jueves, 22 de diciembre de 2016

8425. ¿QUÉ NOS PASA?

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¿Qué nos pasa?
Tía Tita (Petra, Petrita… Tita), era la hermana mayor de la abuela Virgen y aparte, era monja (no podía ser monjita porque medía 1.75 de estatura y lo mismo de diámetro). Llegó a ser Superiora de su Orden, cosa nada peculiar, excepto porque tía Tita se había casado cuatro veces: a su primer esposo, en plena luna de miel en Veracruz (eran los tiempos), se lo almorzó un tiburón… chin, mala suerte: el que sigue. El segundo matrimonio se lo anuló el Obispo de Toluca, por una irreparable falla hidráulica en el aparato lúdico-reproductor del señor. El tercero -no es broma-, en el brindis de la boda (no hubo fiesta, una cosa discreta y ya), se ahogó con un bocadillo (le soplaron y le soplaron en la boca, le palmearon y le palmearon la espalda, no existía ‘la maniobra de Heimlich’ y, nada, el señor murió morado). La cuarta vez fue con un tipo de España y fue un escandalazo que acabó otra vez, en el escritorio del señor Obispo (resultó que el marido acá, era cura en Jaén). Y se metió de monja, porque, decía ella: -Me quedó muy claro que lo de señora casada, Dios no lo quería para mí –bueno.

Con todo respeto: ¿por qué mejor no se dedican a hacer piñatas en Tultepec?

Mire: este martes 20 de diciembre, explotó San Pablito, que es el mercado de juegos pirotécnicos de ese municipio del Estado de México, pegadito al norte de la CdMx, hubo 33 muertos, 68 heridos y cinco desaparecidos.

Tultepec se autodenomina desde 1997, ‘La Capital Nacional de la Pirotecnia’, y sí son el mayor productor del país (casi el 80%), con ya casi 200 años de hacer artesanalmente, pólvora y cuetes (en México son eso: cuetes, no ‘cohetes’), además de bolas de humo, silbatos de piso, buscapiés, cañones, palomas, cometas explosivas, castillos, fuegos artificiales, etc…

La cosa es tan en serio en Tultepec, que nada más para esta temporada de fiestas estimaban vender 100 toneladas de esos juegos que de juego no tienen nada.

Y es tan, pero tan en serio que apenas el 5 de agosto pasado, en la inauguración de la temporada alta del mercado San Pablito, el director general del Instituto Mexiquense de la Pirotecnia, Juan Rodarte Cordero, reconoció al tianguis de pirotecnia de San Pablito, como “el mercado más seguro en Latinoamérica, con puestos perfectamente diseñados y con los espacios suficientes para que no se dé una conflagración en cadena en caso de un chispazo”… ‘perfectamente diseñados’; a todo dar. Ese mismo día,  explotó un taller clandestino en la colonia La Palma de Tultepec (no hubo muertos… bueno, quién sabe, era clandestino).

La respetuosa sugerencia de que hagan piñatas o busquen ser la capital mundial del camote o las charamuscas, es porque Tultepec es el campeón nacional en incendios y explosiones accidentales:

El 13 de octubre de 1988, hubo un estallido que costó 10 muertos y más de 350 casas dañadas; en 2002 sufrieron 46 diferentes accidentes con 12 muertos y decenas de heridos; en 2005 -el 15 de septiembre-, volvió a reventar San Pablito: 57 lesionados, 300 locales destrozados, 57 vehículos calcinados; en 2006, el 11 de septiembre, casi al año exacto del anterior accidente, se incendió en la noche San Pablito, volaron los 450 puestos. No hubo muertos porque estaba vacío, pasó en la noche.

A Tultepec lo llaman ‘cuna de la pólvora en México’. En La Saucera, que es tal vez la zona más importante de talleres artesanales del municipio en 2011, tuvieron 14 siniestros.

En este 2016, en Tultepec, han sucedido -aparte del accidente del 20 de diciembre que ya le comenté- otros seis accidentes serios en puestos de venta y polvorines, el 22 de marzo, explotó un taller de San Antonio Xahuento: tres muertos, seis heridos. El 5 de abril, explotó un polvorín… ¿en dónde cree?: en La Saucera (un lesionado). El del 5 de agosto, sin muertos, que ya le dije. El del 7 de septiembre, otra vez en La Saucera, otro lesionado.  El del 15 de octubre: varias explosiones en ¡La Saucera!: cuatro lesionados (uno grave, con todo el cuerpo achicharrado).  El del 8 de noviembre en otro taller en el barrio de Guadalupe, sin muertos ni heridos. De verdad, no es por nada, pero no se les da ese oficio.

Obviamente es un asunto para hacer cera y pabilo con la autoridad, con las autoridades, todas las autoridades que tienen que ver con esto, municipales, estatales y federales, de hoy y de antes… pero es la gente que diario arriesga su vida la que debería ser simplemente responsable. No son bromas, son muchos accidentes, son muchos muertos, como para creer que hacen las cosas como se debe.

Claro que Tultepec no es sino una muestra de que en México hay explosiones, simplemente pasa y no pasa nada. Recuerde usted: el 19 de noviembre de 1984, explotaron las instalaciones de gas de Pemex en San Juanico del Estado de México… 500 muertos. El 22 de abril de 1992, estalló el alcantarillado de Guadalajara: 210 muertos. En la Central de Abastos de Celaya, Guanajuato, el 26 de septiembre de 1999, estallaron unas bodegas clandestinas de juegos pirotécnicos, 73 muertos y 350 heridos. El 15 de mayo de 2014, explotó (por fuga de gas) el centro comercial Valle del Vergel, en Reynosa, Tamaulipas, 3 muertos, 16 heridos.

Inolvidable la explosión de otras bodegas clandestinas de fuegos artificiales en el mercado Miguel Hidalgo de Veracruz el 31 de diciembre de 2002: 28 muertos, 35 heridos y 52 desaparecidos (no quedó ni rastro); inolvidable porque el entonces gobernador, Miguel Alemán, acosado por la prensa, por no haber suspendido sus vacaciones para ir al lugar, dijo: -No soy bombero –sensible don Miguelito.

Luego, el 31 de enero de 2013, estallaron las oficinas centrales de Pemex: 25 muertos. El 7 de mayo de 2013, estalló una pipa de gas en Xalostoc, Estado de México (24 muertos), y otra, el 29 de enero de 2015, que voló el Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa (7 muertos).

Y nada se aclara bien nunca. Sigue la irresponsabilidad general. Acá nos hablamos de tú con la muerte; la calaca nos pela los dientes… ¡viva México!


Diría don Héctor Suárez: ¿qué nos pasa?

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