viernes, 18 de noviembre de 2016

8287. EN EL MISMO SACO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

En el mismo saco.
Muchas historias contaba la abuela Elena de un tío suyo, Margarito, un sombrerudo grandote y panzón, siempre de pistola al cinto, que allá a principios del siglo pasado, fue alcalde de Autlán largos años, porque a la gente le acomodaba su modo y lo instantáneo y acertado de sus resoluciones, que parecía todo lo hubiera sabido y meditado desde antes que se lo plantearan, como aquella vez que doña Francisca (muy conocida dama de la localidad, dueña de una casa en cuya planta baja los parroquianos bebían y bailaban, atendidos por señoritas que en la planta alta también atendían), fue a verlo para quejarse de unos muchachos que le habían faltado al respeto a sus pupilas, a lo que de inmediato respondió el alcalde: -Si no pagaron, hago que paguen; si lastimaron a sus chamacas, yo mismo los baño en sangre… pero, que se las respeten, oiga, entonces no las tenga de putas -y sanseacabó. El que sigue.

Notas de prensa destacadas ayer:

‘Relaciones Exteriores declara medidas de emergencia en la era Trump’; ‘Cónsules se suman a mensaje de apoyo a migrantes en EU’; ‘Gobierno de México dispara una alerta’; ‘Paisano, no estás solo: cónsules mexicanos’; ‘La CdMx trabajará en alternativas para migrantes deportados’; ‘Gobierno lanza estrategia para evitar deportaciones’… ¡Nadie se raje!

Nuestros gobernantes al grito de ¡Trump!, andan en plan del acero aprestar y el bridón, muy entusiasmados por la oportunidad que la vida les da de defender a la patria y exhalar en sus aras su aliento; listos a probar a todo tenochca, esté donde esté, que el Cielo un soldado en cada funcionario nos dio; y que prefieren un sepulcro de honor antes de que haya duda de que el TLC es nuestro eterno destino.

Y este imperdonable junta palabras se acordó de la Francisca y sus pupilas. De veras, no tiene uno perdón de Dios.

Por supuesto está requetebien que nuestro gobierno defienda a los mexicanos a los que tocará aguantar el trato preferente que previsiblemente recibirán de parte de los empleados de don Trump; por supuesto que sí. La cosa es que no puede uno sino extrañarse ante el amargo recuerdo de las protestas que prudentemente murmuraron mientras el presidente amigo, don Obama, deportaba a dos millones 858 mil 980 connacionales.

No puede uno evitar acordarse que en tiempos de don Bill Clinton -otro de esos presidentes yanquis a los que tanto simpatizamos y nos tienen cariño verdá-, se empezó a construir el muro entre ellos y nuestro sagrado suelo, barda que -tan simpáticos-, llaman ‘El Muro de la Tortilla’ y ahorita va en 1,050 kilómetros, poquito más de la tercera parte del total de los 3,145 kilómetros de frontera (‘Operación Guardián’, ‘Programa de lucha contra la inmigración ilegal’, aprobado por el Senado yanqui el 17 de mayo de 1996, que consiste en el muro con iluminación de alta intensidad, equipo de visión nocturna, sensores electrónicos y detectores de movimiento, más tres barreras de contención; aunque ya desde antes, desde 1990, venían construyendo tramos cortos).

Sí, es a todo dar que ya se escuche el clarín con su bélico acento, pero extraña uno la atronadora voz de los líderes políticos nacionales agitando a las masas para tomar las calles e impedir la firma en 2008 del Plan Mérida, que nos endilgó don Calderón, a solicitud de papá Bush (otro ‘amigo’ de México), dejando las puertas del país abiertas a los cuerpos policiacos y de inteligencia yanquis, y nos metió en una guerra contra el narco que ya va en 160 mil difuntos y varios miles de desaparecidos (guerra que dirigen ellos, los yanquis), guerra que sufrimos sin caer en cuenta que la de Vietnam a los estadounidenses, costó 58,159 vidas, 1700 desaparecidos y no acaban de superar en los EUA el trauma… mientras acá, son pelillos a la mar.

Todo lo cual, no debe prestarse a confusión: sí es obligación de nuestros funcionarios, políticos y gobernantes defender el himen patrio de las embestidas del libidinoso Trump, claro que sí. La lástima es que no respeten a nuestras autoridades y a nuestros políticos porque no son respetables, pues siendo verdad científica que en todas partes se cuecen habas, en cuestión de escándalos oficiales en México producimos más que la Sabritas. Mire usted:

Dejando de lado los chismes contra nuestro Presidente, piense que son 15 exgobernadores los que andan en líos con la ley, y si eso le parece hasta síntoma de que las cosas se van enderezando, entérese que ayer el INE (antes IFE), papaloteó la siguiente información: ‘Los partidos políticos deben $626 millones al IMSS, SAT e Infonavit’.

O sea, la estructura misma de la política del país, no conforme con las corruptelas que uno de mal pensado supone cometen en sus gastos anuales y en cada campaña, aparte, se roban los impuestos o cuando menos, los dejan de pagar porque ya se los gastaron en otras cosas. Y esos partidos son los que desde el Congreso legislan qué impuestos debemos pagar todos.

No se salva ni uno: el PRD debe 332.8 millones; el PRI, 73.6 millones; el PVEM, 52 millones; el PT, 45.9 millones; MC, 44.7 millones; el PAN, 37.15 millones; Nueva Alianza, Encuentro Social y el Partido Humanista, 9.5 millones cada uno; Morena, 6.6 millones; y los 21 partidos estatales, 4.7 millones. Ni uno solo en orden. Les descuentan a sus empleados el ISR y no se lo dan a Hacienda, lo mismo con las prestaciones sociales.

La dirigencia nacional de los partidos es responsable de tener al día sus asuntos fiscales; no lo hacen porque ellos mismos se cambian de lado del mostrador y ya como autoridad, no se van a perseguir a sí mismos.

Nos indignan las barbajanadas que dice Trump de México y los mexicanos, pero alimenta continuamente sus razonadas sinrazones la conducta de nuestra clase política, que no es respetada porque no es respetable.

Los masiosares lo saben y no nos respetan como país, porque ellos no van a andar con chiquitas distinguiendo con lente de relojero: ‘este mexicano es gente decente, este es un delincuente’, poniendo aparte a cada uno, no: todos en el mismo saco.

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