miércoles, 4 de enero de 2017

8473. CACA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Caca.
Tía Conchita nació llena de virtudes y cocinando era mejor que la Santísima Trinidad. Entre las muchas delicadezas para el paladar que preparaba tía Conchita, sus albóndigas al chipotle eran leyenda (algo les ponía y no decía qué). Un solo defecto tenía tía Conchita: su marido, tío Ernesto, que no era malo, pero era un viejo sangrón que, estando casado con esa santa, se quejaba de todo y para coraje de la familia entera, tía Conchita en todo le daba la razón y vivía llorosa, pidiéndole que la disculpara… hasta que un domingo, con mesa llena, comiendo todos esas sus albóndigas de epifanía, tío Ernesto dijo: -Pues, no te quedaron tan buenas –y la santa tía Conchita, muy modosita, se levantó, tomó la olla de barro y en lugar de ir a la cocina sollozando, se la reventó en la cabeza y ahí se acabó ese largo matrimonio. Todo tiene límite, en este caso: las albóndigas.

El gobierno sabe que lo habitual es que la indignación popular se confine a grupos y organizaciones que no son mayoría y todo quede en agua de borrajas, en el olvido más pronto que tarde, o en la memoria colectiva (pero sin efectos dañinos a sus intereses que lamentar). De nuestra historia reciente, por ejemplo, el ¡2 de octubre no se olvida!, aunque los otros 364 días del año nadie lo recuerde. Algo parecido más para acá, pasó con el EZLN y está pasando con los 43: ¡vivos se los llevaron, vivos los queremos!, pero la verdad es que a 120 millones de tenochcas el tema los hace cambiar de canal en la tele.

Sí, el gobierno sabe que el cabreo colectivo es, lo más, un benigno sarpullido en su gruesa piel, insensible a todo reclamo, a toda tragedia (nomás acuérdese de los bebés que murieron quemados en la Guardería ABC, sin que los verdaderos responsables hayan respondido por tamaño crimen).

Si bien es cierto que esta es la tierra del ‘no pasa nada’, también lo es que de vez en cuando, suceden cosas que nadie del alto poder suponía posibles y lo han noqueado, varias veces. Unos ejemplos a volapié:

Ningún porfirista en su sano juicio daba un cacahuate por el dandy chaparrito, ese Panchito Madero… y ya ven.

Los correosos revolucionarios que olían a pólvora y no se asustaban con nada, sabedores que las leyes de Reforma tenían 70 años de existir sin que el peladaje alzara una ceja, vieron fácil implantar su efectivo cumplimiento y se despertaron con la Guerra Cristera en los aparejos y tres años después, con 18 estados incendiados, 250 mil muertos después, 250 mil desplazados después, tuvieron que pactar a escondidas con los obispos, para regresar todo a donde estaba… pero, ¿qué necesidad?

Parecido caso el de Díaz Ordaz, que se limpió el extremo inferior de su sistema digestivo con un pliego petitorio estudiantil ingenuo -casi bobo-, sin saber que era su pase al basurero de la historia (justo o injusto, ahí reposa su figura pública: en la parte más inmunda). Y lo mismo al triunfal salinismo, que jamás supusieron los del ‘equipo compacto’, que terminarían inscritos en los capítulos malolientes de los episodios nacionales.

Don Miguel de la Madrid no imaginó que su tibia respuesta ante la tragedia de los sismos de 1985 le iba a costar para siempre al PRI perder el gobierno de la capital del país, ciudad en la que no existen como organización política. Cero, a la fecha, 31 años después.

Si algo tiene caliente a la gente hoy, no es tanto el incremento al precio de gasolinas y diesel, sino la burla.

No se cansaron de pregonar que la reforma energética nos pondría en los dinteles de la Gloria, sino que aseguraron que jamás volvería a haber ‘gasolinazos’; y no solamente eso, sino que en la Ley de Ingresos que aprobó el Congreso para este año, no se autorizó de ninguna manera un incremento de precios (y menos uno de esta proporción sin que nadie presente cuentas claras).

En lo que aprobaron los diputados se habla de ‘liberalizar’ el precio (si tiene tiempo y nada mejor que hacer, lea la ‘Iniciativa de Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal de 2017’; el ‘capítulo IV. Otras Medidas’, de la página XXXI a la LIII), donde se engañó a los diputados federales, diciendo que esa ‘liberalización’ conseguiría que “de esta manera puedan reflejar más rápidamente esos menores costos”, así dice: menores costos; aparte de que ‘liberalizar’ no es de ninguna manera sinónimo de incremento de precios… y Pemex vende más barata la gasolina mexicana en los EUA.

Sí, se pasaron de la raya: con redacción cuidadamente mentirosa le sacaron al Congreso autorización para que la Secretaría de Hacienda fijara precios máximos a gasolinas y diesel (para que no batalle: página 75, artículo transitorio Décimo Segundo, “Fracción I. La Comisión Reguladora de Energía, tomando en cuenta la opinión que emita la Comisión Federal de Competencia Económica, establecerá el calendario para que durante los años de 2017 y 2018 los precios al público se determinen bajo condiciones de mercado”; y “Fracción II. (…) la Secretaría de Hacienda y Crédito Público establecerá los precios máximos al público de las gasolinas y el diésel)… ¡y gasolinazo!

Ayer las protestas ya se presentaron (por más que Televisa insista en que fueron solo centenares de personas), en varios puntos de la capital del país, en Aguascalientes, Baja California, Campeche, Coahuila, Colima, Chiapas, Durango, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Puebla, Oaxaca, Querétaro, Quintana Roo, Sinaloa, Sonora, San Luis Potosí, Tamaulipas, Tabasco, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán, Zacatecas…y otras, en 31 entidades, para acabar pronto.

Se les está saliendo de control confiando en que la gasolina no tenga el mismo efecto que las albóndigas de tía Conchita. Allá ellos.

La gente no sabe detalles o está al tanto de los extraños manejos financieros de Pemex y su tesorería extranjera; uno no sabe cómo se calculan los costos de transporte; pero la gente no es tonta, se sabe engañada y entiende que cuando algo -perdone usted- parece caca y huele a caca, es caca… y esto es una cazuela de caca.

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