viernes, 23 de diciembre de 2016

8431. PAPÁ GOBIERNO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Papá gobierno. 
La casa de tía Carmela era un chiquero y ella vivía quejándose ‘del servicio’ (de las criadas, pues, como se les decía antes sin la corrección política de hoy), porque eran ellas las que no hacían nada o lo hacían mal, las que no la obedecían... pero el veredicto inapelable y unánime de la sección femenina completa de la familia paterno-autleca de este menda, era: -La Carmela es una fodonga –era.

Explotó Tultepec… ¡el gobierno es el responsable!; alguien del gobierno, debe dar explicaciones, asumir su responsabilidad, pagar por lo sucedido y cargar todo el peso de la ley (seis kilos de libros aproximadamente).  

Ya lo predecía este López: al pelo vienen estas cosas para señalar una vez más, la negligencia de los que manejan la cosa pública, que están en todo, menos en lo que deben, que son corruptos, que no trabajan, que nacieron en maceta porque madre no tienen. No pocos de los que forman parte de la planta alta de la torre de marfil de la comentocracia nacional, en la prensa de ayer, hicieron pinole al gobierno por estos hechos, tal vez con toda la razón o cuando menos, con algo de razón (uno qué va a saber).

Lo peculiar en esta nuestra risueña patria, es que todo es responsable el gobierno, y más que eso: culpable. De todo.

No duda el del teclado que efectivamente, en muchos asuntos, la responsabilidad recae exclusivamente en las autoridades, por ejemplo: modificar a lo mariachi la Constitución y el Código Penal, dificultando en extremo la detención de delincuentes que sí son delincuentes, en nombre de los derechos humanos y el debido proceso (debido y novísimo); abriendo al mismo tiempo de par en par, la puerta de salida de las prisiones a reincidentes y muy peligrosos delincuentes contumaces, probadamente culpables, que se sabe seguirán dañando gente: eso  es responsabilidad únicamente de nuestros gobernantes; igual que de la impunidad que se regalan entre ellos para vivir su vida loca de lujos y excesos propios de lo que son: arribistas y trepadores; sin temor a  consecuencias, pues el manto protector del poder es mucho más resistente que la cortina de hierro de la que hablaba Churchill (aplican restricciones; ver asunto de Veracruz, como caso práctico).

También son responsabilidad del gobierno pifias como el abandono del campo, el deterioro de la educación básica que debe impartir, y algunas otras cosas muy serias que imperceptiblemente fueron cambiando el rumbo del país hasta llevarlo a lo que hoy es: una colonia autogobernada (colonia de los EUA, territorio abierto al capital global); sin dejar de mencionar otras tan graves como la inseguridad pública, la guerra idiota en que estamos, su corrosiva permisividad con las centrales obreras más malolientes y el obsceno festín financiero que son el Fobaproa -hoy Ipab-, la administración privada de los fondos de retiro, la extraña evaporación de reservas técnicas de instituciones sociales poniendo en riesgo sistemas de pensiones y seguridad social.

De acuerdo, el gobierno está pringado, pero de eso a que sea responsable de todo, hay un océano de diferencia.

El que da llantazo en un bache, masculla: ‘¡…che gobierno!’; la basura en la calle: ‘¡…che gobierno!’; las fachadas grafiteadas: ‘¡…che gobierno!’; la contaminación, lo mismo: ‘¡…che gobierno!’ Sin reparar en que las pavimentaciones las hacen mal  empresarios privados que seguramente sobornaron a algún funcionario (delo por descontado), para que diera por bueno lo que estaba mal de origen, pero el responsable estelar de nuestras calles llenas de agujeros es el contratista mal hecho. Sin asumirnos responsables todos de la basura que hay en las calles y tapa nuestros drenajes (a menos que piense usted que los funcionarios salen por las noches a tirar papeles, botellas vacías, chicles y latas de refresco). Sin aceptar que los grafitis los hacen personas ajenas al gobierno y que contaminamos entre todos. Y por cierto: la corrupción gubernamental sería imposible sin los corruptores privados: para aplaudir se necesitan dos manos.

Pero, igual: la tragedia de Tultepec es responsabilidad del gobierno según ‘analistas’ y ‘especialistas’ en pirotecnia que de repente brotaron en alguna prensa nacional (que también tiene especialistas en epidemiología, telecomunicaciones, finanzas internacionales, seguridad nuclear, guerra bacteriológica, aceleración de partículas y lo que se ofrezca), porque eso vende bien: hemos hecho deporte el atacar a los gobernantes, cuando sí y cuando no hay razón.

Lo de Tultepec, no lo de esta semana, sino lo de años de tragedias y accidentes en ‘la cuna de la pólvora en México’, es responsabilidad de quienes se dedican a eso. Sin duda el gobierno interviene y fija normas, inspecciona y supervisa, pero los que saben que manejan pólvora, supone uno que saben que se juegan la vida propia -y la ajena también- y sería de suponerse que ellos son los más interesados en no volar por los aires, en vigilar -ellos mismos-, que los compradores no entren a su mercado llevando encendedor, cerillos, ropa de poliéster ni suelas de hule (que se cargan de electricidad estática y de repente… una chispita y ¡a volar!); que las instalaciones eléctricas sean adecuadas… en fin: supone uno que les interesa seguir vivos. Se supone.

Pero no. Los mexicanos consideramos que el gobierno es responsable de todo y que de todo lo que salga de regular a mal, tiene la culpa el gobierno, aunque siempre que se pueda, no obedecemos leyes ni normas.

Somos especialistas en ser inocentes, en no asumir la responsabilidad ni la culpa de nada, sin recapacitar en que eso configura una sociedad de irresponsables, de menores de edad: el gobierno debe impedir que la gente consuma todo lo que dañe la salud (alcohol, drogas, tabaco, papas fritas, refrescos… sal); el gobierno debe vigilar el peso de los niños; el gobierno tiene obligación de atajar la violencia intrafamiliar; el gobierno debe normar los piropos… actuamos como niñitos que necesitan y merecen, los cuidados de papá, de papá gobierno.

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