miércoles, 28 de diciembre de 2016

8446. ¡ADIÓS PRI!

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡Adiós PRI!
Como al ‘Tigre de Santa Julia’, aviesamente, con premeditación y alevosía, el gobierno federal esperó el periodo más propicio, en que el respetable se encuentra inerme, indefenso, apenas recuperándose de la cruda navideña, juntando ánimos -y centavos- para celebrar el arribo del año nuevo (urge que éste termine, ¡ya!), para soltarnos la noticia de que estrenamos 2017 con gasolinas y diesel más caros, pero en serio más caros, por ahí del 17% en promedio (para ratificar lo que los priístas en la campaña presidencial tanto nos dijeron: ellos sí saben cómo hacerle)… y nos la hicieron, sin piedad, dejándonos a los del peladaje con las cejas alzadas y los ojos muy abiertos -hasta sacarnos lagrimitas-, porque no sólo suben eso los combustibles, sino que vuelven a subir el 4 de febrero, el 11 de febrero y a partir del 18 de febrero, va a variar… ¡diario! (sólo será fijo el precio de sábado a lunes… misterios de la economía).

Según el diario Excelsior, José Antonio González Anaya, director general de Pemex (ya le podían cambiar de nombre; por ejemplo: Penex), sostuvo que ‘(…) la liberación de los costos de las gasolinas representa un importante esfuerzo por lograr la desvinculación que éstos tienen con las finanzas públicas, lo cual obedece a un tema de homologación de criterios internacionales’. ¿Perdón?... ¿dijo ‘liberación de precios’?, si lo que están haciendo es fijar arbitrariamente un alza de precios (por más explicaciones guangas que den).

Ese encanto de señor tan agradable, dijo en una entrevista radiofónica (parece que en radio Fórmula), que: “A lo que estamos llegando, es completamente a divorciar el precio del petróleo de cualquier otra consideración que se tenga de las finanzas públicas o de otro tipo, los impuestos van a ser fijos y si el precio de la gasolina sube, subirá en México y si baja, también bajará. Es como ocurre en otros países del mundo, esto ocurre cuando separamos las consideraciones de finanzas públicas o de política del precio”.

Si lo dijo en serio don González, es tonto, pero como no es tonto, alguien le dijo que nosotros somos sus babosos… ¿divorciar el precio del petróleo de las finanzas públicas?... ¿pues qué se lo piensan robar?: es del país y su producto es para el erario, don Gonzalitos, y este incremento forzado es para generar ingresos a Hacienda, punto. Y por otro lado: ¿qué si el precio de referencia de la gasolina baja o sube, acá igual?... el solo planteamiento es imbécil, porque si nosotros produjéramos nuestra gasolina con nuestro petróleo, nos debiera importar un pito el precio de las gasolinas en Texas (Houston), que es el referente que usa el gobierno.  Además: ¿por qué compramos la mitad de los combustibles que usamos?... ¿por qué dejamos de producirlos?... ¿por qué se abandonaron las refinerías?... nada cuadra, todo es mentira.

La liberación de precio de los combustibles estaba prevista para el año 2018. El Ejecutivo federal propuso adelantarla para el 2017 y el Congreso lo aprobó así en la Ley de Ingresos para el próximo año. Los diputados que pueden indignarse son los que votaron en contra (Movimiento Ciudadano, Morena y algunos del PRD, si la memoria no falla al del teclado), pero los del PAN, si tuvieran pudor, no debieran hacer como que les da el soponcio: son los cómplices principales del PRI en todo este enjuague que pavimenta y asegura precios altos a las empresas extranjeras que van a venir a poner sus expendios de gasolina.

Un estudio de Citibanamex, publicado el 20 de diciembre pasado, señala que de no incrementarse el precio al público, el gobierno federal tendría que desembolsar (subsidiar), 145 mil millones de pesos que es una cifra de niños en el recreo, para un país con un presupuesto nacional de casi 5 billones de pesos anuales (nada más dejando de malgastar se ahorran eso y más, sin la menor duda).

Como sea: palo dado ni Dios lo quita.

Pero no se ponga trágico: a fin de cuentas, peores hemos aguantado. Como sea, pero sobreviviremos a esto. Ya nos mantuvimos a flote con una inflación del 159.17% en 1987 (tiempos de Miguel de la Madrid); hemos resistido la devaluación constante del peso (en el año 2000 el dólar estaba a 9.57 pesos, ahora cerramos el 2016 arriba de $20.00 que es casi el 109% más caro… y ya ve: lo que el viento a Juárez); el índice nacional de precios al consumidor, que refleja el precio de ‘la canasta fija de bienes y servicios representativa del consumo de los hogares’ (dice el Banco de México),  en el 2000, era de $64.30… hoy es $121.95 que es casi el 90% más (más caro, sin que los salarios se hayan duplicado).

Le digo: no se asuste, no le vaya a hacer daño. Es mucho país para que piense que se va a desmoronar… nada más una condición: ya fíjese por quién vota; ya no le rinda honores al dinero mal habido. Ya no le haga caravanas al poderoso de turno.

Nuestros políticos reflejan lo que somos y si así no nos gustan, entonces vamos reflexionando todos en que todos tenemos la responsabilidad de hacer las cosas bien, no tolerarnos corruptelitas, ni trampitas a la ley: todos en nuestras casas, derechitos; en nuestro trabajo; en la escuela, en la calle y en la colonia.

Queremos que nos respeten nuestros gobernantes. Bueno, vamos empezando por respetarnos nosotros: ni un acarreado más en un mitin, total, una torta y un refresco -al tiempo-, no nos resuelven la vida, una camiseta y una gorra no nos equilibran el gasto. Son lo que son, porque somos como somos. Que se queden solos en sus campañas: que no tengan ya de comparsa a toda la población, porque eso somos, aunque gritemos nuestro descontento: sus comparsas.

Si la reforma energética es la tumba en que reposarán los restos políticos de Peña Nieto y compañía, este anuncio de abrupto incremento de precios a los combustibles, es la fecha de su acta de defunción (política). Adelantaron la fecha al 2017 por consideraciones políticas y no calcularon que les puede costar perder el Estado de México y entonces sí… por obra y gracia de san Enrique, ¡adiós PRI!

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