domingo, 20 de noviembre de 2016

8292. LA TIERRA NO SE VENDE.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

La tierra no se vende.

Llegó la lluvia, en los ojos del pájaro Marutsíí y bajo su canto sembraremos los cuerpos que no tienen sepultura, y en los ojos de la luna tierna cortaremos la bellota que ensalivara el pico del pájaro carpintero.
Hubert Matiúwaa (1986-)
Pertenece al pueblo mè’phàà (o tlapaneco) 
en la Montaña de Guerrero.


Oscurecía cuando avistamos unas cuantas chozas ubicadas en una colina, cerca de un río. A esa hora la luz que muere hace que las cosas reverberen con un brillo especial. Un grupo de niños y unos perros nos recibieron, el viejo saludó a los niños y se dirigió a una choza ubicada en el extremo opuesto de la pequeña comunidad en donde ya nos esperaban algunas personas, hombres y mujeres que nos abrazaron afectuosamente.

El olor del copal la casa. En el piso de la habitación había varios ramos de flores silvestres, plantas de maíz, frijol, frutas e imágenes de santos que formaban un círculo en cuyo centro había cinco veladoras formando una cruz en cuya cabeza estaba la fotografía de un hombre, era joven, tenía en los ojos la luz de la esperanza. Era una ofrenda funeraria a la Madre Tierra, al Gran Espíritu para pedir por el alma del difunto.

El viejo se inclinó frente a la imagen del fallecido y por un momento permaneció en silencio. Al rato las mujeres trajeron comida, pero el viejo y yo sólo tomamos té. Era el último día del novenario del muerto. Después se reunieron hombres y mujeres de la comunidad. Hablaron en su lengua y no entendía nada, traían ofrendas para la familia, elotes, frijol, gallinas, lo que cada quien quería traer para compartir, era una noche especial.

Se llamaba Ignacio y un mal día decidió irse al norte. Dejó a su esposa Mariana en el pueblo y se fue al amanecer. Mariana lloró y lloró cuando Nacho se fue, tenía un mal presentimiento en el corazón.

Durante varias semanas no supieron nada de Nacho, pero las malas noticias vuelan, y un día alguien les dijo que Nacho murió en el desierto, los “coyotes” lo abandonaron a su suerte. Los ancianos del pueblo se lo advirtieron pero Nacho no los escuchó: “¿A qué vas al norte?, allá no hay nada para ti. El norte es una trampa para el hombre que ha crecido en la tierra, porque los que se van nunca regresan, cortan las raíces que los unen a su tierra y a su gente. Los que se van lo pierden todo, no sólo a sus seres amados, también pierden su alma”. 

Nacho tenía sus razones y tenía sueños, pero eran sueños que no eran de él. Creía que en el norte podría ganar lo suficiente para comprar un pedazo de tierra, una casa, una troca, cosas que al final de cuentas sólo son ilusiones que nos meten y que crecen como mala yerba envenenando el alma. Se decidió a irse porque en el pueblo las cosas iban de mal en peor desde que el gobierno anunció que iban a construir una presa y el pueblo y otros pueblos desaparecerían, les prometieron que les darían otras tierras y dinero y desde entonces, los ancianos y las mujeres se la viven en reuniones que no llevan a ningún lado, el gobierno y sus representantes pasaron de las promesas a las amenazas, llegaron soldados con sus armas largas, pero la respuesta de los viejos ha sido y será: “La tierra no se vende. Pelearemos si es necesario, moriremos por nuestra tierra, porque de alguna manera nuestra semilla crecerá algún día, y renaceremos en las flores, en los árboles y en el maíz y nuestra alma estará cerca de los suyos”.

Nacho no alcanzó a llegar al norte  ni a regresar con los suyos, su alma se quedó en el desierto y ahora está perdido, me explicó el viejo. Este era el momento de orar por su alma, la última oportunidad para ayudarlo a encontrar el camino de regreso a casa, tenía que volver con su gente para agarrar fuerzas para el viaje final de regreso a la casa del Padre, del Gran Espíritu.

Antes de la media noche la comunidad se reunió en torno a la ofrenda y juntos oraron por el alma de Nacho. A la media noche terminó el rito. El alma de Nacho emprendió el viaje. En el vientre de Mariana algo se movió, esa noche supo que tendría un bebé y se alegró y de alguna manera misteriosa supo que Nacho estaba ahí, junto a ella. En lo alto la luna brillaba intensamente.

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