martes, 20 de diciembre de 2016

8414. QUÉ RICO VACILÓN.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Qué rico vacilón.
Este menda hace muchos más años de los que es prudente confesar, inició  estudios en una noble institución de educación media-superior, del gobierno, después de hacer Primaria y Secundaria en un colegio privado cuya disciplina hubiera sido alegría y regocijo del Comandante en Jefe de un campo de concentración nazi. Ya se imaginará el ‘shock’ que fue eso: del orden absoluto al caos. Años después, por una de esas ironías inclementes de la vida, cayó en manos de este López un ejemplar del reglamento interno de la noble institución, que decía cosas como que los alumnos tenían que ‘Observar, en todo momento, un comportamiento que enaltezca el nombre y la calidad académica del Instituto’… ¡si aquello era un despelote! (en esos tiempos, seguro que ya no). La ‘sociedad de alumnos’, por ejemplo, tenía asignado un local en el que se fomentaba el compañerismo mediante el consumo de bebidas embriagantes y el intercambio lúdico de secreciones glandulares… aparte de algunos compañeros especializados en la confección de unos cigarrillos artesanales que olían muy raro, algunos. Primer encuentro con la realidad nacional: una cosa es lo que se hace y muy otra lo que está escrito.

Si se toma la molestia de darle una leída (de corridito, no es cosa de que le dedique un mes), a nuestra Constitución, la federal, va a pensar: -Yo quiero vivir ahí –y ‘ahí’ es ‘aquí’, lo que pasa es que ‘aquí’ no se hace lo que dice ‘ahí’.

Se lo comento porque ayer con bombo y platillo, cuetes y matracas, los integrantes de la Asamblea Constituyente de la CdMancera, anunciaron a la ciudad y al país, al continente y al mundo, el parto del primer artículo de la Constitución de la Ciudad de México, estableciendo para orgullo del tenochca bien nacido, la naturaleza jurídica de nuestra capital nacional… ¡aleluya, aleluya!... Y un cielo impasible, despliega su curva.

Es una cosa maravillosa que no pueden apreciar en su justa dimensión sino aquellos que tengan bien tatuada la enseña tricolor en sus cerebros y corazones, mire nada más (una probadita): se establece que esa ciudad es la entidad sede de ‘los poderes de la Unión y capital de la República’, cuya soberanía ‘reside esencial y originariamente en el pueblo’, que adopta para su gobierno ‘la forma republicana, democrática, representativa, laica y popular, y es libre y autónoma en todo lo concerniente a su régimen interior y a su organización política y administrativa’ (¡azúuucar…!)

Uno de los asambleístas constituyentes, el reputado panista Santiago Creel, al pedir la aprobación del texto, dijo: ‘Tradicionalmente, la soberanía se ejerce a través de los poderes  y de las entidades federativas, y en esta Constitución, la que debatimos, va más allá; se ejerce a través de las formas de democracia directa y eso implica que la soberanía la ejerce el ciudadano de esta capital. Así, el verdadero y auténtico soberano es el habitante de la Ciudad de México (no llore, que no le gane la emoción) y ese es el cambio’; y pidió votar ‘(…) la innovación en la filosofía constitucional, la definición de ciudad y por ser una disposición que ve a futuro’. Dios se lo pague.

Debe haber razones de mucho peso para que cada estado y hoy la Ciudad de México también, tengan cada uno su propia Constitución, pero leyendo las acaloradas discusiones que tienen los que están cocinando esta y los sesudos análisis de especialistas en la materia, se queda uno pensando que, una de dos, o de veras se la creen o al revés: están seguros de que todos somos sus babosos.

Ninguna Constitución de ninguna entidad del país está por encima de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: ninguna. Y todo lo que legislen que la contradiga, no vale nada. Cero. Kaput.

Dispone el artículo 133 de la Constitución del país, que esa, la Constitución federal, es ley suprema de toda la Unión (de toda la república mexicana, completita) y que: ‘Los jueces de cada Estado se arreglarán a dicha Constitución, leyes y tratados, a pesar de las disposiciones en contrario que pueda haber en las Constituciones o leyes de los Estados’.

Antes de este artículo, en el 41, queda claro que las constituciones particulares de los Estados: ‘en ningún caso podrán contravenir las estipulaciones del Pacto Federal’. Y después, en el 128, se ordena: ‘Todo funcionario público, sin excepción alguna, antes de tomar posesión de su encargo, prestará la protesta de guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen’ (sin excepción alguna tienen que respetar todos la Constitución federal, la de los Estados Unidos Mexicanos). Así, uno que es ignorante, lego y de banqueta, piensa: ¿y entonces, como para qué tanto esfuerzo y gasto? (porque nos están costando 150 millones de pesos los tres meses de deliberaciones para este parto de los montes).

Ya hubo varios borlotes por cosas que están queriendo poner en la Constitución de la CdMx, que a mucha gente le ponen los pelos de punta (aparte de lo de la ‘plusvalía’ de los bienes raíces que aparenta ser una quasi confiscación de la propiedad privada, intentona aparentemente abortada… aunque, quién sabe, ya ve usted cómo son para la maña).

En el proyecto de Constitución para la capital del país, aparte de francas metidas de pata (dicen los constitucionalistas) hay verdaderas vaciladas como ‘el derecho a una sexualidad plena’, lo que a lo mejor significa que podrá usted exigir a su esposa el salto del tigre, mediante laudo emitido por un Juez experto en el Kama Sutra… tal vez. O la obligación que tendrán los ciudadanos de la CdMx de ‘participación’ y ‘solidaridad’, que más que utopías son tonterías (a ver, que pidan la patrulla para que lo obliguen a ayudar a lavar los trastes).

Y no se entiende, porque tenemos de 1917 para acá sin conseguir respetar la Constitución del país, que con eso tendríamos bastante.

Otra vez politiquería para que un señor de escasa sesera, con dinero ajeno (del erario), se dé el gustazo de creerse, sólo él, que va que vuela rumbo a Los Pinos: vacilón, qué rico vacilón.

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