martes, 24 de enero de 2017

8566. CHAPULÍN COLORADO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Chapulín Colorado.
Sabido es que en este nuestro risueño país, hay varias leyes: la escrita (que suele estar bien peinada y arreglada), la del más fuerte (la afamada Ley de Herodes en la que el más débil -económica o políticamente-, pierde o pierde), y una tercera, que es la ‘ley libre’ (sin reglas ni límite de tiempo, cuyo código aplica cierta prensa al hablar de políticos y algunos políticos al hablar de otros de su mismo oficio).

Supuestamente en México, desde el 10 de junio de 2011, al ser reformado el artículo primero de nuestra Constitución, el Estado ya no nos concede ‘garantías’, sino que nos reconoce ‘derechos fundamentales’ (o ‘derechos humanos’, que son lo mismo), lo que significa que no hay manera de que se nos quiten, pues el Estado (el país), reconoce que esos derechos pertenecen a la gente por el solo hecho de ser gente. Bonito.

Una de las gratas consecuencias de eso es que ahora cuando lo acusan de algo, ya no tiene uno que probar su inocencia, sino que quien acusa carga con esa obligación: todo mundo es inocente mientras no le prueben lo contrario… ¿sí?... pues viera que con sus asegunes.

Una de las varias aplicaciones de la ‘ley libre’ (la usan los que pueden, usted no lo intente), es calumniando a voluntad al que les pega la gana (o difamándolo, que no es lo mismo). Esto se le hace habitualmente a gente de fama, artistas, deportistas, líderes sindicales, empresarios y políticos, especialmente a los políticos, con intenciones por determinar en cada caso.

Lamentablemente cuando se trata de políticos, recibe una inmediata difusión la afirmación que sea, por estrambótica que sea, porque la gente anda buscando quién se la pague, aunque no sea quien se la hizo. Ni modo.

Le pongo un ejemplo: una periodista afirma en un libro que ciertos personajes de la política están enredados en un asunto de perversión de menores, allá por los rumbos de Cancun. Hay un señalado directo que es detenido, juzgado y encontrado culpable; de los demás, que son políticos y salieron embarrados, no hay pruebas válidas para un juez, son decires, pero en el ánimo colectivo quedaron pringados hasta las cejas, porque la prensa reprodujo lo que dijo la señora esa, sin quitar ni poner, pero sin matizar tampoco. Así, la buena fama de personajes muy conocidos como Emilio Gamboa y Miguel Ángel Yunes (actual gobernador de Veracruz en su penúltimo año de gobierno), quedó en entredicho  por los siglos de los siglos sin que haya sentencia de ningún tribunal. Se dijo. Punto. Basta.

Otro ejemplo es la acusación (esa sí presentada desde 2013 ante la autoridad), por el ex presidente nacional del PAN, Manuel Espino, quien denunció a Miguel Ángel Yunes por más de tres millones de pesos ilícitamente obtenidos, según él, porque no le cuadraban las cuentas de los ingresos de don Yunes con las propiedades que manifestaba poseer en su declaración de bienes. No hay sentencia, pero para la raza quedó como un ratero, porque la prensa sin mentir, difundió la presentación de la denuncia.

Otro ejemplo, para que vea a las injusticias que se presta esto de andar diciendo las cosas: la sección 32 del SNTE denunció ante la autoridad también, en agosto del año pasado a Miguel Ángel Yunes, por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. No hay sentencia que diga que esos cargos son ciertos, pero la mancha queda y encima, la sospecha de que el señor es intocable, lo que explica que nunca salga culpable, sin conceder ni posibilidad a que sí sea inocente: ‘vox populi, vox diaboli’.

Ahora, fresquecito, está el asunto ese de que encontraron medicamentos falsos en hospitales públicos de Veracruz (estamos en 2017)… ¿y sabe quién es uno de los que señalan como culpables?... el que fue Gobernador hasta diciembre de 2010. O sea: guardaron más de seis años las medicinas con una etiquetita: “medicina ‘pirata’ adquirida por órdenes del C. Gobernador del Estado”… mmm; o sea: si ahorita encuentran una aspirina balín en el IMSS, el ISSSTE o cualquier hospital federal, el que la compró fue o el expresidente Calderón o el presidente Peña Nieto… ¡mmm!

La distancia administrativo-legal entre un Gobernador y la compra de un medicamento es mayor que la que haya entre Saturno y Xalapa. Las compras de medicamentos en todos los Servicios de Salud de los estados, las hacen los secretarios Técnicos, a través de sus comités de compras, asistidos por autoridades federales; el suministro se hace a almacenes estatales, que distribuyen a cada hospital. Los gobernadores no tienen arte ni parte en ese proceso.

Bien puede usted pensar que un gobernador (¡Dios no lo permita!), pueda tener algún interés en que alguien gane una licitación, para afianzar la estimación del proveedor que se trate (nada más por eso), pero ¿imagina usted a un Gobernador aceptando que su amigo va a surtir medicinas falsas a riesgo, no de que se sepa -que ya es lo de menos-, sino de que muera gente?... ¿cómo para qué?, ya bastante buen negocio es recibir el agradecimiento del agraciado proveedor (ninguna otra cosa).

Por supuesto es posible que haya medicamentos ‘piratas’ en circulación en los hospitales, pero ¿sabe cuánto tiempo tarda un médico o una enfermera en darse cuenta?... a golpe de vista. Y si ha pasado o pasa, el sentido común obliga a buscar al responsable en otros lados, no en la oficina del Gobernador de turno, que no tiene ninguna relación con esos asuntos. Ninguna.

Lo que llama la atención de este episodio excéntrico cómico musical (como de los Xochimilcas), es que el denunciante es Miguel Ángel Yunes, que no se va a poder retractar, porque lo ha dicho públicamente y como semejante monstruosidad no la va a poder probar, queda en riesgo de ser denunciado penalmente por calumniador; ¿por qué le trae ganas al exgobernador de hace más de seis años?... misterio. Pero igual le traía ganas a otro exgobernador de su estado, Dante Delgado, al que encarceló un año y tres meses… y salió libre sin que nadie probara nunca su culpabilidad.

¡Ah, que don Yunes!, se le anda olvidando que hay que probar la acusación, aunque, quién sabe en su caso, ya ve que él es teco, fiscal, juez y verdugo, un renacido Chapulín Colorado.

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