martes, 17 de enero de 2017

8530. DESPUÉS DE LA TEMPESTAD…

Rafael Ceja Alfaro.
Docente, escritor y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

En las épocas en que debió expresarse esta sentencia popular, supongo que hasta el clima tenía palabra de honor, ahora como dice Clavillazo “La cosa es calmada” y “Ya todo es diferente porque ya  nada es igual” (Cantinflas). Ahora debemos estar muy pendientes de los sucesos para ser asertivos, como lo es el Filósofo de Güemes que se atrevió a decir: “Hoy puede ser que llueva mucho, que llueva poco o que no llueva nada”

A propósito de error y acierto, recuerdo que leí en la novela “La Isla de la Pasión” de la escritora colombiana Laura Restrepo, la manera tan realista en que narra cómo los fuertes vientos, acompañados de lluvias torrenciales (A cantaros) del ciclón que azotó esa Isla cuando allá por los años de 1916, aproximadamente, y que sufrieron el Capitán Arnaud, su familia y su tropa.

En esa narrativa, la novelista nos cuenta como se preparan ante la inminente amenaza, luego como fueron testigos y víctimas de los destrozos ocasionados, incluyendo las palmeras  que ellos mismos habían plantado y cuidado con tanto esmero. El ruido provocado por los fuertes vientos era ensordecedor, el golpeteo de las altas olas al estrellarse en el atolón provocaba el pánico y las plegarias al elevarse al cielo también parecían ser sacudidas como impidiéndoles llegar a su destino divino.

De pronto la Isla se envuelve en un silencio total, absoluto, como si no hubiera frecuencias en el espacio para permitir el sonido de las palabras. No se oye ni se ve el mar a escasos metros, las blancas espumas de sus amenazantes olas parecen haberse perdido en la nada. Reina el desconcierto entre los pocos habitantes de esa isla aun propiedad  del territorio mexicano.

Así como se fue el sonido, como se iba en aquel Cine Parroquial de mi pueblo, por una falla técnica o humana y que provocaba el “no te duermas cácaro”, de la misma manera. Pero ya regresó el sonido y las pavorosas imágenes. ¿Qué pasó? Si el refrán claramente lo dice “Después de la tempestad viene la calma” ¿Qué falló?

Nos cuenta la escritora Laura que ese momento callado como tumba, es precisamente el llamado “Ojo del huracán”. Esa sensación de que “Ya todo pasó” es incluso peligrosa  porque surge el exceso de confianza de que “ya llegó la calma” y todo aquello  por lo que se trabajó y se luchó, se acaba.

En los tiempos actuales, a un siglo de aquellos hechos, se nos han venido encima tempestades cargadas de diluvios, rayos, truenos y centellas, saqueos, engaños, robos, asaltos, corrupción, inseguridad, fraudes, con decirles que la cajita de Pandora resulta menos molesta que una espinilla comparada con la “Cajita feliz” surtida de malévolas acciones y salpicada de diferentes y siniestras mentalidades e incluso hasta de diferentes idiomas y razas.

Que español, que inglés, que morenos que van de paso, centroamericanos y hasta un ruso de apellido alburero. El español revuelto con el indígena rebasa cualquier tipo de sagacidad, somos listos y audaces, no somos inteligentes. Demostrado está que han sido años de saqueo como si el “Cuerno de la Abundancia” fuera eso y como si fuera para siempre “El Niño Dios te escrituró un establo, y los veneros de petróleo… el diablo”. Vemos el fin de la abundancia y el florecer de la ambición, salen unos con bolsas llenas dejando los erarios en la ruina y siguen otros incrementado los impuestos para cargar sus talegas de lo que se puedan llevar.

¿Cuándo empezó la tormenta? ¿En la conquista, en la Guerra de Independencia, en La Revolución, en la Cristiada, con La expropiación petrolera, con la Reforma Agraria? o con la mente sagaz de generaciones nacidas para doblegarnos o con la cómoda y permanente ignorancia que nos permite vivir sin sufrir, que nos dice que roguemos y dejemos en manos de la Divinidad lo que cada uno debemos hacer.

No hay duda acerca de que el mundo anda de cabeza o que la cabeza está en los pies o alguien que nos explique porqué Pemex vende en Texas a $11.00 el litro de gasolina y en México a $16.00. Platicando con mi amigo el Filósofo de Purépiru me participo este Himno que en este momento se escucha ridículo:

Avanza obrero, ¡firme! ¡Adelante!
Tu heroica lucha ya comenzó,
Es tuyo el oro negro que un día
Arrebataste al explotador.
Avanza obrero y no retrocedas
Aunque tu sangre tengas que dar,
Es el petróleo, un gran tesoro,
Un gran tesoro de nuestra nación.

Y sigue este himno que ya es “Atole con el dedo”. También me envió el siguiente corrido:

Corrido de la Colecta.

El martes 12 de abril del año que va corriendo,
A la mujer mexicana hizo un llamado el gobierno.
Todas las mujeres fueron para su contribución.
Para el favor del petróleo por lo de la expropiación.
-¿Vida mía que vas a dar para la indemnización?
-Este relicario de oro, junto con mi corazón.
-Ensíllame mi caballo que voy a la capital.
A llevar 18 pesos pá la deuda nacional.

Es solo una parte del himno como del corrido, si alguien los quiere completos, con gusto se los envió.

Creímos que la tormenta arrancaba con la campaña presidencial del otro lado y estábamos seguros de que el Hitler moderno no ganaría, y ganó. Estábamos seguros que no cumpliría sus amenazas y las está logrando aun sin llegar a su trono. De alguna forma nuestro gobierno participó, colaboró para que fuera cierto el desarrollo de nuestras hemorroides. A dos meses, más o menos, ahí en esas hemorroides nos dejan caer la gasolina, y eso arde.

El panorama es terrible, saldremos adelante como lo hemos hecho muchas veces, ¿Pero debemos ser siempre nosotros, la sociedad quienes tengamos que sacrificarnos y sacar adelante a quienes como zánganos viven de nosotros y como sanguijuelas se hinchan hasta asegurar la última de sus generaciones empobreciendo hasta la última de nuestras generaciones?

Nuestra ingenuidad nos dice que con marchas (marchitas), veladoras, cadenas de oración, “aportaciones inteligentes en el Facebook” resolveremos los problemas. “No consuman coca cola”, ¿Sabrán esos “acertados opinadores” la cantidad de empleos directos que genera en el país esa empresa y lo que significaría el despido masivo de todos ellos?

¿Cuándo vendrá la calma? ¿Estamos entrando al huracán o estamos en su ojo? Al igual que en La Isla de la pasión, nuestras plegarias parecen desaparecer, parecen no ser escuchadas y contrario a la Isla de la pasión, nosotros si podemos hacer algo, algo más que mandar plegarias, será difícil porque nos gusta “la fiesta” “el reventón” y que alguien se haga cargo de nuestras responsabilidades, pero ya es hora de que hagamos lo que nos corresponde. No sabemos cómo andan nuestros hijos en la escuela hasta que nos enteramos que ya están reprobados, hasta que llega el abogado nos damos cuenta que nos excedimos con la tarjeta de crédito, el día último de cada compromiso estamos haciendo fila para evitar recargos. ¿Podríamos hacernos cargo de nosotros mismos? ¿Podríamos dejar de escondernos en el teléfono encubridor y dar la cara a la realidad, a lo que necesita el país, este país que somos nosotros?

Por cierto, un doctor muy amigo mío, decidió hace algunos años formar un comité para rescatar La Isla de la Pasión o de Clipperton, porque como han de saber ustedes, esa Isla era “nuestra” de México pues. Durante la Revolución el gobierno federal se olvidó de la Isla y sus habitantes cuyo trabajo era “juntar” todo el guano que ahí dejaban los pájaros bobos y que le era vendido a las Repúblicas de Francia e Italia, pero que por razones que no han sido dadas a la luz pública, (Así se dice) dejó de pertenecer a México y ahora porta la bandera francesa.

Pues bien mi galeno amigo registró su comité, del cual formé parte, pero en cuanto apareció el acta constitutiva del mencionado comité, le llegó una visita de un brazo del gobierno que le dijo “Tate en paz o ya verás”. Cosas que pasan.

Veremos cómo pasan las cosas que ahora vivimos y veremos cómo salimos, si es que podemos, de este huracán.

Ojalá que no vengan brazos fuertes a hacernos recomendaciones de paz.
Por hoy creo que ya.

Saludos cariñosos para Toda mi Familia y Todos mis Amigos.

Rafael Ceja Alfaro

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