viernes, 30 de diciembre de 2016

8451. LA LECHE Y LA VACA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

La leche y la vaca.
Si usted afirma que no dice mentiras, está mintiendo: es verdad universal sin excepción conocida, que en este planeta todos decimos mentiras, lo que no significa que todos seamos unos mentirosos de tomo y lomo, que con la edad va uno entendiendo que hay situaciones en las que mentir es ocioso, inútil o dañino (aunque también otras, en las que es obligatorio: ni modo de soltarle a la orgullosa mamá que su bebito parece sapo, hay que mentir, de preferencia lo menos que se pueda: -¡Qué simpático nene! -sirve; o: -¡Qué sonrisota tiene este angelito! -y sale uno del paso sin faltar a la caridad); y también se aprende que en cosas serias, lo mejor es decir la verdad y aguantar lo que venga.

Hay otra cosa útil que enseña la vida: cuándo dejarse engañar y si no tanto, cuando es conveniente hacer como que no se da uno cuenta del cuento.

Ayer, en una entrevista por radio, el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, dijo que el incremento en el precio de las gasolinas no va a provocar un incremento general de precios y que no hacerlo hubiera obligado a mayores recortes al gasto público, más deuda o mayores impuestos. Uno, lego en la materia, aunque con recelo, dice: -Amén -¿quién es uno para andar dudando?

El señor Meade tiene fama de ser serio porque es señor serio. Salió a dar la cara y a tratar de aquietar al peladaje, se entiende. También se entiende que él es Secretario de Hacienda desde el  7 de septiembre de 2016, hace apenas tres meses y tres semanas, y que desde los puestos anteriores que tuvo en este sexenio esperpéntico (Cancillería y Sedesol), no tuvo nada que ver con la reforma energética, ni la conducción económica nacional, ni el despelote en Pemex, se entiende: él va llegando y se desató el incendio.

En esa entrevista de ayer, explicó, para ‘ponerlo en perspectiva’, que de no incrementar el precio de la gasolina: “(…) hubiéramos tenido que apoyar al precio de la gasolina por el equivalente a la mitad de todo lo que gasta el IMSS en un año (…) casi cuatro veces o cinco el presupuesto de la Universidad”. Dicho por un señor con la justificada fama de inteligente y muy preparado que tiene él, queda uno obligado a volver a aceptar sin reticencias sus afirmaciones.

Y es muy útil que personalmente el Secretario de Hacienda le ponga números al asunto: este año, la mitad del gasto anual del IMSS, son 276,490.5 millones de pesos (una barbaridad de dinero); el presupuesto de la UNAM para este 2016, fue de 39 mil 381 millones 976 mil 365 pesos, así que cinco veces eso, son 196,910 millones de pesos. O sea: don José Antonio, sabe qué está diciendo, la cifra que hubiera tenido que subvencionar el gobierno, si no queríamos que aumentara el precio de las gasolinas, anda entre 200 y 280 mil millones de pesos. Una vez más: aceptado.

Nada más que las explicaciones nos las tendría que dar el presidente Peña Nieto, quien nos dijo que la reforma, su reforma energética, iba a abaratar los combustibles y la energía eléctrica. Que dé la cara.

Nada más que si estamos hablando de un boquete de casi 280 mil millones de pesos, primero Pemex debería traer a México lo que tiene depositado ilegalmente en su tesorería extranjera (434 mil millones de pesos de ingresos, sólo en 2011, según la muestra que pudo revisar la Auditoría Superior de la Federación (ASF). Le repito: 434 mil millones de pesos, que no ingresaron al erario, al país, al bolsillo nacional. Ahí usted imagine cuánto más hay acumulado ahora, seis años después (hay quien por eso supone que la ‘quiebra’ de Pemex es a propósito, para justificar la reforma, la entrada de capitales privados).

Nada más que si hay que aumentar el precio para evitar un déficit de 280 mil millones, el gobierno nos tendría que explicar antes, por qué -según la ASF-, en 2013, a 88 personas les condonó 201 mil 18 millones de pesos de impuestos; en 2015 condonó otros 159 mil 620.43 mdp (no encontró el del teclado el dato de 2014); por qué al cierre de enero de 2016, según el Servicio de Administración Tributaria (SAT) hay otros 388 mil millones de pesos de impuestos que ‘no puede recuperar’, además de 123 mil millones de pesos en adeudos de ‘baja factibilidad de cobro’. Y, por cierto, según la ASF, son menos de 40 empresas las que se embolsan el 50% de las condonaciones fiscales. Por qué.

Nada más que si hay que subir el precio a las gasolinas para no tener que subvencionar 280 mil millones de pesos, que nos explique el SAT por qué no logra detener la hemorragia que significa el 3% del PIB de evasión fiscal, que son más de 483 mil millones de pesos anuales; por qué el SAT campanudamente informó en 2014 que el boquete financiero que causan los evasores a través de esquemas de ‘outsourcing’, llegaba a casi 80 mil millones de pesos y tampoco han taponado esa fuga de recursos.

Nada más que el gobierno federal nos tendría que explicar antes de subir el precio a las gasolinas, por qué el presupuesto de egresos federal pasó de cerca de 1 billón 200 mil millones de pesos en el 2000, a cerca de 5 billones en este año, sin que veamos dos y media veces más obras y servicios públicos, ni mejoras ni nada. Algo anda muy mal, señores.

El gobierno federal, con razonadas sinrazones, podrá justificar el incremento a los combustibles, la falta de inversión en infraestructura petrolera y la lógica de los precios sujetos a las condiciones del mercado mundial, pero lo que no va a poder hacer es decirnos la verdad completa: la ineficacia y el malgasto, la corrupción y los privilegios de unos muy pocos, los obligan a prorratear entre toda la población el costo de las indebidas prebendas y la impunidad de quienes saquean al país.

Y no se le olvide, por favor: en la tesorería extranjera de Pemex hay para esto y para más. Si el problema es del tamaño que nos explicó el Secretario de Hacienda, queda claro que no es problema: hay eso y mucho más, pero los dueños del país hoy son dueños también de la política y del gobierno… y esos quieren el banquito, la cubeta, la leche y la vaca.

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