratando de contener la hemorragia que desangra a los estados.

Al mismo tiempo hay que decir algo más: no se puede considerar que un gobernante, él solo, pueda mal disponer de los recursos del erario. Es del todo imposible. Y una vez que se enderezan los cañones de la opinión pública contra un gobernante, pareciera que no tenían gabinete, secretarios de finanzas, de administración, Congreso, órganos de control. Pareciera que nadie tiene responsabilidad, cuando la verdad es que se trata de complicidades colectivas, por omisión y comisión… estamos hablando de más de 221 mil millones de pesos por explicar nada más entre 2011 y 2014, porque no todo se lo robaron, pero cuando menos, lo administraron mal, en el mejor caso; y aparte están bailando 826.8 millones de pesos de hallazgos de auditorías a universidades estatales; 3,713.2 millones de municipios y 8,025.6 millones de pesos que con toda malicia simularon algunos gobiernos estatales haber reintegrado a los rubros que corresponden, sacándolos después de nueva cuenta.

Alguna explicación nos deben los secretarios y sus administradores, responsables, ellos sí, del manejo directo del dinero. Alguna explicación nos deben los congresos estatales que aprueban la Cuenta Pública año con año. Alguna explicación nos debe la Secretaría de Hacienda federal, la Secretaría de la Función Pública. Esconder raterías es una cosa, el saqueo y la mala administración masiva son otra cosa.

Y por lo que toca al terrible endeudamiento que a voz en cuello se pregona que causaron esos malos gobernantes, es un ejercicio de cinismo público: no hay un solo peso de deuda que se pueda contratar sin la previa revisión y visto bueno del gobierno federal y de los congresos locales.

El gobierno federal sabe que está obligado a aparentar que va en serio contra la corrupción, pero ha sido (y es), corresponsable del despelote. Mucha consentidera, mucha aceptación de lo inaceptable, mucha irresponsabilidad y ahora, con unas cuantas cabezas suponen que nos vamos a tragar esto que no es sino un cuentazo.

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