jueves, 1 de diciembre de 2016

8338. CUANDO UN AMIGO SE VA…

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Cuando un amigo se va...

(De un amigo distante para Jorge Valdés).

Cuando un amigo se  va se queda un árbol caído que ya no vuelve a brotar porque el viento lo ha vencido cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo.
(Alberto  Cortés).


Volver a la casa del Padre después de una larga ausencia es motivo de alegría, la fiesta es grande para recibir al hijo pródigo: se prepara la casa ornamentándose de flores e incienso,  se ordena un banquete en el que nada falta y abundan los vinos exquisitos, los músicos interpretan bellas melodías, la familia se engalana con los mejores vestidos, el entusiasmo irradia en todos los corazones.

La mayoría volvemos a casa arrastrando la cobija, otros llegan mejor preparados, pero ¿quién no llega ante el Padre cansado y con el anhelo de reposar, de recordar los viejos tiempos, los rincones olvidados de la casa? ¿Quién no desea estar de nuevo con los seres más queridos a los que hace muchísimos años que no se ve? La casa del Padre es el cielo para los creyentes, es el lugar en donde está nuestro corazón, nuestros amores; en la casa del Padre no existe la necesidad sino la plenitud, es como vivir en una eterna juventud, apasionadamente, en un eterno presente.

Un buen amigo volvió a la casa del Padre, falleció el martes en la madrugada, su nombre fue Jorge Valdés, al que conocí en las jornadas de vida cristiana, hace casi 40 años. Hace pocos años volvimos a encontrarnos en un retiro espiritual en el que no hubo muchas oportunidades de hablar con Jorge; tengo la impresión de que Jorge es de esas personas que se quedan en tu corazón y que al encontrarlo, sientes que lo has visto hace apenas unos días.  

Más bien conocí a Jorge por personas que lo valoraban muchísimo y que lo trataron como amigo y hermano del alma. Los amigos del alma son personas a las que se elige como hermanos y con quienes se comparten principios y una amistad profunda y espiritual. Los hermanos del alma como Jorge, son así, se entregan a lo que aman, a sus familias, a sus seres queridos, a sus hermanos del alma.

Jorge pasó por momentos difíciles en sus últimos años, pero siempre ponía su confianza en nuestro Padre Dios, Abba, que para mí es Apá, así, como cuando un niño pequeño comienza a hablar a su padre.

Con Jorge compartimos lo más importante, el mismo espíritu. A su familia un abrazo fraternal por la pérdida irreparable de Jorge, pero todos, familiares, amigos y hermanos del alma sabemos que Jorge está en la casa del Padre, en donde vive a plenitud, en la alegría del eterno presente que es la vida en el Espíritu.


¡Hasta siempre Jorge!

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