jueves, 26 de enero de 2017

8575. ODIO JAROCHO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Odio jarocho.
Miguel Ángel Yunes Linares, en su penúltimo año como gobernador del estado de Veracruz, informó a la opinión pública de todo el país que durante los gobiernos de sus dos antecesores (Fidel Herrera y Javier Duarte), se había cometido el incalificable crimen de comprar medicinas falsas para tratar a niños con cáncer.

Fue el pasado lunes 16 cuando él personalmente dijo en xalapeña conferencia de prensa: “Tenemos ya resultado de un laboratorio que señaló que el medicamento que se administraba a niños, una quimioterapia que se administraba a niños, no era realmente un medicamento, sino que era un compuesto inerte, era agua prácticamente destilada” (‘prácticamente’, o sea: ni agua destilada era, a lo mejor era de la llave). Y agregó: “(…) esto nos parece realmente un pecado brutal, un atentado contra la vida de los niños y se está terminando de analizar y en su momento, se presentan las denuncias”.

Sí don Yunes, si fuera cierto, sería una vileza digna solo del Dr. Mengele, el monstruo aquél que experimentaba con niños en los campos de concentración nazis. ¡Mire usted que ponerles agüita destilada a los niños en lugar de quimioterapia!, abanicándose muy sonriente con los billetes recibidos de su proveedor favorito de ampolletas. Ni Satanás se atreve a tanto.

Don Yunes habló y habló y habló y habló de esto, en televisión, radio y prensa escrita, dueño del escenario, muy en su papel de protector de Veracruz y, quién sabe… tal vez de la patria entera, con tantita suerte. Disfrutó el reflector que ameritó su pública denuncia de algo tan infame y por alguna desconocida razón, en especial ameritó su atención Fidel Herrera, al que parece que trae de encargo; de él dijo: “(…) no podrá argumentar de ninguna manera que no estaba enterado. Era un hecho gravísimo. Los secretarios de Salud acordaban con él y él tendrá que enfrentar la responsabilidad que le resulte”.

O sea que don Yunes se imagina que en sus acuerdos los secretarios de Salud le reportaban al Gobernador cómo iba el suministro de agua destilada en lugar de medicamentos (o que le plantearon hacer ese negocio, a costa de poner en peligro la vida de los niños). No ha nacido un secretario de Salud que se atreva a semejante cosa (y los que son tentones, eso no hacen: ¡hay tanto qué rascar!, sin cargar en la conciencia una vileza de esas proporciones).

Informó don Yunes que el jueves 19 de enero, se presentaron las denuncias penales ‘por la adquisición y uso de fármacos clonados’ (carpeta de investigación FGE/FIM- /F10-/CI/006/-2017), dijo que fue alrededor de las once de la noche y que la acusación señala directamente a Fidel Herrera Beltrán y Javier Duarte de Ochoa, ambos ex gobernadores veracruzanos, así como los titulares y directores administrativos de la Secretaría de Salud estatal, de las respectivas administraciones. ‘Tá bueno.

Lo que no calculó don Yunes es que el único que no le iba a responder es Duarte (como anda escondido, ni modo que salga a negar ese cargo), pero el otro señor, Fidel Herrera, no trae pendientes con la ley ni anda huyendo, ni tiene fama de dejado: brincó de inmediato (ser alegre y prestarle maracas… de veras).

Fidel Herrera no sólo negó la acusación sino que renunció a su cargo de Cónsul de México en Barcelona y aprovechó para aclarar paradas: él no responde por actos ajenos y menos por los de su sucesor (nomás faltaba); y declaró que renunciaba, primero, para venir a defenderse de las “abominables acusaciones”, para hacer política interna (¡ay, nanita!), para aportar documentos que permitan castigar a los que hayan cometido semejante delito… y a los que lo calumniaron. ¡Jesucristo-aplaca-tu-ira!, como decía la abuela Virgen cuando temblaba (don Yunes, ahí le hablan).

Al hacer esas declaraciones desde Barcelona aportó algunos datos de lo que recordaba de la atención de niños con cáncer durante su gobierno (datos precisos… ¡ah, qué don Fidel tan improvisado!), y que tenía presente un caso en 2010 en que una enfermera detectó un medicamento sospechoso. Remató: “Se detectó a tiempo, actuamos a tiempo, lo reportamos a tiempo”.

El caso es que ayer, el secretario federal de Salud, José Narro Robles, confirmó todo lo que declaró el calumniado: a ningún paciente se le aplicó medicamento chafa; el 10 de junio de 2010, personal médico y familiares de una paciente detectaron una ampolleta sospechosa y fue retirado el lote completo (memorándum número RM/Farmacia/197/2010 del Centro de Cancerología). 

Y ayer, reportó El Universal que “el Coordinador de Comunicación Social del Gobierno de Veracruz, Elias Assad no ha dado respuesta a las constantes peticiones de EL UNIVERSAL de entrevista con el secretario de Salud, Arturo Irán Suárez Villa”. ¿Y no buscaron a Yunes?... enmudeció el palenque.

Mire usted: si fueran ciertas las acusaciones de Yunes, también estaría embarrada (muy embarrada) la secretaría federal de Salud. Don Yunes no calculó que esa Secretaría iba a intervenir de inmediato (mandaron una brigada de 12 funcionarios de Salud y de la Cofepris en Xalapa), y rapidito se derrumbó la patraña.

Ahora y por su propio gusto el que está metido en un lío enorme es don Yunes. No puede negar las acusaciones de alto octano que dirigió contra los exgobernadores, con especial dedicatoria a Fidel Herrera. Se zapateó una bamba completa en él y ahora resulta que todo era una inmensa calumnia. ¡Lástima Margarito!

Sí queda claro que hubo un lote de medicina falsa que se detectó de inmediato y a nadie se aplicó ese medicamento. Alguien es responsable y por eso ya están declarando ante la autoridad ex funcionarios de primero y segundo nivel, además de doctores, enfermeras y directores del Centro Estatal de Cancerología; se tiene que aclarar y no es tan difícil dados los controles que existen.

Igual de claro queda que no estaba coludido el cuerpo médico ni los titulares de Salud ni los gobernadores, no, eso es algo que solo puede imaginar alguien con inusitada capacidad para imaginar maldades y que odie a otro con odio jarocho.

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