lunes, 2 de enero de 2017

8460. POLÍTICA DEL AVESTRUZ.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Política del avestruz.
A empujones, con bufidos y como se pudo, pero llegamos al 2017. A primera vista, con todo y ‘gasolinazo’, no se alteró el ambiente general de paz social del país, lo cual puede deberse a que el gobierno nos importa un pito a los mexicanos (y el ‘gasolinazo’ es nada más otra pinta al tigre que aceptamos con rabia atenuada por la resignación); o a que haya un amplio sector  conforme -no a gusto, conforme-, con el estado que guarda el país (con el ‘gasolinazo’ como prueba de conformismo colectivo).

Dirá alguno que es falso eso de que hay un ‘ambiente general de paz social’, pero lo cierto es que las cosas de la vida diaria de la mayoría de la población discurren por la normal rutina cotidiana (que lamentablemente incluye en algunas regiones, cuidarse de la delincuencia organizada). Por lo pronto, en México no vivimos en un Estado policial, no hay que preocuparse por salir a la calle sin un documento oficial de identificación, ni nadie vive con miedo a la ‘policía secreta’ (que sí hubo -y no hace tanto-, pero ¡bendito sea Dios!, ya no), que se encargaba de detectar y desaparecer disidentes políticos.

Esta generación está acostumbrada a eso y ni nos damos cuenta: en México hay libertad y democracia (al menos en ese sentido: no se nos limitan derechos constitucionales para salvaguardar al régimen). No es poco aunque no sea suficiente.

En México, no se puede tapar el Sol con un dedo, en algunas regiones se está en guerra contra la delincuencia organizada, pero aún así, en la inmensa mayoría del territorio, hay paz, aunque sea el país de las marchas.

Sin contar ninguna de las muchísimas marchas de protesta en los estados, en 2015, solo en la capital del país hubo 7 mil 420 (recuento de la Secretaría de Seguridad Pública de la CdMx), más de 20 al día, pero este enorme número permite afirmar por un lado, que el gobierno dejó hace mucho de controlarnos policiacamente y por el otro, permite sospechar que a la gente, a la mayoría de la gente, realmente le importan un pito los motivos de los marchistas y manifestantes, porque bastaría una por semana para desbaratar al gobierno, a condición, claro, de que esa marcha o manifestación reflejara el real interés de la mayoría en algo. Cárdenas y el Pejehová se hubieran hospedado en Los Pinos si el gobierno hubiera enfrentado la oposición masiva de la población. No posaron sus democráticos traseros en ‘La Silla’ presidencial porque a la inmensa mayoría no le dio la gana.

En tiempos de López Portillo, era secretario de Gobernación Jesús Reyes Heroles, quien alertó al Presidente y al PRI, que o se hacían cambios estructurales a la política en México o estallaba el régimen, porque tenía claro que había una  tensión social creciente, un descontento inmenso, y las aguas nacionales estaban como para chocolate. A los priístas que se oponían al cambio por temor a la oposición, les dijo aquello de que: lo que se opone, resiste; lo que resiste, apoya.

De eso salió la vital Reforma Política de 1977, la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procedimientos Electorales, el Colegio Electoral (antecedente del IFE, hoy INE), los legisladores plurinominales (para dar representación política legal aún a los que perdieran elecciones pero significaran algo socialmente); la ley de amnistía para los grupos guerrilleros -Movimiento de Acción Revolucionaria; Liga Comunista 23 de Septiembre; Partido de los Pobres-; el reconocimiento de las organizaciones políticas prohibidas, como como el Partido Comunista Mexicano; los tiempos oficiales gratuitos en radio y televisión para la promoción de todas las ideologías políticas.

Las iniciativas promovidas gracias a la visión política de don Jesús  Reyes Heroles no solo evitaron el estallido sino que iniciaron el camino que en 2000 permitió la entrega pacífica del poder presidencial a un partido distinto al PRI (sin gritos ni sombrerazos). No es poco.

Ahora, en este año 2017, sería muy bueno que yendo por el ‘green’ del campo de golf, de un hoyo al otro, alguien le explique los periódicos y las notas informativas al Presidente de la república: el palo ya no está para cucharas y habiendo paz como la hay, debe entender que han estirado mucho la liga: esto puede estar al borde… y todo tiene límite. Hasta el acero se vence.

Le comento todo lo anterior porque el Presidente de la república evidentemente no sabe dónde está parado. Si lo supiera, no hubiera mandado su mensaje por el inicio de año, vía el ‘blog’ de Presidencia de la república, diciendo cosas como: “Ha sido un año en el que millones de mexicanos han empezado a construir su propia historia de éxito (…) ha habido retos difíciles, y en ellos, hemos detectado oportunidades (…) en la búsqueda de un mejor México, participamos todos”; llamándonos a “no perder de vista eso que nos mueve, vivir este año al máximo. Amar, aprender y compartir sin limitantes”.

Señor Presidente: le agradecemos sus buenos deseos, pero por el amor del dios en que crea, ¡tome contacto con la realidad! El país no ha enfrentado ‘retos difíciles’ sino tragedias y a eso no se le llama ‘oportunidades’. Su gobierno es atacado por todos los flancos. El año 2016 fue terrible para la mayoría, creció la pobreza, la desilusión se transformó ya en ira popular, los exgobernadores, hoy presuntos delincuentes, han hecho rabiar al más templado, los gobernadores malandrines siguen en su vida de lujos y desprecio por la población; no es creíble que nos pida ‘vivir este año al máximo’: el gasolinazo puede ser la gota que derrame el vaso… su mensaje no puede ser “amar, aprender y compartir sin limitantes”.

No queremos que siga mal y termine peor su sexenio, a nadie nos conviene, pero por favor (que alguien le platique de Chamberlain y Churchill), ya deje de creer que hay que aparentar que todo va bien, que si no habla del Coco, se va el Coco: háblenos derecho y llame a las cosas por su nombre, dé un golpe de timón, no evada los temas que están en boca de todo el país, ya deje la política del avestruz.

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