viernes, 13 de enero de 2017

8507. ¡HEY FAMILIA!

Rafael Ceja Alfaro.
Docente, escritor y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

¡DANZON DEDICADO AL AÑO NUEVO Y MESES QUE LO ACOMPAÑAN!

Pues ya se fue el espíritu navideño con todo y sus campanitas, jingles y Jo, Jo, Jos. De vez en cuando entre tanta música navideña se escuchaban algunas rancheras, cumbias y a veces algún danzón.

El primer día del año, ya como a las 8:30 de la noche, muy cansado decidí ponerme a escuchar música. Serví un generoso desestresante y busqué en el YouTube, en días pasados escuché a David Zaizar y a Amalia Mendoza, pasé por alto los pasos dobles y otros géneros musicales y se me antojó disfrutar de un danzón. ¡Pá pronto! En cuanto puse “danzones” que aparece El Campeón Carlos Campos y a darle.

Mientras escuchaba las cadenciosas notas, me di una paseada por los recuerdos (Nomas los recuerdos quedan) de aquellas populares posadas que se hacían por la calle Jesús Carranza, en el tramo de López Rayón a Eleuterio González. Verdaderas posadas que después de la pastorela todo el mundo a bailar con “Los Pájaros locos” de don Rogelio Cervantes que tocaban danzones y música de todos los géneros.

También vinieron a mi mente “Las tertulias” del Club Social, en la esquina de A. Nervo y Morelos, arriba de la mueblería de los hermanos Pérez Ruiz, ahí donde ahora está Bancomer. Bailazos de 5 a 10 pm. Puntuales, muy respetuosos de las leyes. Muchas y muy buenas orquestas amenizaban esas tardeadas, entre las que recuerdo, la Siboney de Yurecuaro, la Colorado Naranjo de Colima, la de Ingeniería de Tránsito de Morelia y las que venían de la Ciudad de México.

Era música para bailar, pero su romanticismo culminaba en delicia, y cuando las mejillas se unían forzadas  por un ardiente abrazo provocado por el vaivén  y la cercanía de los cuerpos, despertaba la aspiración del suave perfume que emanaba del joven cuerpo de la bella pareja, conocida en esa tertulia y que quizá nunca más se volverían a encontrar. El destino trabaja sin descanso sin importarle los acuerdos que muchas veces las miradas concertaban. Amor de un día.

El Club Social era atendido por un amigazo, Bulmaro Peña en la barra y un mesero que yo recuerdo, Jesús “El Sahuayo” (Nunca supe su apellido). Durante la semana “los socios” asistían a tomarse la copa, una pá cenar, también jugaban “paco”, Dominó y hasta boliche en unas pistas un poco gastadas. Los domingos eran estos bailes con costos que uno podía pagar y más aún en ese tiempo cuando todavía no me tomaba “las primeras” con la pura entrada tenía, mi diversión era el baile.

¡El danzón! Esa música entre festiva y nostálgica ha permitido vivir y escribir anécdotas. Los domingos cuando el glorioso Zamora jugaba de local en el memorable Estadio Moctezuma, era común ver a os jugadores rodeados de fanáticos que querían conocer de cerca y saludar a los jugadores, para luego platicarlo luego a los amigos. Yo llegaba a mi pueblo contando que salude al “Comeuñas Sánchez”, al “Pájaro Barajas” ahora es mi compadre Ramón, y tantos y tantos otros, por ejemplo, al “Pajarito Cortés”  que luego se fue a jugar al América y que nos invitó a un grupo de amigos al partido amistoso que jugaron aquí Zamora Vs América.

Créanme, ahora que esto escribo además de escuchar la música del YouTube, escucho en mi mente las notas del “Juárez no debió de morir, hay de morir”, “Nereidas”, “Cuando toca el cornetín” y ese que tanto me gusta “Teléfono a larga distancia”  por su similitud con “Niño perdido” que no es danzón pero que en ambas las trompetas se “hablan, se comunican”.

La táctica al llegar al baile era buscar la chamaca que más te gustaba, observar si sabía bailar y si no traía pareja de planta. Si te lanzabas tras una cara bonita y unos ojazos pero que bailaba como si anduviera sembrando maíz o frijol, ya te fregaste. Después de checar el movimiento de caderas, ¡Perdón! De pies, pues ¡al ataque, ésta es mía! Y ahora sí, échenme Almendras, Salón México, Rigoletito y los que siguen.

Yo era un “chavalillo” flaco, un poco espigado, con la nuez de Adán más larga que la nariz, zapatos de “suela de llanta” eso sí, bien boleados y bueno pal baile. A veces me tocaban parejas que mientras la orquesta tocaba “María Elena” ellas bailaban “Jesusita en Chihuahua” o “Las bicicletas”. Pues nomás porque era un caballero (sigo siendo) les aguantaba la “pieza” completa. ¡No hombre! Lo que tenía uno que aguantar.

Les he contado que soy de la época del rock pero que nunca fue mi pasión, eran saltos, movimientos y gesticulaciones como si estuvieran drogados, bailando quién sabe con quién, me ha gustado más la música tranquila, sabiendo “lo que traes entre manos”, que te permite hasta calcular el peso, como si condujeras auto deportivo y no camioneta doble rodado. No son explicaciones ofensivas, es para que me entiendan. (Que mal me vi).

Sé que en Zamora hay muchos grupos de danzoneros que la mueven muy bien y la verdad no los frecuento porque ahora soy yo quien parece que ando matando hormigas, con eso de que las neuropatías me hinchan las “neurópatas” me han hecho torpe y el bailes ocupa pies ligeros, aclaro, no ligero de cascos. Pies que sepan llevar el ritmo propio y el de la pareja, justo cuando la orquesta obliga los pasos conectados a la cadencia de la cadera.

Mi temor, actualmente, es que este 2017 nos lleve al baile y con la más fea. Los aumentos de precios, las reacciones por todo el país, las explicaciones políticas sin sentido, el oportunismo de grupos que quieren ver un México en llamas provocando disturbios que afectan a otros ciudadanos y que al gobierno le hacen “lo que el viento a Juárez”, todo esto es un coctel que será muy difícil digerir porque todos “los representantes del pueblo” se declaran inocentes porque argumentan que ellos no lo hicieron, al mismo tiempo que nos dan a entender que son unos estúpidos “dinereros” que tampoco se opusieron a esas medidas porque, obviamente, los “maicearon”. Está bien, el 2017 toca mal, pero nosotros tocamos peor llenando de frases alarmistas, chistes ridículos y demás expresiones el Facebook, como si con ello arregláramos la situación. La boca debe callar para que el cerebro pueda pensar.

Si pusiéramos mayor atención en lo verdaderamente importante que sucede en nuestro entorno y las consecuencias que “el ahí se va” pueden traer y de hecho, traen, no tendríamos que bailar danzas macabras.

Pero en fin, no lo bailo pero si  disfruto del danzón escuchándolo con buenas orquestas, con marimbas y hasta con aquel gracioso grupo llamado Los Xochimilcas, melenudos antecesores de Los Beatles.

Por hoy hasta aquí.

Saludos cariñosos para Toda mi Familia y para Todos mis amigos.

Rafael Ceja Alfaro.

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