jueves, 17 de noviembre de 2016

8282. A REATA CORTA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

A reata corta.
Para que se dé usted una idea de cómo era el matrimonio de tía Cata y tío Emilio, recuerde alguna foto que haya visto de Berlín en 1945 cuando terminó la guerra. Tantito peor… y nunca se divorciaron. La tía (ya larga y felizmente viuda), contaba que varias veces estuvo a punto de echarlo de la casa o nomás dejarlo, pero ‘Emilio tenía mucha suerte’, decía sonriendo, negando con la cabeza y alzando las cejas, con incredulidad. Una vez lo esperó con maletas hechas a que llegara de la parranda, nomás para hacerle saber que se iba pero, entrando él, empezó el temblor que tiró al Ángel de la Independencia, su casa se rajó de arriba abajo y la tía consideró prudente dejar para mejor ocasión el aviso. Otra vez, terminando de aventar a la calle por la ventana, la ropa al tío Emilio, algo empezó a arder en la cocina y entre los dos apagaron como pudieron el incendio que casi arrasa con el domicilio conyugal; resultado: cese de hostilidades por causas de fuerza mayor. Una más: esperándolo la tía en un bufete de abogados, ya para nomás firmar papeles y terminar con ese Viacrucis matrimonial, a tío Emilio en su coche, parado en un semáforo, lo embistió por atrás un camión de la basura que lo mandó a cuidados intensivos un mes: continuación ‘pro tempore’ del contrato. Sí: tío Emilio tenía mucha suerte.

Nuestros gobernantes también.

Ahora mismo, con el gobierno federal y el Presidente de la república en niveles de impopularidad que de tan bajos resultan increíbles y de dudarse (a menos que sea usted el último terrícola con fe en las encuestas); con la vida pública del país como una olla express a punto de reventar por el calor de los escándalos acumulados; aparte del rosario de gobernadores y exgobernadores que están en la tómbola judicial: Javier Duarte, de Veracruz (prófugo); Tomás Yarrington y Eugenio Hernández, de Tamaulipas (prófugos); César Duarte, de Chihuahua (sin expediente abierto, señalado de varias cosas difíciles de explicar); Jesús Reyna, de Michoacán (en la cárcel); Guillermo Padrés, de Sonora (en la cárcel); Jorge Herrera Caldera, de Durango (anda amparado); Rodrigo Medina, de Nuevo León (bajo proceso); Miguel Alonso Reyes, de Zacatecas (correteado aunque sin expediente); Roberto Borge, de Quintana Roo (denunciado).

Así y con 120 millones de tenochcas oteando el horizonte con los ojos muy abiertos y la sonrisa congelada, esperando los prometidos prodigios que las reformas estructurales nos traerían, llevando a México hacia los ubérrimos pastizales del progreso… ya casi en la desesperación o el conformismo de ‘peor es chile y agua lejos’, de repente, apareció Donald Trump. Sí, tienen suerte.

Antes otras cosas han permitido, aunque fuera por breve tiempo, distraer la atención del respetable: el estado que guardan las nalgas de la señora Alejandra Guzmán; la esperanza de ver a nuestros aguerridos aguiluchos en la segunda ronda del campeonato mundial de futbol; los desfiguros de ‘ladies’ y ‘lores’ en las redes; el agarrón Chivas-Televisa y hasta la dicha inicua de nomás oír a quienes conducen gallardos la nave nacional (“no se dice ‘ler’”, para ponerlo en letras de bronce en la fachada de la SEP).

Pero hay situaciones en las que ya no se distrae la gente ni con la entrega ante la autoridad de un exgobernador prófugo, ni con la concha de la Suprema Corte que despreció el asunto de doña Elba Esther y no lo atrajo haciendo como que no saben que tiene preganados todos los pleitos gracias al nuevo sistema penal, ni que la Ma’Baker Gordillo el 6 de febrero del año pasado, le sopló a 70 velitas en su pastel de cumpleaños y debería estar en su modesta casa, esperando una sentencia que por más dura que fuera, cumpliría en casita, viendo tele y apapachando nietos (digo, soltaron a Caro Quintero). Sí, hay veces en que parece que se acabaron los salvavidas… y entonces, aparece don Trump, ¡hay un Dios! (diría don Manuel).

Ahora, si la moneda cae, la economía se deprime, la delincuencia no le afloja, el Secretario de Educación sigue hablando: ¡Trump!, para los juanetes, el sudor frío, el estreñimiento o la falta de vigor: ¡Trump!, remedio importado para todos nuestros pesares, que no le digan, que no le cuenten… Trump es lo de hoy.

Y don Trump que en el fondo le tiene cariño a Peña Nieto, le echa gasolina a la lumbre y amenaza con expulsar a dos o tres millones de migrantes si tienen antecedentes penales… ¡uy, qué horror!: Obama que es tan cuate, deportó a 2.8 millones: “De 2009 a julio de 2016, la administración de Obama sacó de su país a dos millones 858 mil 980 personas que no acreditaron su estancia legal en Estados Unidos, 47 por ciento sin antecedentes penales”; ‘El Financiero’; 14 de noviembre de 2016, nota de Anabel Clemente. Aplíquese don Trump, así no nos asusta.

Ni tampoco nos espanta el sueño con su amenaza de cancelar el sacrosanto TLC, precisamente para el 7 de agosto de 2017, en la mañanita, si no se le concede una renegociación a su entera satisfacción… mmm, joven, le anda quedando mal a sus amigos del KKK: salirse del TLC por sus puras pistolas, no puede, necesita la aprobación de su Congreso y hacer como que no existen países como Alemania (que la Volkswagen de Puebla exporta carros a los EUA). Ya se lo explicó con manzanitas Obama que en su conferencia de prensa del lunes, dijo: “(solo), para eliminar acuerdos comerciales con México, por ejemplo, hay que tomar en cuenta que hay una cadena global de suministro”. De veras don Trump, siéntese a leer (no a ‘ler’).

El 9 de agosto pasado, el ‘Washington Post’ publicó el estudio que encargó a Moody’s sobre los efectos de aplicar el modelo económico que propone Trump… los asustados son los ‘US citizens’: la economía de EU se contraería 4.6% hacia finales de 2019 si le impone aranceles a China y México; perderían 4 millones de empleos y el déficit del presupuesto federal (yanqui) sería 60% mayor.

Usted no se apure. Nos va a dar lata, sí, pero los empresarios y políticos de los EUA se van a encargar de traerlo a reata corta.

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