miércoles, 7 de diciembre de 2016

8357. DESCUIDO, ROBO O ESTAFA.

Rafael Ceja Alfaro.
Docente, escritor y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Caminamos por la vida, por las calles de nuestra vida con exceso de confianza (Evita el exceso). Somos despreocupados, omisos dice el diccionario; vamos dejando esto aquí “para al rato”, lo otro “para mañana”, y muchas cosas más “para otro día” y no lo notamos en nosotros, “nadie experimenta en cabeza propia”.

La columna pasada les conté cosas de mi viaje al bautizo de mis nietas, asunto que me trajo recuerdos de mi infancia, no de mi bautizo, de mi primera comunión, han pasado tanto años que no se si fue también la última. No es cierto, muchos años seguí confiando en la confesión de mis pecados.

Pues bien, durante la comida muy familiar en casa de mi hermana Bertha, tuve la oportunidad de saludar a muchas amistades y parientes que durante los últimos nueve años solamente los saludé por teléfono. Siempre que tuve la oportunidad de visitar esas tierras le dedicaba el cien de mi tiempo a mi hijo y nietas. Esta vez, mientras llovía, arrimados a un calentador de leña totalmente “Hechizo” pero efectivo, las palabras y preguntas de mi visita hacían eco en mi mente, en mi corazón y en mis recuerdos: “Oye, y que razón me das de fulano”, “Todavía está la casa de la esquina…” “Qué se hizo el compa aquel que era tu compadre y…”. Preguntas que al mismo tiempo me hacia yo, ahí estaba el eco.

De verdad que  se hicieron, dónde quedaron, a dónde se fueron las gentes, los amigos, las paredes donde guardé recargados en  rincones algunos recuerdos para “un día” volver por ellos; ahora ellos me preguntan por lo que dejaron hace casi 50 años y yo sin saber donde quedaron los míos. Para no sentirme mal, tan mal, decidí gritarle a la vida que me ha robado, que me ha estafado, es indigno que las cosas que tanto quieres, que tanto has querido, ya no estén ahí.

Ellos me preguntaban como si la esquina del “Sube y Baja” no hubiera cambiado, como si al irse ellos del pueblo, el tiempo, como si fuera la aguja de un tocadiscos se retirara del disco, como si el tiempo se detuviera y guardara sus horas y minutos para cuando aquellos que se fueron, al regresar encontraran todo igual, es más de la misma edad, sin canas, sin arrugas. Como si la esquina del “Sube y baja” siguiera siendo el lugar para cuando el sol “agarrara carrera” nos reuniéramos para que Ángel, Arnulfo y Chuche sacaran sus guitarras y en coro cantáramos “Y nosotros los pobres marinos, hemos hecho un barquito de vela”, tal vez ahora esté un Compa con una grabadora escuchando música de banda y elocuentes narcocorridos...

La huerta de David, ¡Uh! Ya no queda nada, ¿Se la robo el tiempo? No, fue una ¿estafa? Si, pero no de la vida, si de la ambición. A nadie le ha servido tanto esa huerta como a David, que ahí vivía y de ahí comía, ¡Y a nosotros! Los chiquillos aquellos que nos robábamos la fruta con la complacencia de su disimulo, la huerta ha sido conflicto y los frutos que da son fricciones y problemas entre los que se  sienten dueños y los caciques que avalan porquerías.

La escuela, la de nosotros, ya no existe, ya hay Jardín de niños, (Como si hicieran falta jardines), primaria y secundaria, además ya no están con los que fuimos compañeros, están sus nietos, personajes que no conocemos y que no nos conocen. Los que fueron compañeros están canosos, arrugados, encorvados, ya no juegan, ni saltan, peor aun, muchos ya no están. ¿Por qué me preguntas qué se hizo el cine? Sabes, el cine es un galerón, como siempre lo fue, pero ahora sin vida, sus bardas se caen, adentro ya no queda ni el olor de los cigarros que la gente fumaba cuando no había esa restricción. Las películas del Águila Negra y las de Pedro Infante y las de Antonio Aguilar dejaron de llegar y “El Cácaro”, ya murió. ¿Cómo queremos ahora saber del “Padre sin Cabeza” si hasta la camelina dónde se refugiaba de día para asustar en la noche, ya la cortaron¿ Hace muchos años que la cortaron? La verdad no me di cuenta, hasta ahora que se ofrece veo que ya no está.

¿Estafa, robo? Eso podemos alegar, siempre debemos buscar un culpable porque no tenemos la valentía de aceptar que no volvimos a tiempo para recoger y guardar debidamente lo que para nosotros fue algún tesoro. ¿Recuerdan aquella bonita canción que cantaba Lupita Palomera? “En las mullidas plumas del olvido, duermen las cosas bellas que he vivido…” Ahí duermen, en el olvido, ahí duermen por nuestro descuido, por nuestra omisión. La angustia es que ya no están donde las dejamos. ¿Dónde quedó el trompo que hicimos de corazón de mezquite? Y ¿Dónde quedo aquella carta en la que al final decía?: “Tu papá que te quiere”, y ¿dónde, todas aquellas ingenuas cartas de novias que le ponían al papelito una gota de su perfume que permitía sentir su presencia toda la noche, y dónde la novias?

A cada frase en nuestra conversación veía en los rostros una mueca interrogante que en cuanto escuchaba la respuesta, brotaba por sus ojos una luz apagada y una mueca amarga en sus labios. No, ya no está aquello que dejamos hace tanto tiempo, el disco siguió tocando hasta terminar sus canciones, no tuvo tiempo el tiempo, para esperar el regreso. El regreso no es símbolo de aceptación, no es para quedarse, es necesidad del aire del terruño, necesidad que se sacia en unos cuantos días, en cuanto la ignorancia da luz, cuando se dejan de ignorar ciertos puntos importantes, se acaba momentáneamente la angustia y se regresa al mundo de la nostalgia, al fin, en algún momento nos encontraremos a quien preguntarle “¿Qué se hizo…, Qué fue de…, En qué acabo…?

Ahí mismo, en nuestra platica, nosotros ya no éramos los mismos, ya no somos los mismos, ya no encontramos en nuestro interior todas las cosas que amábamos, y no están perdidas, están por ahí en “El cuarto de los tiliches”. No somos los mismos y no es fraude de la vida ni estafa del tiempo, es nuestro descuido. Hace años hablábamos de nuestros sueños e ilusiones, ahora escuché realizaciones muy lejos de aquellas ilusiones, pero ya no hay tiempo de regresar al punto de partida, todo es diferente, incluso nosotros. “Nadie se baña dos veces en el mismo río”

“Cuando el entorno cambia, nuestra historia no tiene paredes donde sostenerse”

La platica con mi primo hermano Gustavo, me trasladó al fatídico 12 de septiembre de 1982, cuando la tragedia se cernió en las victimas de “los freseros”, fecha en que perdieron la vida 9 personas que les hicieron falta a los suyos más que a nadie. El gobierno se lavó las manos.

La platica nos llevó al tema del “Encinal”, nuestro cerro, eso creímos, todo el tiempo lo subimos llevando unas naranjas, tacos de frijoles y “guajes de agua”, sin ofender. Recordamos las historias y leyendas que del “Agarre de Aguilar” se cuentan. El tiempo no nos guarda las cosas como las dejamos, el hace su trabajo, y parte de eso es conservar bajo capas de protección lo que no fuimos a recoger, pero que alguien en el futuro, intentará entender.

Y tratándose de entender, el Maestro José Alfredo, en una expresión que pueda considerarse misógina, dice: “Por ahí dejé la botella, donde me bebí tu amor, alguien se quedó con ella, yo no se pá que la quiera, yo me bebí lo mejor”.

No hay robo, ni estafa y si hay desgano, decidía, “Ya mañana” o tal vez “otro día”. Hasta el momento, yo no creo en la Resurrección y como dijera Elvis Presley “Is now or never”. O como dice la muy vieja frase “En vida hermano, en vida”.

Bueno, pues a prepararse para las Festividades Decembrinas, garganta, estomago, hígado, riñones y pulmones.

Por hoy aquí le paramos.

Saludos cariñosos para Toda mi Familia y Todos mis Amigos.

Rafael Ceja Alfaro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: