jueves, 8 de diciembre de 2016

8364. FÍJATE QUE HACE UN PAR DE DÍAS…,

Por Carlos Ernesto Acevedo Martínez.
Escritor y Periodista.
Desde el Estado de 
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

Estimado Conrado:

Fíjate que hace un par de días, un joven amigo periodista, con tatuajes en un brazo y un arete en la oreja, se encontraba a las afueras de un Oxxo, y de pronto sin más pretexto que la “facha” del amigo, le cayó encima una parvada de policías armados como si fueran a la guerra del Golfo, ratificando su arbitrariedad, su prepotencia y su ineficiencia (de la policía, no del amigo). Ta’ cabrón Conra, ya me da miedo salir a la calle… imagínate nomás, si me ven a mí con la facha que me cargo, me fusilan.

No sé quién será esa ñora, pero ayer de casualidad la vi bajar en el estacionamiento de un comedero de lujo, acompañada por un chofer-guarura muy “perrón” que le abrió la puerta del auto también de lujo, y dos sujetos más de la misma catadura, ya sabes; rostros patibularios, pelo de “casquete corto” y pistola al cinto, y de pronto caí en la cuenta de que en el estado “más seguro” del país, según la propaganda del gobierno, hay un chingamadral de guaruras… y ninguno es mío, “da coraji”.

Con lo bien que me vería estimado Conrado, llegar a los “centros botaneros” y cafeterías, con dos o tres matones cuidándome las de atrás (las espaldas, no seas mal pensado, por lo demás ya no hay nada que cuidar). Tú los conoces bien, seguramente los has visto “trabajar” y sabes cómo se las gastan los guaruras, por eso me duele en el alma ser un pobre diablo, indigno siquiera de traer un chaperón… porque lo mío ya ni peca ni da tentación Conra.

La pura verdura, es que en este cuerno de la abundancia (de fosas clandestinas) la delincuencia organizada, la desorganizada, la amateur y demás, cada día está más cabrona, y es urgente hacer algo para que por decreto, a todo ciudadano decente se le dote al menos de dos policías de cabecera. Y no para que los cuiden, estimado Conrado, porque ¿cuándo chingaos has sabido que la policía se  preocupe por cuidar a los ciudadanos?, sino como una medida para exterminar a los delincuentes… me explico; así como son los policías, no tardarían mucho en partirse la madre entre ellos y ya solo quedarían los “buenos”. ¿Cómo ves la propuesta?

Como dicen los clásicos: “en otro orden de cosas” déjame te cuento, que hace unos días estaba yo echando a perder un pasaje de la historia para mi “narcoserie” en embrión (no tiene nada de “narco”, pero es lo que más vende)… y no cabe duda mi estimado Conra, a la gente ya no la hacen como antes.

Digo yo, porque leí que entre los cuates que estuvieron en sus últimas horas con Sócrates (el chingón, el filósofo), en la prisión de Phlius en Grecia, estaba un bato que se llamaba Phaedo, un joven un esclavo liberado por los cuates de Sócrates, de quien era discípulo (y ve tú a saber qué más, porque lo quería un chingo y ya ves que se decía que a Sócrates “le zumbaba el collarín”), el caso estimado Conrado, es que le platicó a Platón, que cuando el carcelero se acercó a Sócrates para darle la copa de cicuta, éste le dijo algo así como:

-Usted, mi amigo, que tiene experiencia en estos pedos, dígame cómo le hago…

-Nomás échate “un hidalgo” y ponte a caminar hasta que sientas las piernas  pesadas, entonces échate y el veneno hará su chamba -le respondió el gendarme.

Y dice Phaedo, que Sócrates no la hizo de phedo, perdón, de pedo y agarró la copa como si fuera de coñac, con delicadeza y sin el más mínimo temor, sin hacer un solo gesto, y luego mirando al guardia directamente a los ojos le dijo:

-¿Qué tal si te traes un vasito para ti y brindamos por alguno de los dioses?

-Qué pena mi buen, estaría muy bien –respondió el aludido-, pero solo preparamos una ración individual, así que, como dijo Leonardo Favio: “otra vez será”…

-Ni hablar –dijo Sócrates-, yo sí debo brindar por los dioses para que intercedan en mi viaje al otro mundo, “llevando luego la copa a sus labios, sin titubeos y de buen humor, tomó el veneno”.

También le contó a Platón el chismoso de Phaedo, que Sócrates caminó hasta que, según dijo, sus piernas comenzaron a flaquear. Entonces se echó de espaldas sobre el camastro y se tapó la cara. El guardia que le había dado el veneno estaba pendiente de la temperatura de sus pies y manos. Después de un rato, le apretó con fuerza el dedo gordo del pie y le preguntó si lo sentía.

Sócrates dijo que “nel”, entonces el guardia le dio un pellizco en la pierna, luego otro más arriba y otro más arriba hasta llegar al estómago haciéndole la misma pregunta, a lo que Sócrates puntualmente le respondió:

-No siento ni los dedos, ni los pies, ni las piernas, no siento nada… entonces el guardia le dijo:

-¡Prexta!, perdón, le dijo: “cuando el veneno llegue al corazón, será el fin…”

Y también cuenta Phaedo, que cuando el frío le estaba llegando a la ingle, Sócrates se descubrió la cara y dijo:

-“Crito, debo un gallo a Asclepsius, ¿te acordarás de saldar la deuda?”… o sea, igualito que Javier Duarte, ¿edá?

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