sábado, 21 de enero de 2017

8553. EL NIÑO ASESINO Y LA VIOLENCIA PROGRAMADA.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

El niño asesino y la violencia programada.

Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual.
Martin Luther King. (1929-1968)
Luchador social y pastor espiritual.


La violencia que desencadena el homicidio de un ser humano no se puede medir, el impacto de un ataque armado en el tejido emocional del planeta es inconmensurable. El destino del asesino/suicida es inescrutable, sólo Dios lo conoce, pero sea cual sea, no puede ser sino un internarse del alma en las sombras heladas del abismo de la soledad y el resentimiento, es un alejarse de la presencia de Dios.

Matar a otro ser vivo es el acto más despreciable desde el punto de vista humano, pero en los tiempos que corren la cultura de la muerte irradia desde los centros de poder como una metodología válida que  se aplica en el planeta incluso por gobiernos “democráticos”, siempre en nombre de la libertad.

El desprecio por la vida es el alma de la cultura de la muerte que cada vez se posiciona con más fuerza en el planeta por la complicidad de los gobiernos pro fascistas, sus principales impulsores, y por supuesto, por sus creadores y beneficiarios, Los Señores de la guerra.

La cultura de la muerte se posiciona cada vez más en el marco legal de los pueblos gracias a legisladores sin principios; en nuestro país la aprobación de la eutanasia o muerte digna, o muerte asistida y la legalización del aborto, son acciones contra la vida y contra los derechos humanos de los seres vivos, aún si son sólo un embrión.

El niño/asesino de Monterrey es la respuesta de la sobre exposición a la violencia de los niños y adolescentes. Los niños asesinos, como el asesino de Munich que el año pasado mató a 9 personas e hirió a muchas más, nacen y viven en un clima de violencia que se alimenta por todos los medios; la realidad de esos niños que de pronto estallan en reacciones violentas no es sólo un problema emocional por la falta de autocontrol, es un problema social, es expresión de una realidad violenta que se vive en el hogar, en la escuela y en la calle.

Es una época en la que  la violencia irradia por todos lados y se dirige con especial énfasis a los niños y adolescentes.

Pruebe con los canales de televisión de paga a cualquier hora y deténgase un par de minutos en cada canal, verá al menos una escena violenta (asesinatos, robo a mano armada, violaciones, soldados, armas) por cada minuto y un asesinato cada 30 segundos.

En el cine, las películas más exitosas tienen un alto contenido de violencia. Un ejemplo es la película Suicide Scuad (Escuadrón Suicida), que vieron millones de adolescentes en el mundo.

La más repugnante de las formas de violencia es la que ejerce el Estado contra los ciudadanos, es la violencia institucional que justificó la guerra contra las drogas que comenzó en el sexenio de Felipe Calderón y que Peña Nieto continúa. Otra forma atroz de violencia que se fomenta por el pacto de impunidad son los feminicidios, alimentados además por una cultura machista.

que cada vez más hace Nada justifica un asesinato, el adolescente asesino/suicida del Colegio Americano del Noreste, en Monterrey, Nuevo León, es, además de victimario, víctima de una sociedad violenta de la violencia, el paradigma para solucionar los conflictos sociales o personales. Si a eso se suma la falta de comunicación en el hogar, la ausencia de los padres que tratan de llenar ese vacío con objetos, el clima de hostigamiento en la escuela, se entiende, no se justifican conductas como las de los adolescentes asesinos/suicidas.

La violencia no se acabará con violencia, sino fortaleciendo en los niños y jóvenes el amor y el respeto a la vida en la familia, en la escuela, en las calles. Los principios universales del amor incondicional y el respeto a la vida son la base para fortalecer el espíritu de nuestros hijos ante el bombardeo de los medios que imponen el paradigma de la violencia y la cultura de la muerte.

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