lunes, 12 de diciembre de 2016

8376. RECUERDO HABER COMENTADO CUANDO EL PAISANO FELIPE CALDERÓN…

Por Carlos Ernesto Acevedo Martínez.
Escritor y Periodista.
Desde el Estado de 
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

Estimado Conrado:

Recuerdo haber comentado cuando el paisano Felipe Calderón le declaró la guerra al narcotráfico y sacó a las “calles” al Ejército a realizar tareas que de acuerdo a la Constitución no le competen, que el verdadero problema sería regresarlos a sus cuarteles. Y todo porque me acordé de un viejo refrán chino que dice: “es fácil montar a un tigre, lo difícil es bajarse”. Nuestros soldados ya llevan 10 años en las “calles” y no hay visos de que vayan a volver pronto a sus cuarteles… sino todo lo contrario.

Me quedé perplejo cuando el general Cienfuegos, secretario de la Defensa, ante un “selecto” auditorio, habló al chile y dijo, palabras más, palabras menos y a su manera, que los soldados no estudiaron para perseguir criminales, o sea, que no están capacitados para lo que están haciendo, es normal entonces, que al transitar por un “territorio” desconocido, por ignorancia las tropas cometan errores y faltas contra la gente civilizada, perdón, en el ámbito civil, como los abusos y excesos de toda índole, incluidos los derechos humanos de los que tanto se les acusa. Puede que tenga razón, y tal vez en el mundo militar esas no son faltas ni errores… digo yo, porque algunos militares que participaron en Tlatlaya y Ayotzinapa han merecido ascensos y medallas.

El caso mi estimado Conra, es que, según creí entender, el secretario de la Defensa quisiera tener al Ejército en sus cuarteles, pero ya que andan en las calles, está exhortando a quienes tienen la decisión, para que aprueben una ley que le permita al Ejército seguir realizando tareas para las que no estudió, y poder seguir cometiendo los mismos abusos y los mismos excesos, pero ahora “legalmente”, porque los soldados no están formados para tratar con la gente “normal”, y menos con los malandros, no fueron preparados para ello… armas tiene el Ejército, de acuerdo a lo que se han gastado en ellas, suficientes como para ir a partiles la madre a judíos y palestinos juntos, para ver si así se aquietan.

Nomás por pura curiosidad, ¿te has puesto a pensar qué sería de aquellos mexicanos que en el inter más corto de tiempo y espacio, u séase, en un “fast-track” componen el mundo y apagan el infierno a salivazos, si de pronto se vieran sujetos a un régimen militar?, ¿qué sería estimado Conrado,  de aquellos mexicanos que “diarina” gustan de ir a las cafeterías a disfrutar del colorido y curvilíneo paisaje urbano, si a cada sorbo de su aromática bebida le asaltaran visiones “verde olivo” de marciales insignias por todas partes?, ¿qué sería de aquellos que gustan de perder el tiempo caminando por “la calzada”, si sintieran sus pasos forzados a llevar el ritmo y el compás de bélicos tambores?, ¿qué sería de aquellos mexicanos por tradición uncidos al carrusel de la amistad con funcionarios y políticos gargantones, si de pronto se toparan con sus cuates de gobierno transportándose en tanques de guerra con levita y “cara de sargento mal pagado”?... pues no andamos muy lejos.

Fíjate estimado Conra, que gracias a los libros de texto gratuito, siempre pensé que una de las carreras más nobles y honrosas para una mujer, es la de enfermera, porque las mujeres son más sensibles, más tiernas, más delicadas y les gusta ayudar al que sufre. Luego, ya con el tiempo y un ganchito, fui aprendiendo que en este país maravilloso para ser enfermera en alguna clínica del gobierno (y en no pocas privadas), solo se necesitan dos cosas… la primera y la segunda.

La primera es una bata blanca, como de enfermera (no confundir con una de carnicero, porque a ésta nomás le quitas las manchas de sangre y son igualitas) y la segunda cosa viene a ser la vocación. La bata como quiera, no hay problema, se consigue fácil, pero la vocación se necesita haberla mamado. Claro que no es albur estimado Conrado, tú sabes que mamar la vocación en el caso que nos ocupa, significa tener compasión por los enfermos, condolerse de sus miserias físicas… y sobre todo, no sentir “ñañaras” al ver sangre.

También sabes que lo demás es fácil (sí lo sabes, no te hagas), que todo es cosa de conseguirse la recomendación de algún funcionario o político “picudo” y se entra “de volada” a una clínica de salud pública, como el IMSS, el ISSSTE y demás… y muchas como enfermeras “tituladas”.

Por lo que he podido ver y escuchar en estos años, podría decirse que el trabajo es muy sencillo; regañar a los enfermos, no hacer caso de sus quejas, ponerles suero, aplicarles fomentos y, lo más divertido, clavarles sus inyeccionzotas. Esto último compensa los malos ratos, nomás hay que ver los ojos que pela un paciente cuando por error le aplican estricnina en vez de adrenalina, o viceversa… dan ganas de morirse de la  risa estimado Conrado.

Y qué te cuento cuando le dan calambres a la señora de la cama cuatro porque en lugar de dos, le pusieron diez (aquí la culpa la tienen los doctores, porque escriben bien gacho) centímetros de esa madre tan apestosa y de nombre impronunciable. En fin, esas pequeñas y sanas diversiones son un paliativo para el dolor y el sufrimiento que padecen… los pacientes.

Y es que, no te creas que el sueldo de enfermera, es la gran cosa, ¡qué va!, apenas el triple de lo que gana una empleada de almacén de 8 a 8, pero tiene sus compensaciones (la enfermera, no la empleada) como comer bien y abundante, llevar despensa a la casa, estar siempre bien provistas de toallas y “ropa blanca”, medicamentos, alcohol, gasas, jeringas, papel sanitario, jabón, etc., total, los únicos perjudicados son los enfermos y esos ni se quejan… y si se quejan no hay pedo.

Yo creo que con esto y una que otra pachanga con los internos cuando les toca “trabajar” de noche, apenas si logran olvidar momentáneamente la heroica misión que significa entregar sus vidas a causa tan noble, ¿edá?

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