jueves, 8 de diciembre de 2016

8367. DON PEJE Y SU PANDILLA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Don Peje y su pandilla. 
Tía Toñita estaba casada con tío Marco. Tía Toñita le decía Marquito. Si alguien que no los conociera, la oía hablar de él, se quedaba con la idea de que era la mujer más afortunada del mundo, casada con un Tarzán-Einstein, más ingenioso que un preso en Alcatraz, habilidoso con las manos como artesano de la dinastía Ming. Así lo veía ella. Se rompía un vidrio, ‘Marquito lo cambia’; se descomponía el coche, ‘Marquito lo arregla’; la televisión no servía, ‘Marquito la compone’; se la paraba el reloj, ‘Marquito se encarga’… y vidrio, coche, tele y reloj, quedaban sin arreglar por siempre. Su casa se caía a pedazos: ‘Marquito arregla la gotera’; ‘Marquito cambia la llave’; ‘Marquito va a pintar la fachada’… y no se hacía nada, nunca, tío Marquito no servía para nada. Y tía Toñita nunca le perdió la fe. Ya viejita y muy viuda, seguía hablando maravillas de su fiambre sin saber que gracias al primo Pepe (ya sabe quién, el impresentable), todos sus sobrinos le decíamos tía Tontita.

Contra toda lógica en México no perdemos la fe en el presidencialismo, en el Presidente. Por eso, en cuanto la gente se da cuenta que uno nos salió frívolo, tonto, tibio, mediocre o ladrón, el tema de mayor interés es quién será su sucesor. Puede pasar desde el primer año, como con Echeverría, Fox y Calderón; en el tercero, como con Díaz Ordaz o en el quinto, como con Salinas, pero no falla: ¿salió balín?... el próximo arregla todo. Así y por lo mismo, los presidentes que lo hacen de regular para arriba, viven ahogados en confeti y la patria  guarda un agradecido recuerdo eterno de ellos, como Juárez, Calles y Cárdenas (y hasta Porfirio Díaz que fue lo que fue y más de un siglo después, tiene admiradores y defensores).

Se justificaría esa confianza en la figura presidencial, si lo normal fuera que habitualmente llegaran a tan alta responsabilidad, tipos cumplidores, justos, prudentes, templados, honestos, llenos de virtudes y tal vez con alguna debilidad humana de esas que, bueno, ni modo que fueran santos (levantarse tarde de vez en cuando, tomarse una copita de más en Año Nuevo… una novia clandestina). Pero no, lo habitual es que resulten decepcionantes, salvo unas muy pocas excepciones.

Dejando intacto a Juárez (nomás por no asesinar su fe en el género humano, porque don Benito tenía sus cosas… graves), a Cárdenas (que también tiene sus ‘peros’), y a Calles (que tenía la mano pesadita); aparte de ellos y nada más repasando del siglo XX para acá (sin perder tiempo con León de la Barra, Lascuráin, Eulalio Gutiérrez, Roque González o Lagos Cházaro, que ni quien se acuerde de ellos), vea si es justificada nuestra imbatible esperanza en que si el próximo Presidente, es ‘el bueno’, compone esto (que no está tan descompuesto como cierto sector de los medios promueve -por mérito de una población que aguanta más que el virus de la gripe-, pero no tan bien como dicen nuestros gobernantes). Mire nomás los personajes que han colocado sus posaderas en La Silla presidencial, dignos del gabinete del doctor Caligari:

Madero era tontín (creía en el espiritismo y en Huerta); Victoriano Huerta (beodo y asesino); Carranza (taimado y ladrón de muerte, que por eso en México decimos  ‘carrancear’, como sinónimo de robar); de la Huerta (medianía cómplice); Obregón (se reeligió); Portes Gil y Ortiz Rubio (medianías a las órdenes de Calles);  Abelardo L. Rodríguez (socio de gánsters yanquis); Ávila Camacho (‘el Presidente caballero’, tibio y permisivo, prohijó una corrupción desenfrenada y toleró todos los atropellos del gran salvaje de su hermano Maximino); Miguel Alemán (iniciador de la colusión entre autoridades y empresarios); Ruiz Cortines (este nos salió casi bueno, solo que reprimió como en tiempos de Porfirio Díaz, los movimientos sociales: conflicto agrario, huelga de maestros y ferrocarrileros); Díaz Ordaz (igual que Ruiz Cortines); Luis Echeverría (apoteosis del ego, más corrupto de lo que imagina nadie, delirante en su convicción de que el mundo entero lo admiraba); López Portillo (frívolo y débil, permitió una inmensa corrupción de algunos cercanos a él, acabó anunciando tequila en la tele); de la Madrid (tibio, tibio… excepto contra los trabajadores, con esos era implacable); Salinas de Gortari (… ya sabe); y los demás: Zedillo, Fox, Calderón y el actual, también ya sabe.

¿De dónde nuestra fe en el presidencialismo y nuestra esperanza en el que sigue?

El país no es una birria, en parte, sí, por aciertos oficiales; por la gente común que aunque usted no lo crea, si de chambear se trata, nomás no se raja; también por el empuje empresarial; por nuestra ubicación geográfica; o por la Morenita del Tepeyac… por lo que sea, pero a este país no se lo toma a broma nadie (ni el Trump).

Lo que sí es un desastre es nuestro sistema político. Estamos hoy mucho peor -o mucho menos bien-, que en tiempos del pricámbrico clásico: ahora tenemos la presidencia omnipotente de siempre y 32 presidentitos que si quieren se dedican a todo, menos a trabajar (y ‘todo’, incluye robar). Son un lastre que frena y  desorganiza en vez de gobernar; que desperdicia carretadas de dinero y montañas de trabajo burocrático. Y entre todos mantenemos una casta que no se niega lujos y raramente responde por sus actos.

Urge rediseñar la estructura política del país. Haciendo lo mismo, sale lo mismo. Talento hay de sobra entre intelectuales, empresarios, líderes obreros y políticos, sí se puede y aún es tiempo.

Renace hoy, otra vez, la esperanza en el Pejehová, pues, cuando menos, sí es político profesional, pero, si por un portento divino se hospeda en Los Pinos, le anticipa este López, que ése López nos va a decepcionar… ¿por qué?, porque va a gobernar como ya sabemos que gobierna, como mal gobernó la capital del país que quedó en manos de un grupo de pandillas de ladrones de escritorio y de los callejeros también; haga memoria: nunca hubo en la CdMx (entonces D.F.), más corrupción que cuando llegaron al poder don Peje y su pandilla.

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