viernes, 16 de diciembre de 2016

8394. VENDER CARO EL PALMITO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Vender caro el palmito.
Contaba la abuela Elena (la paterna, la de Autlán de la Grana, Jalisco), que una prima suya de allá del pueblo era muy pero muy bonita, razón por la que el hombre más rico de la región, un cacique de pocas pulgas acostumbrado a que se hacía su voluntad o había velorio, empezó a mostrar un creciente interés en ella conforme nuestra madre natura iba desarrollando las más estratégicas áreas anatómicas de la chamaca, hasta que un día le dijo que la quería para él y ella le contestó que no, que de querida se iba sólo enamorada pero no de uno que la estuviera rentando, que luego, pasado el gusto, tarde o temprano la iba a dejar sola, ‘descompuesta’ y con la fama. Tenía razón.

La situación nacional respecto de los Estados Unidos, es parecida. Hay que ver bien con quien se mete uno a la cama, porque… pasado el gusto.

Comentábamos ayer que ya asomaron el plumero los intereses que han promovido el ascenso del Trump a la presidencia de la primera potencia económica, tecnológica y militar del planeta: las empresas petroleras.

A la cabeza, la ExxonMobil, que ya colocó como jefe del Departamento de Estado, responsable de las relaciones internacionales de los EUA, a su director general -CEO, les dicen allá-, Rex Tillerson.

Pero no es el único, que en el departamento de Energía colocó a Rick Perry, exgobernador de Texas, abiertamente relacionado con la industria petrolera que fue parte de la junta directiva de Energy Transfer Partners y Sunoco Logistics, empresas responsables de la construcción de un oleoducto (el Dakota Access Pipeline), obra suspendida ‘temporalmente’ por el gobierno de los EUA, por las protestas de los pueblos indígenas de Dakota y Lakota de la Reserva Sioux (allá también se cuecen habas), apoyadas internacionalmente, por la amenaza que significa a la ecología de los cuatro estados yanquis que atraviesa a lo largo de sus 1,886 kilómetros de recorrido, y en particular de los ríos Missouri y Cannonball.

La cosa se puso como para sospechar que el Pejehová los asesoró, a tal grado que la suspensión ‘temporal’ de las obras se acompañó de una declaración conjunta del Ejército y el Departamento del Interior de los EUA, diciendo que “se había determinado que se garantizaban nuevas discusiones y análisis, a la luz de la historia de la desposesión de tierras sufrida por los pueblos de la gran tribu sioux” (¡se ve, se siente…!).

El asunto es que las dos empresas dueñas del oleoducto son de un multimillonario tejano, Kelcy Warren, con quien Perry se metió a chambear en febrero de 2015, a las dos semanas de haber dejado el cargo de gobernador, con un pago, ese año, de 365 mil dólares… y ahora lo mandaron de secretario de Energía de todo el país.

Mientras, México, en plan de cándida jovencita, hace requiebros a esas empresas petroleras de las que el actual gobernador de California, Jerry Brown, vino a advertirle a nuestro Senado el 29 de julio de 2014, en el encuentro que sostuvo con nuestros aguerridos tribunos: “Un punto final: al cambiar el mercado de energía y tener esas compañías de petróleo privada hay que tener una mano dura de regulación o se los van a comer vivos”.

El señor Brown vino acompañado del senador demócrata por California Lou Correa, presidente de la Comisión Selecta de Cooperación entre México y California, quien recalcó que el gobernador de California se refería a la experiencia que tuvieron en ese estado, en especial con las empresas eléctricas y con las petroleras que extraen gas a través de la técnica conocida como ‘fracking’. Y en buen plan, dio detalles, por ejemplo, que cuando privatizaron hace 15 años la electricidad, las empresas privadas crearon un monopolio al que le tenían que comprar el fluido eléctrico de forma muy cara, y resolver el problema les costó 10 mil millones de dólares, deuda que hasta este momento siguen pagando; y que deseaba que ‘esa lección le pueda servir a México’.

Sobre advertencia no hay engaño. Y ahora, con el Trump a punto de hospedarse en la Casa Blanca, con personajes que representan sin rubor a esas empresas de las que estamos advertidos que nos ‘van a comer vivos’, sería como para que no estuviéramos otorgándoles campos de extracción y encima, celebrándolo con matracas... en fin.

Tal vez lo que le haga falta a nuestro gobierno federal, sea calibrar el tamaño nada más de la ExxonMobil: en 2015, sus ingresos se ‘desplomaron’ un 35% y ‘sólo’ alcanzó 268,882 millones de dólares… o sea: tiene más ingresos esa sola empresa que todo nuestro gobierno (este año: 235 mil millones de dólares de presupuesto, que en pesos suena más: 4 billones 700 mil millones)… nos van a comer vivos; y ahora, más, porque con Trump de presidente, los petroleros yanquis cuentan sin duda, con el apoyo de su gobierno, que antes no tenían.

También en buen plan y para que en Los Pinos y en nuestro Congreso se den cuenta con quién se están metiendo a la cama: el presupuesto militar de los EUA para este año, fue de 596 mil millones de dólares: dos y media veces que todo nuestro presupuesto federal (dato de la tabla S-4, del ‘Budget of the United States Government, Fiscal Year 2016’; no crea que anda uno inventando nomás); y por no humillarlo ya ni le digo que el presupuesto federal yanqui de este año, son 3 billones 964 mil millones de dólares: casi 17 veces más que nuestro presupuesto.

Cuando se tope usted con su amigo más buena gente y le cuente que está feliz porque don Carlos Slim se quiere asociar con él en su tintorería, explíquele que no va a ser socio, sino empleado sin prestaciones. Que no sea bobo.

Es legendaria la voracidad y la total ausencia del más tenue rastro de moral empresarial de las inmensas petroleras que antes eran llamadas ‘Las siete hermanas’ (ya son cuatro): tiran gobiernos, financian revueltas, azuzan guerras, se mueren sospechosamente políticos y jefes de Estado que se oponen a ellas… ¿qué necesidad?

Pero sí, ya estamos dentro, ahora la única salida, porque nuestro gobierno no a tener ‘mano dura’, es vender caro el palmito.

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