viernes, 25 de noviembre de 2016

8318. NO SOMOS COMO SOMOS.

Por el Sr. López
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

No somos como somos.  
A ver, en serio y sin que se enoje: ¿para qué nos sirve tener gobernadores? No grite, tranquilo, nomás piénselo. Cuando termine con eso, dígase a usted mismo: ¿para qué nos sirve tener congresos en cada estado?... cada uno con su auditoría superior, cada entidad con su Suprema Corte (supremita), y cada gobierno estatal con su gabinete, con su estructura a escala (como avioncito de juguete), copiada de la federal.

No se trata de que instalemos en México un Tlatoani Central Máximo, aunque hayamos tenido de esos cuando el país ha caminado mejor… o menos mal, que eso fueron Juárez, Díaz, Carranza, Obregón, Calles, Cárdenas y hasta Ruiz Cortines. Pero no se trata de eso porque también hemos sufrido a personajes delirantes como Echeverría, López Portillo y Salinas, que nos sacaron canas verdes.

Mientras encuentra respuesta a la pregunta de buena fe: ¿para qué nos sirve tener 32 gobernadores? (bueno, 31 y un Jefe de Gobierno de la CdMx), aproveche para reflexionar en un hecho que parece poco discutible:

Cuando más se nos ha descompuesto el país, en tiempos de paz, ha sido desde que se empezó a descentralizar el gobierno federal: la Secretaría de Educación y la de Salud, se transformaron en 32 secretarías, inútiles réplicas en chiquito de la estructura nacional que teníamos y funcionaba bien a secas, en todo caso, mucho mejor que ahora; y así con otros rubros como la construcción de escuelas que era una maquinaria de relojería (cuando el CAPFCE), y hoy es un catálogo de problemas.

Luego, ya instalados en Los Pinos los señores que sabían de política lo que de violín el que lo estudió por correspondencia, empeoró mucho la cosa, pues cuando la autoderrota del PRI, Zedillo mediante (aterrorizado por la más que posible venganza de los Salinas), quedamos en manos de un Fox lenguaraz y charlatán, y lejos de conquistar la democracia, conseguimos el caos: los gobernadores pasaron de golpe, de sumisos empleados del Presidente, a virreyes, amos y señores de sus estados, libres y soberanos, con plena autonomía política, voraces consumidores de recursos que les empezó a mandar masivamente la federación, sin fiscalización efectiva ni rendición de cuentas, sin que casi ninguno de ellos recaudara ni hiciera productiva a su entidad.

Del priísmo nacional encarnado en la figura del todopoderoso Presidente de la república, pasamos a 32 mini priísmos comandados por 32 poderes ejecutivos chiquitos, responsables en no tan raros casos, de la incontenible hemorragia financiera que campea hoy día en las finanzas públicas transformadas en negocios privados, muy privados. Y están pensando con seriedad hacer eso mismo, pero ahora con los alcaldes… ¡Jesucristo-aplaca-tu-ira! como decía la abuela Virgen con los terremotos.

Así, en poco más de 15 años, llegamos a donde estamos: no todos pero sí muchos estados quebrados, endeudados; una corrupción generalizada como no conocimos antes; una élite diminuta de súper ricos; más pobres que nunca y la sociedad toda, pasmada.

Ya tuvo tiempo suficiente: ¿para qué nos sirven los gobernadores?... usted dígalo. Así como son algunos, con su corte de aduladores, sus bufones de alto precio, sus residencias oficiales dándose vida de sultanes, sus secretarios-todo-terreno que le entran a lo que sea, a lo que sea dicen que sí y no hacen gestos ante ninguna decisión de su jefe querido por esperpéntica que sea. ¿Para que nos sirven?... ¿nos sirven?... usted decida. Porque hay de otros, eficientes gestores ante la federación, promotores de iniciativas productivas, administradores escrupulosos, custodios de la aplicación de la ley, que serán los menos, pero hay de esos.

Los primeros, las caricaturas de Heliogábalo, torpes imitadores de Creso, jeques de huarache, arribistas y trepadores, no sirven para nada, dañan mucho y hoy tenemos más de una docena perseguidos por la ley. Los segundos, los diligentes enlaces entre la sociedad y las instituciones nacionales, no necesitan la costosa parafernalia que implica presidir un Poder Ejecutivo; sirven pero servirían igual y hasta mejor asumiendo su real papel de simples coordinadores entre municipios y el gobierno federal. No delira el del teclado, hay países en los que más o menos así están organizados; en Francia por lo pronto. Acá todo es una mala copia del sistema de los EUA.

En México tenemos que replantearnos la organización del Estado. El riesgo en que estamos es el poder creciente de organizaciones privadas (ONG’s es su etiqueta más común), financiadas por quienes nunca sabemos, con intereses por determinar; y los candidatos independientes que pueden ser una trampa, caballos de Troya que nos den una desagradable sorpresa, apoyados y promovidos por el gran capital extranjero.

No podemos seguir haciendo lo mismo. Cada seis años elegimos Presidente de la república, 64 senadores (con 32 de primera minoría y otros 32 plurinominales), y 32 gobernadores (incluido el de la CdMx, como se llame); aparte, cada tres años, elegimos a 300 diputados federales (con 200 plurinominales); 1,137 diputados locales y asambleístas; y 2,440 cabildos y alcaldes, más 16 delegados de la CdMx. Cada seis años nos echamos aparte de la elección presidencial, 7,882 procesos electorales (acuérdese de multiplicar por dos los cargos de tres años). Tanta democracia parece carnaval. El costo es inmenso, la ineficacia también. ¿Dónde está la cantera en que encontramos casi ocho mil candidatos adecuados cada seis o tres años?... es una tómbola de puestos y un sistema que propicia la triquiñuela y la corrupción.

El ya arrumbado Porfirio Muñoz Ledo insistió durante años en la seria necesidad de refundar la república, hacer una nueva Constitución, con menos pelos y mejor peinados, que responda a nuestra verdadera personalidad colectiva, a como realmente somos los mexicanos, que de federalistas no tenemos nada.

No nos gusta cómo están las cosas. Si las seguimos haciendo igual, seguirán igual. Estamos como estamos porque fuimos lo que fuimos y no somos como somos.

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