lunes, 21 de noviembre de 2016

8298. DELINCUENTE CONFESO.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Delincuente confeso.      
Tía Elenita -de las de Toluca-, era una señora como cualquiera, ni santa ni diabla: razonablemente guapa, esposa y madre estándar, cocinera aceptable, católica promedio: normal; pero una cosa tenía, una cosa terrible: hipocondría (con el acento ahí), pero hipocondría en grado extremo: siempre creía estar enferma, gravemente enferma y su vida era un viacrucis: un estornudo era cáncer de pulmones; un dolor de estómago, tumor seguro; una uña enterrada, gangrena inminente. No era vida lo suyo y su marido -tío Tomás- y sus cinco hijos, vivían alegando con ella porque encima, era un roble y no le daban ni catarros. Puso remedio Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda, aunque lo hizo por ganar dinero, pero arregló la situación: la llevó con un doctor amigo suyo, crápula profesional, que puesto de acuerdo con Pepe, empezó a diagnosticar a la tía las enfermedades más extrañas y letales, que le curaba con medicinas o inyecciones que no había en México y mandaba pedir a París, a Rochester, a Moscú y Pekín, aunque eran chochos de azúcar o ampolletas de agua destilada, a las que pegaban las etiquetas que Pepe mandaba imprimir en el portal de Santo Domingo. Resultado: la tía, feliz de estar enferma, feliz de tener un sobrino tan atento, y feliz de tener (¡por fin!), un medicazo. El que no estaba tan feliz era tío Tomás, que llegó a pagar fortunas, pero: ¡todo sea por tener la fiesta en paz!

Ignora el del teclado si en el resto del mundo las cosas son como acá, pero en México, pareciera que los medios de comunicación tuvieran empeño en mantenernos preocupados.

Cuando de plano no hay malas noticias de esas de ¡y-retiemble-en-sus-centros!, entonces echan mano del calentamiento global; la licuefacción de los Polos; el inminente desastre ecológico planetario; la aparición de una cepa de gripe desconocida, muy contagiosa, incurable y peligrosísima, entre las ardillas de la aldea de Bogd Khan Uul (Mongolia); la desaparición quincenal de un idioma; y si definitivamente no encuentran con qué captar la atención del respetable y mantenerlo en vilo, echan mano de las profecías mayas o de la cuarteta 112 de Nostradamus que ‘predice’ la aparición de Trump y que va a reventar al planeta (aunque Nostradamus escribía de cien en cien sus cuartetas y jamás escribió la 101 de ninguna; digo, por si cree usted en esas cosas).

Si obedece eso a una táctica de ‘marketing’; a una perversa y bien orquestada estrategia internacional del gran capital para distraernos de sus maquiavélicas maniobras; o si es por una epidemia de psicosis colectiva entre los jefes de información de prensa, televisión y radio, es lo de menos, lo que importa es que estemos alerta: no todo está mal aunque muchas cosas sí están mal, otras puedan estar mejor; y algunas, no pocas van mejorando y aparte, hay un lote no depreciable de cosas que están estupendamente bien (el Banco Mundial, por ejemplo, reporta que en 2015, la población mundial en situación de hambre, se redujo -por primera vez en la historia-, a una cifra de un dígito, el 9.6%, cuando apenas en 2012, era el 12.8%; y esperan que en los años 30 de este siglo, desaparezca de la faz de la Tierra el hambre: eso no es noticia).

Por supuesto es un alivio que lo malo sea noticia, porque significa que lo bueno es lo normal y ni modo que salga como nota principal de ningún diario que una mamá dio pecho, un papá fue a trabajar o un policía ayudó a cruzar la calle a una viejita. Esas cosas son lo cotidiano y por eso es que no vamos a comer tacos con una escopeta cuata en la mano (aunque en algunas ciudades de nuestro país haya que estar muy a las vivas, porque pasan muchas cosas terribles con una frecuencia inaceptable).

También es cierto que esta prensa fiscalista, de pelotazo y escándalo, aporta algo muy bueno a la vida pública del país, porque los funcionarios y políticos, con el auxilio de todos los portadores de esos teléfonos que ya no se llaman teléfonos pero toman foto y video con sonido, están cerrándole mucho el margen de maniobra a malandrines y sabandijas. Eso está muy bien.

Dicho lo cual, importa que no se vaya usted a dejar mangonear el estado de ánimo: ni los pésimos gobernantes al uso van a acabar con México, ni estamos en una situación siquiera cercana a otras crisis que hemos sorteado aceptablemente bien, sin pretender que entonces, no importan las pifias actuales, ni que haya que despreciar las señales de alarma de los hechos internacionales (no, claro que es sano estar atentos, pero no al precio de vivir angustiados).

El del teclado se atreve a afirmar que aquellos que gobiernen al país el próximo sexenio, van a pisar mucho más quedito y los gobernadores de los estados van a empezar a olvidarse de aquello de que son virreyes: ya se les acabó, 15 correteados actuales, entre ellos uno que sí era muy amigo del Presidente y le hizo jugosos favores contantes y sonantes, a las campañas políticas del partido que vino a renovarnos y mover el país, lo prueban.

Tampoco se crea usted que el barbaján Trump va a poner contra la pared a todo el mundo. En ese país sí es real la división de poderes y los congresistas suelen no ‘recibir línea’, como los de nosotros, votando en conciencia o de acuerdo a los intereses que representan. Don Donald va a dar lata, ya lo hemos dicho, pero también nos va a regalar unas cuantas buenas carcajadas (hágase de cuenta Fox, pero a lo bárbaro); por lo pronto, que acaba de llegar a un ‘acuerdo’ con los 6 mil estudiantes de la ‘Universidad Trump’ (que funcionó de 2005 a 2010 y cerró tras las acusaciones de fraude), y va a pagar 25 millones de dólares a los demandantes, por haberlos engañado diciendo que su escuela patito era ‘universidad’ reconocida. Dijo el fiscal general de Nueva York, Eric Schneiderman: “El acuerdo representa un revés para Trump y una gran victoria para las más de 6 mil víctimas de su fraudulenta universidad”. En otras palabras, para vergüenza de ese país, su Presidente es un delincuente confeso. 

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