miércoles, 30 de noviembre de 2016

8332. CONOCIENDO A LUISA.

Rafael Ceja Alfaro.
Docente, escritor y articulista. 
Desde Zamora, Michoacán. 
México. Para 
Tenepal de CACCINI

En la sala de espera frente a la Puerta 2, falta casi hora y media para abordar y ya estamos listos café en mano. Le ganamos tiempo al tiempo y salimos temprano para no coincidir con el tráfico pesado, me refiero a los camiones de carga pesada. Aprovechamos el nuevo Macro Libramiento, pero aun así hicimos dos horas hasta el aeropuerto de Guadalajara.

Eso fue el viernes, y ahora, aquí padeciendo esta Macro gripa que pesqué o me pescó este domingo en la tarde cuando la fina lluvia, casi nieve cayó en mi espalda y yo sin chamarra. Es de noche y en el cuarto del hotel dando vueltas sin poder y sin dejar dormir, pretendiendo escribir para relajarme.

La verdad, durante el viaje no hubo incidentes que contar, es más, al llegar al Aeropuerto de Los Ángeles traía los nervios alterados pensando en el Efecto Trump, en cómo nos recibirían los Migras ¡Nada! En los casi 40 años que tengo de venir a EUA no había sido tan fácil. En el veliz, casi 6 kgs. de queso y varias cajitas con dulces zamoranos, ya una vez me tiraron el queso unos uchepos que han sido los más caros de mi vida y traía esa inquietud. Lo declaré en la forma azul y luego en la computadora, el Agente nos pidió las visas, tomó las huellas y adelante. Recogimos el equipaje y al llegar a los escritorios de Aduana nos señalaron la puerta de salida y nos dijeron ¡Welcome!, no les contesté en inglés nomas porque no sé.

Y luego, la felicidad, un abrazo a mi hijo, a mi nuera y el resto del tiempo con la preciosa Luisa en mis brazos, sin ningún rechazo, como si nos conociéramos de años, jugando con mis bigotes, ¡la ternura en vivo! Luisa nació hace un año y no nos habíamos visto. Es totalmente cierto que la sangre llama. Enseguida, llegando a casa. El encuentro con las otras tres princesas ¡Chulas las chiquillas!

El sábado por la mañana al templo de Santa Elena para que Camila, Saraí y Luisa recibieran las Aguas del Jordán durante una bonita ceremonia que ofició un Diacono de nacionalidad salvadoreña para un nutrido grupo de niños, padres, padrinos y de abuelos. Un sermón muy claro del renacimiento de los niños por el bautizo, sin duda, un poco largo, pero que valió la pena. Como también valió la pena ver a las tres niñas con sus ropajes apropiados para el momento, ¡Chulas las tres!

Esa misma tarde nos reunimos en un salón de fiestas, propiedad de un amigo de mi hijo. Además de los familiares y amigos de la familia de mi nuera, nos acompañaron muchos de mis familiares y de amigos que radican en estas tierras que pronto las repoblaremos de mexicanos. Mi hijo ya lleva 5 nuevos habitantes.

Muy bonita decoración, la iluminación corrió a cargo de mi hijo que ya es técnico especialista en ese trabajo, música variada, rica comida mexicana, frescos desestresantes, saludos cada vez que llegaban los familiares y amigos. Inolvidables encuentros y el reconocimiento de que ya nos estamos haciendo mayores, las canas, los lentes, los achaques, los remedios y las medicinas. Normal.

No llegó la sangre al río por aquello de las “patrols” y a una muy hora decente nos fuimos a dormir.

El domingo amaneció nublado y fresco, agradable, justo para asistir al partido de fut bol de Chava, pero en pleno partido que se viene la fina lluviecita muy helada, para protegerse de la lluvia solamente estaban unas nubes aquí y otras nubes allá, los que traían suéter o chamarra, agusto, los que no, que no.

Corrimos al carro y nos fuimos a casa de Bertha. Después de 40 minutos llegamos y la lluvia ya era tormenta, rápido me protegí con chamarra, aunque ya me había jodido la lluvia, y además de un calentador muy original, el ambiente era familiarmente cálido, Toño mi hermano y su familia que hicieron viaje desde Vancouver, WA. Me dio mucho gusto que hayan venido de tan lejos, algunas horas en avión, tanto Cristina como Elizabeth, estar con Bertha y todos sus hijos con sus respectivas familias, mi compadre Humberto, mi amigo Juan, mi primo hermano Gustavo, Chalino de La Angostura Mich. y Maribel, el buen Amigo Jerry, Councilman del Monte Calif. Y perdón por los que se me escapan, éramos muchos.

Las charlas, casi como de costumbre, nos llevaron a recorrer las vivencias de nuestra infancia allá en el rancho “¿Te acuerdas aquella vez…? Y fueron muchos momentos evocables. Me dio mucho gusto que Juan Gálvez haya mostrado tanto interés por mis libros, es una persona que le gusta la lectura y conoce, sus comentarios fueron positivos, claro que no diría lo contrario, pero me agradaron sus palabras. Cada momento es único, ahora ya no estuvieron otros amigos que nos acompañaron las veces anteriores, algunos porque sus familias los absorben y otros que ya se fueron a mejores espacios.

Los estornudos ya no me permitieron desestresarme y, al contrario, me vi en la necesidad de recetarme Tylenol, Con Tac y un jarabe para la tos, montones de pañuelos desechables, sin embargo, aquí me tienen, estornudando y moqueando como si fuera llave del agua. Recomendación del Filósofo de Purepiru, ese moqueo es el mejor momento para tomar desestresantes, no medicina, y eso que él la vende.

Obligados por la fiebre del “Viernes Negro” nos fuimos a buscar los outless para comprar dos pantalones y una camisa ya que el resto de la semana sería muy complicado porque los precios bajarían tanto que las tiendas se llenarían de compradores. Exactamente como el Buen Fin en nuestro menospreciado territorio. Es notorio, extraordinario el movimiento de gente que se ve en las tiendas, claro que también es notorio el poder adquisitivo, el poder de compra que se tiene en un país donde el empleo es constante y la economía no sufre altibajos marcados, al menos desde 1929.

Yo seguía “golpeado” por la gripa, pero Toño mi hermano nos invitó al Casino Pala, cerca de San Diego. Yo no soy apasionado al juego, los argumentos para convencerme se basaron en el bufete que consistió en unas riquísimas langostas, además de otros platillos no menos sabrosos. Jugué ocho dólares, comí como pelón de hospicio y me fui al carro a refugiarme del frío y a aprovechar el sueño que me produjo la exquisita comida. Desperté en Los Ángeles.

El miércoles ya no se pudo, me quedé encerrado en el hotel, la gripe me atacó con todo y yo no tenía humor de oponerme, preferí disfrutar, primero la película mexicana “Crisol” de aquel “Nuevo cine experimental mexicano”, con actuaciones de Julio Aldama, Andrés Soler, Sonia Infante, Mario Almada, Erick del Castillo y otros grandes artistas, que los invito a que la vean, con un reparto de lujo. Después y también del año 1967 la película “La hora 25” actuada por Anthony Quinn y Virna Lisi, véanla, es una película de grandes actuaciones, nada de efectos especiales y fantasías, actuación pura y con un tema profundo. En serio se las recomiendo.

Como quiera que haya sido, la enfermedad y mi aislamiento no fueron suficiente motivo para seguirle declarando mi amor a Luisa; Ella sin hablar, con su mirada y su sonrisa me decía sus sentimientos, me jalaba el bigote, me acariciaba la cara y se apretujaba en mi pecho. Todos festejando, viendo el partido, brindando y Ella y yo, abrazados y callados. Su mirada tierna, azul triste, implora cariño y atención, aun no camina y necesita llorar para que sepan que ahí está. Luisa es un amor, un verdadero amor.

“Pero todo, todo se acaba, la dicha grande también se va” y como la función debe continuar, el momento del regreso nos agarró cargando las maletas, diciendo adiós y haciendo encargos y promesas de volvernos a ver el próximo año. Aunque cuando me dijo mi Ahijado Miguel que nos veríamos dentro de un año, le dije que por favor ya no hiciera planes a tan largo plazo porque mi Compadre y yo, ya no teníamos “paciencia”, me contestó mi Ahijado que ni tiempo, que ya una semana era mucho para nosotros.

Ya no vuelvo a bromear con los rucos, viejos, vetustos, tercera edad o como se les pueda decir, ya vi en este viaje que los más “Cáscaras” somos mi tío y yo. Somos los de más edad.

Me quedan muchas cosas que contar, si creen que les pueda gustar, cuando me confirmen que recibieron la presente columna, me dicen, por favor, y les narro el resto, les diré que pasó con mis ocho dólares.
Por hoy, aquí le paramos.

Saludos a Toda Mi Familia de Aquí y de Allá, y saludos a todos mis Amigos de Aquí y de Allá.

Rafael Ceja Alfaro

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