lunes, 28 de noviembre de 2016

8323. ¿PARA QUÉ?

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¿Para qué?
Fidel Castro murió el viernes pasado a los 90 de edad. Es sin duda el político de América Latina, de mayor estatura del siglo XX. Que al del teclado le haya sido siempre simpática su figura por los berrinches que le ponía al tío Sam, es una trivialidad sin importancia; ahora, a su muerte, importa la verdad: Fidel es nada más, creación de la inmensa estupidez del gobierno yanqui.

La revolución de Castro fue contra el gobierno del general golpista Fulgencio Batista, quien derrocó a Carlos Prío Socarrás; Fidel triunfó gracias a que los cubanos estaban hasta el copete de la inmensa corrupción de Batista, que se largó el 1º de enero de 1959 ya con la lumbre en los aparejos (y poco menos de cien millones de dólares en las alforjas, una bicoca para los estándares de un país que el del teclado sabe).

Fidel, 2 de enero de 1959, nombró presidente interino de Cuba, por sus purititos calzones, a Manuel Urrutia Lleó, señor serio y decente, abogado que había sido juez de la Provincia de Oriente, quien para gusto de toda Cuba, dado su prestigio, recibió el poder de manos del sustituto por un día de Batista (un tal Anselmo Alliegro y Milá). El gobierno de Urrutia fue reconocido por los EUA.

Fidel quedó de mandamás, aunque oficialmente sólo era: Comandante en Jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire y ministro de Defensa, Recuperación de Bienes Malversados, Agricultura y desde el 16 de febrero Primer Ministro también. Nada mal.

Castro lo mandó a tomar viento fresco a los siete y medio meses -el 17 de julio de 1959-, pues Urrutia Lleó asumía jurídicamente su papel de Presidente Provisional, y exigía la celebración de elecciones, a las que se comprometió Fidel por escrito en el ‘Manifiesto de la Sierra Maestra’, que firmó junto con Felipe Pazos y Raúl Chibás, el 12 de julio de 1957, que a la letra dice:

7) “Declarar bajo formal promesa, que el gobierno provisional celebrará elecciones generales para todos los cargos del Estado, las provincias y los municipios en el término de un año bajo las normas de la Constitución del 40 y el Código Electoral del 43 y entregará el poder inmediatamente al candidato que resulte electo”.

Y, oiga usted, don Fidel ha de haber pensado que no las pasó canutas en la Sierra Madre durmiendo al raso, como para arriesgarse a unas elecciones, porque además, firmar entre cuates un papelito cuando no se sabe si se amanece vivo, es una cosa, y muy otra, estar trepado en el poder y regalarlo al primero que le gane una votación. Hay que entender.

Como sea: Fidel se quedó con el poder 49 años. Si usted no desea llamarlo dictador, está bien, pero en la isla nomás él mandaba.

Otras cosas a las que se comprometió Fidel en el ‘Manifiesto de la Sierra Maestra’ (punto 8), fueron: A) Libertad inmediata para todos los presos políticos, civiles y militares (en 2015 se calcula que tenía 8,616); B) Garantía absoluta a la libertad de información, a la prensa radial y escrita y de todos los derechos individuales y políticos garantizados por la Constitución… F) Democratización de la política sindical promoviendo elecciones libres en todos los sindicatos y federaciones de industrias; entre otras cosas. Nada cumplió. ¡Chin!, eso de andar firmando promesas (y sigue la moda).

Fidel recibió un país del que en 1950, el Banco Mundial dijo (‘Informe de la Misión Truslow’): “…los niveles de vida de los campesinos, trabajadores agrícolas, trabajadores industriales, oficinistas y otros, es mucho más alto que los de sus grupos similares en otros países tropicales y que la mayor parte de los países de América Latina”.

Cuba tenía en 1959, un ingreso per cápita de más del doble que España (Atlas of Economic Development, en Cuba 374 dólares por cabeza; en España, 180 dólares). Si duda, ahí léase el número de octubre de 1964, ‘La economía de Cuba, su comercio exterior, su significado en el mundo actual’, en la revista yanqui ‘International Affaires’, donde dice: “En 1958 la población cubana ascendía a 6,5 millones de personas con un ingreso per cápita de unos $350 (calculado el ingreso nacional según la metodología capitalista)…” firmado por un señor que a lo mejor le suena: Ernesto ‘Che’ Guevara.

De 1902 a 1958, Cuba exportaba más de lo que importaba, con solo dos años en que fue al revés, 1907 y 1921; con Fidel un rollo de papel sanitario es un lujo.

En 1958 la deuda externa cubana era de 48 millones de dólares (48), para 2008 era mayor a 31 mil millones de dólares. Sin tomar en cuenta que la Unión Soviética mandó a Cuba de 1960 a 1990, 65 mil millones de dólares (60,5% en donaciones y subsidios y 39,5% en créditos no pagados); de cualquier manera, la URSS mandó a Cuba cinco veces el importe del Plan Marshall, con que los EUA financiaron la reconstrucción de Europa al final de la Segunda Guerra Mundial.

La lamentable situación económica de Cuba puede usted atribuirla al bloqueo comercial que les impusieron desde la Casa Blanca, por supuesto, pero el bloqueo es la respuesta brutal del imperio a la intentona de Castro de instalar misiles nucleares en la isla, haciendo a su país, blanco de un poder infinitamente superior, poniéndolo en un riesgo que no tenía derecho a ponerlo. Sí, muy estúpidos los yanquis, pero la puntada de Castro no tiene perdón de ningún dios.

No hay duda de la estatura política de Fidel, pero nadie tiene derecho a pasar por alto que erradicó la democracia, ni las infinitas injusticias cometidas bajo su régimen: expropiaciones arbitrarias a ciudadanos cubanos, prohibirles el libre tránsito, cerrar todos los medios de comunicación, encarcelar disidentes y homosexuales, sin mencionar los fusilamientos y una pobreza que antes no había conocido su pueblo.

Sí, alfabetizó, sí estableció un magnifico sistema de salud, pero Fidel recibió un país que muchos llamaban el ‘burdel de los EUA’ y hoy, dicho con respeto, no pocos turistas consideran igual a la isla.

Y todo ese inmenso sufrimiento para sostenerse contra el imperio yanqui, con ese que ya firmaron las paces… entonces, todo ¿para qué?

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